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Paul Auster o el oficio de escritor


EspacioPortada Brooklyn Follies de Editorial Anagrama


Por Jordi Corominas i Julián

Hace algunos años estaba en el subsuelo y una francesa me interpeló. Me preguntó si éramos compatriotas y mi respuesta fue negativa. Su falsa deducción vino motivada por mi lectura, la edición gala de la Trilogía de Nueva York, libro emblema de Paul Auster, quien vuelve a nuestras librerías con otra de sus pequeñas obras maestras, en este caso Brooklyn follies, que el autor define como una elegía de un modo de vida desaparecido con los atentados del 11 de septiembre de 2001.


El destino y las casualidades. Hombres y proyectos. Sueños truncados y esperanzas para un futuro. Estos ejes determinan parte de la obra del escritor norteamericano más europeo y en Brooklyn follies se manifiestan mediante la acción de una serie de personajes típicamente austerianos. El punto cardinal es Nathan Glass, ex agente de seguros jubilado que llega a Brooklyn para morir después de una vida ridícula que parece dar sus últimos coletazos con un divorcio después de 33 años de matrimonio, la edad de Cristo, y un cáncer de pulmón anómalo, pues Nathan no fuma. Su objetivo antes de reunirse con el barquero consiste en escribir retales de cotidianidad, historias dispersas que acaben formando un todo, singular metáfora de literatura como vida y pequeño guiño al arte de la narrativa, y por ende al Quijote,  como compendio de compendios.

Sin embargo, Nathan no sabe que ha llegado a Brooklyn para vivir. Empezará a intuirlo cuando encuentre, como no, por casualidad a su sobrino favorito, Tom Wood, ex aspirante a profesor universitario reconvertido en hombre corriente con sobrepeso que trabaja en la librería, siempre el papel dentro del papel en las obras austerianas, de Harry Brigthman, personaje de pasado oscuro y doble identidad que será la clave de todo el meollo mediante sus intrigas e ideales.

Para completar la sólita pluralidad de sus novelas, Auster incluye otros personajes que alterarán el curso del relato y tendrán su parte de protagonismo. En ocasiones parece que la polifonía sea un truco más de un escritor que domina perfectamente los entresijos de la técnica, pero no, todos los roles tienen un sentido que la trama irá desgranando con lentitud y coherencia. De entre todos ellos cabe destacar la figura de Lucy, sobrina de Tom que llega Brooklyn sin avisar y provoca una pequeña revolución de inteligencia y movimiento pese a su inicial silencio impuesto por sus circunstancias familiares, que el autor aprovecha para criticar el sectarismo de parte de la sociedad norteamericana, como por otra parte también hace al poner en boca de los personajes, la historia transcurre en su mayor parte durante los meses previos a la elección de George Bush, críticas a la nueva política conservadora que atenaza los cimientos del otrora país de las libertades.

Muchos han criticado la última novela del autor de La música del Azar por su segunda parte, que parece derivar en comedia romántica al entrelazarse los personajes mediante uniones amorosas. Si bien el último tramo del libro pierde fuelle, las doscientas primeras páginas son un colosal ejercicio de humor e inteligencia narrativa, no podemos menospreciarlo tan fácilmente. Auster, como Nathan, está llegando a la sesentena y, sin que ello sea negativo, empieza a impregnarse de nostalgia. Mira hacia el futuro pero se viste de Orfeo y se sabe cronista de un mundo que ya no volverá como consecuencia del temor generalizado que se ha instaurado en la capital del mundo civilizado con motivo de los atentados contra las Torres Gemelas.

Paul Auster por Jean Claude Cuenca

Quizá por ello se insista más de lo normal en resaltar la importancia de la gente corriente, magma carcomido por la homologación al uso de nuestro tiempo que quiere escapar del volcán y lograr identidad perdida para reivindicar el valor de la excepcionalidad de lo cotidiano, su importancia fundamental que Nathan quiere plasmar en un proyecto de biografías por encargo de cualquier ser humano, nada extraño si analizamos toda la trayectoria de Paul Auster, novelista que sabe conferir a lo anodino caminos imprevisibles, firme creencia en la esperanza que lo monótono cobre vida y se instale en la tan injustamente denostada maravilla de la realidad, como sucede en Brooklyn follies.

 

 

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