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Por Natalia Zarco
(Librería Galatea, Cambrils)

Titulo este texto, con permiso de Oscar Hahn, haciendo un guiño confeso y sin pudor a esos misterios gozosos que son las mujeres, albergue todas ellas de insospechados gozos intelectuales y carnales. Aquí me presento pues como mujer y lectora, vocacional esto último al más puro estilo de Teresita de Jesús. Me apresuro a advertir que lo mío con los libros tiene más de ceremonia religiosa que de jornada laboral por lo que a menudo vivo sin vivir en mi y tan ficticia vida espero…
Voy a hablar hoy de mujeres, mi alma al diablo por haber podido pasar una noche con cada una de ellas, una noche para asomarse al abismo y entender el hielo, para acercarse a cada una de sus singulares obras. De siempre me han impresionado mucho los autores suicidas, el argumento infalible para que yo devorase un texto, era que en las cuatro líneas biográficas pusiese cuán inesperado y dramático fue su suicidio, arrebatador de tanta juventud y talento. Un final tan radical no podía ser más que sinónimo de una vida intensa, de un sentir exagerado y violento, de una percepción de la realidad distorsionada por una excesiva sensibilidad… esa es la gente que me impresiona, no los que se suicidan claro, más bien los que arden por dentro y lo dejan ver en todo lo que hacen. Y ese es el argumento esencial para que yo elija una lectura, que un texto sea un impacto del que yo no salga indemne.


Anne Sexton, pese a todo, sonreía en las fotos. Observadla en cualquiera de las fotos que vuelan por la red, podría haber sido portada de Vogue, mira de frente y sonríe, sin embargo todo en ella era tormenta. Ediciones Vitruvio acaba de publicar uno de sus libros más interesantes en español, Vive o muere (Pulitzer de Poesia 1966), para Anne esa fue siempre la pregunta clave: la elección.
Hubiese pasado una noche con la Sexton para hablar de la muerte y contarnos mentiras, el poeta no tiene que contarlo todo, nos dice, se puede mentir, podemos confesarnos ante el mundo y estar mintiendo siempre. Es una de sus herramientas, distorsionar la realidad hasta el punto de dejarla irreconocible y de esa forma poder llegar a la intensidad emocional que hay en ella. La poesía de Anne tiene un inmenso catálogo de imágenes deslumbrantes, cercanas a la psicosis, al mundo absurdo de lo onírico, del inconsciente, de lo sobrenatural, tiene una vertiente terriblemente gótica en algunos de sus textos. La fuerza y la complejidad de los poemas es precisamente que están escritos desde las entrañas, Anne no hace juegos de métrica, no escribe poemas: perpetra poemas. Según ella misma dijo, un libro debería servir como el hacha para el mar helado que hay en nuestro interior. El mar helado que hay en nuestro interior, innavegable, y que finalmente congeló a Anne.
Empezó a escribir mucho antes de que el pensamiento feminista se extendiese, ella no fue nunca consciente de los conceptos que posteriormente reivindicaría el feminismo, pero aún así hay que agradecerle que  abrió las puertas necesarias para que las mujeres pudieran escribir sobre algo más que recetas de cocina, cuidado de niños, labores o trucos domésticos. Anne, bella suicida, habló sin tapujos de fantasmas interiores, de drogas, de masturbación, de aborto, de muerte, de la menstruación, y del miedo…
Pasar una noche al lado de Anne Sexton, para mirar los dedos larguísimos de sus manos, para verla fumar y sostener el cigarrillo como una actriz, para oler el humo del tabaco en su pelo y abrirme de brazos y piernas contra la pared y pedirle que me lance un poema como quien lanza un cuchillo.  (Vive o muere. A.Sexton. Ediciones Vitruvio. Premio Pulitzer de Poesia 1966).


Unica Zürn, o la pasión por lo extraordinario. Pasar una noche con Unica, su larga melena y su mirada dispersa. Pasar una noche con Unica y no tener miedo. Leyendo Primavera sombría, publicada en Siruela, se puede sentir cierto pavor a la hora de tener que pasar una noche con una mujer como Unica. Miedo pues dentro de ella había más de una mujer: sus crisis esquizofrénicas, sus frecuentes estancias en centros psiquiátricos, su vida compleja, la convierten en una voz que atruena por su sinceridad brutal, por su desgarrador testimonio y por la angustia que transmiten sus escritos. Pasar una noche con Unica para escucharla y que me cuente qué andaba buscando en todos esos pozos en los que se metió, huyendo de un tedio infinito de esta vida que la ahogaba a cada minuto. Se movió en los círculos de las vanguardias donde se relacionó con Michaux, Man Ray y Max Ernst entre otros. Fue amante de Hans Bellmer en una relación sadomasoquista y difícil como todo en su biografía y eso es exactamente lo que podemos percibir, con verdadero estupor, en Primavera sombría. El texto no da tregua al lector, no tiene piedad con él. El tono de confesión íntima, de diario privado, de confidencia inconfesable nos deja absolutamente al margen de la historia como quien, sin querer, escucha una conversación ajena de tono violentamente obsceno…
La protagonista de Primavera sombría nos retrata a Unica, cada capítulo tiene que ver con la vida de su autora, la importancia de la figura del padre, por ejemplo, ausente, generador de extrañeza, deseo y preguntas que no tienen respuesta. Ese estado en el que la niña del relato se encuentra, ese mar de fantasmas, esa confusa forma de entender el amor y el sexo, ese ansia de placer, incluso tiene una experiencia sexual con un perro, y esa búsqueda insaciable de algo extraordinario, algo que la arrastre, que sea luminoso… son prácticamente una autobiografía, y en ambos casos, autora y personaje, esa expectativa se da de bruces con una realidad que no tiene nada que ofrecerles.
El drama principal ocurre cuando la protagonista se enamora de un hombre mayor al que ve en unos baños y convierte ese amor arrebatado y exagerado en un caudal que la desborda absolutamente. Hay una imagen preciosa, en la que él le regala una fotografía suya, para ella se convierte en un tesoro o talismán casi de poderes sobrenaturales, ante el terror de que pudiera caer en manos de los demás, esto es mezclarse con la realidad que tanto la asquea, decide hacerla trocitos y comérselos, en una especie de ceremonia inventada a través de la cual la chica se hace uno con su amado. El relato termina con el suicidio de la protagonista,  igual que termina la vida de su autora poco tiempo después de escribirlo… y es que dentro de Unica Zürn hubo siempre más de una mujer y nunca, nunca hubo paz. (Primavera sombría, Unica Zürn. Siruela).


Natalia Manzano, la chica que regalaba piezas de rompecabezas, que aparentemente no encajaban entre sí… esa sería una buena definición de su libro APNEA. Método de inmersión, publicado por El Gaviero.
Pasar una noche con Natalia sin respirar, para bucearla y comer de su pulpa… para hacer con ella un rompecabezas cuyas piezas no encajen. De ese mismo modo se construye Apnea, como un rompecabezas de imágenes sorprendentes que se suceden sin chirriar. Aparentemente un libro poético, aparentemente un puñado de textos independientes, como la construcción cubista de una novela, va separando con bisturí preciso cada una de las sensaciones, cada uno de los personajes, aislándolos entre sí, aparentemente claro, para interconectarlos después con una sutil cinta casi onírica. Natalia nos cuenta un cuento cuyos personajes apenas se tocan ni se miran ni se cruzan, pero se lanzan frases como ésta: …eres una descarga eléctrica de alta tensión, deberías estar ahí fuera cauterizando esta ciudad…
Pasar una noche con Natalia para leer sus mentiras, hace un rato que miento, graffiteadas en un muro…
No se puede clasificar Apnea dentro de ningún género literario, es un texto experimental, conciso, es un método de inmersión pero en la literatura, en los recursos del lenguaje literario, como juego y evocación.
Umbra, Onda y Moira. Las tres desfilan por las páginas de Apnea casi de puntillas, casi transparentes, las conocemos por una serie de instantáneas intercaladas como una baraja de arcanos en los que se van sucediendo fragmentos de muy diversa índole, diferentes idiomas, diferentes registros narrativos, prosa, poesía, sms a un móvil Nokia…
Umbra, sin respirar, apnea. A Umbra se le había caído la risa entre la estantería y la pared, y no encontraba el momento de ir a buscarla… Moira, hiperventilación, exceso de oxígeno. Moira pertenecía a una casualidad de proporciones mínimas… Onda, dificultad para respirar, disnea. Que las corrientes se apiaden de la selva que Onda tiene por alma… Natalia desnuda a sus personajes con una frase, los delata, los dibuja con un trazo, sin irse por las ramas, con textos breves iluminados por imágenes tan hermosas como esa que dice: Y se fue antes de convertirse en alguien con una carta sin abrir en el bolsillo… Como decía Sexton, Natalia nos miente para llegar a la verdad inmensa que hay en el fondo de cada una de sus criaturas. Apnea tiene un hilo narrativo sumergido bajo el agua, en ese silencio subacuático, con ese ritmo ondulante que los cuerpos adquieren buceando. Apnea es un misterio gozoso lleno de augurios que descifrar, junto a Natalia, si me dejase pasar una noche con ella. (Apnea. Método de inmersión. Natalia Manzano. Ediciones El Gaviero).


Annemarie Schwarzenbach y el viaje a ninguna parte. Muerte en Persia, publicado en Ediciones Minúscula, es uno de los libros más desoladores que se puedan leer.
Morir en Persia, pasar una noche al lado de Annemarie, en el desierto, en una tormenta de arena, ser cómplice mudo de su interior arrasado, (T. Mann la llamaba el ángel devastado), contemplar su belleza ambigua y aparentemente serena. Pero no, no había serenidad en Annemarie, no encontró la paz en ninguna parte, en ningún viaje ni en la droga ni en ningún remoto lugar o país de este mundo. Doctora en filosofía, periodista, arqueóloga, pianista y escritora, sus crónicas, en las que la ficción y la confesión se mezclan, son como ella misma dice un diario impersonal.
Procedente de una poderosa y singular familia de Suiza relacionada con el canciller Bismark, se dice que su madre la educó como a un muchacho junto a sus hermanos. Se casó en Irán con un diplomático, vivió los años de la bohemia en París, en Berlín, en el Congo Belga… viajó y se relacionó con mucha gente, algunos de alto nivel intelectual, como hijos de Thomas Mann o Carson McCullers, pero sólo en sus textos, según pienso yo, contemplamos a la verdadera Annemarie, la esencial.
Muerte en Persia narra, como un diario de viaje, sus diferentes estancias en ese país, el libro es una confesión íntima de desaliento profundo. Transcurre en Teherán, Persépolis, el desierto, un paisaje yermo, árido, ciudades muertas, perdidas, semienterradas y olvidadas. El paisaje no era otra cosa que una proyección del abismal interior de la viajera. ¿Qué buscaba Annemarie en esos agotadores viajes? Tal vez desaparecer en el paisaje, ser engullida por la arena y el viento, o sencillamente se miraba al espejo, reflejando su miedo, su soledad inmensa, su huida siempre a otra parte. Persia como un lugar al que huir, del que huir y al que regresar una y otra vez, más de diez, sin esperanza… Persia como metáfora.  He ensayado en Persia todas las formas de vida posibles pero siempre he fracasado.
La segunda parte del libro narra, a modo de oasis, una pequeña historia de amor que marcaría a la autora para siempre. Pese a estar casada, se enamoró de manera casi involuntaria de una chica turca, Yalé, enferma de tuberculosis. Ambas sabían que Yalé no viviría mucho pero mantuvieron una relación reconfortante entre ambas. La miré. Sentí como su presencia insólita me consolaba. Una relación basada en largas conversaciones en el jardín, durante el necesario reposo de Yalé. Con la sombra de la muerte sobre sus cabezas y con el desacuerdo por parte de la familia de la turca, finalmente se separan, Annemarie necesitará asistencia médica por un accidente y curiosamente, después de ser atendida en una precaria intervención quirúrgica, al despertar de la anestesia dice: “Todo lo que he dicho es mentira. Lo único que quiero es que venga Yalé”.Se verán una vez más, mientras Annemarie se recupera de su lesión, la despedida es definitiva, las dos lo saben. Yalé muere inevitablemente poco después, durante un viaje de Annemarie. Después de terminada esa historia, la viajera será ya inconsolable, como atrapada en una de esas tormentas del desierto, en su cabeza ya sólo escucha el viento salvaje que acabará destruyéndola poco a poco… Cuando la fiebre ha remitido he empezado a llorar, y he llorado hasta que he creído que la cabeza se me había vaciado por completo.   (Muerte en Persia. Annemarie Schwarzenbach. Minúscula).


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