Sumario Miscelanea 1 Literatura 1 Cine 1 Musica 1
Cabecera Calidoscopio
Jean Pierre Melville


Jean Pierre Melville

Jean Pierre Melville:
El inconformismo de la
verdad (que molesta y
alimenta a los hijos de Papá).


Por Jordi Corominas i Julián

 

Bajo la eficaz coraza del cineclubismo el cine francés se reduce a pocos nombres, como si en España la magnificencia fuera anticonstitucional. Recientemente se ha publicado la biografía por excelencia sobre François Truffaut, escrita en 1996 y revisada en 2001,  por el incombustible Toubiana y, el no menos enérgico, De Baecque, el nombre que siempre suena, el director de directores en la falacia de la mentira absoluta. Santificamos todo lo que suene a Nouvelle Vague y olvidamos su perfecta estrategia, urdida desde las célebres páginas de Cahiers du cinema, de aniquilación del padre cinematográfico, y no hablamos de André Bazin, como bien observa Carlos Losilla, uno de los mejores críticos del panorama nacional.

Para ellos, Jean Pierre Melville (1917-1973) era su referente nacional, una especie de mentor espiritual. El director de Le Samourai nunca aceptó el cumplido, de base más que banal, y siguió con su firme y desconocida, por estos lares, trayectoria, de la que ahora resumiremos a grandes rasgos sus claves.

Cinefilia: Desde los seis años Melville jugó con una cámara. La abandonó, se dio al vicio del proyector y consumió cine mudo hasta que la llegada del sonoro, cuando contaba con escasos 12 años de edad, le hizo retomar la senda de un futuro autoral concretado después de la Segunda Guerra Mundial mediante la adaptación del libro de Vercors Le silence de la mer (1947) .Filme de indudable lírica rodado con pocos medios, equívoco que llevó a Truffaut y compañía a creerse herederos del hombre enamorado del autor de Moby Dick, nombre que adoptó por identificación, aunque también, eran sus tres pilares literarios de adolescencia, podría haberse llamado London o Poe. La cinefilia de Melville fue siempre mal interpretada.

Le Doulos 1962

El más americano de los franceses, el más francés de los americanos: Melville hizo una lista de sesenta y tres realizadores americanos clásicos que le enseñaron la profesión con sus películas. Se le tachaba de americano por determinados filmes como Bob le flambeur (1955), Deux hommes dans Manhattan (1959), Le Doulos (1962) o Le deuxieme soufflé (1966) películas con robos, crímenes y gangsters. Otros le tachaban de francofrançais, más francés que los franceses, por obras como Les enfants terribles (1950), Leon Morin Prête (1961) o L’armée des ombres (1969), la primera, adaptación de una obra de Jean Cocteau y las dos últimas películas sobre la resistencia durante la ocupación alemana entre 1940 y 1944. La conclusión es, como muy bien argumentó el mismo Melville, que su cine no podía integrarse dentro del tan cacareado cine nacional. Sus temáticas eran las del hombre para el hombre y tenían, tienen, vigencia universal.

Cuidar el material y ser el mejor técnico: Con ello nos referimos a un cine que en ocasiones parece caer en desuso y que siempre es necesario para convertir el séptimo arte en vivencia estética de primera magnitud. Melville cuidaba todos y cada uno de los planos y dominaba el lenguaje fílmico. Además, sabía rodearse de excepcionales profesionales como el que quizá, junto a Gianni di Venanzo, fuera el mejor fotógrafo del cine europeo: Henri Decae. Esta colaboración sólo se truncó durante los primeros años de la Nouvelle Vague y volvió con una inusitada fuerza en la obra cumbre del cine negro europeo: Le samourai (1967), en español, ese don especial que tenemos para traducir títulos, El silencio de un hombre, gran obra sinfónica, película de mutismos de composición excepcional con Alain Delon en estado de gracia.

Alain Delon en Le samourai

Un hombre solo ha de ir siempre armado: Eso afirmaba Melville y los personajes de sus películas cumplen la máxima. El referente sigue siendo Le samourai con Jeff Costello, delincuente de pura esquizofrenia que toma su profesión como un ritual; tanto es así que hasta su muerte parecerá un happening que confirma su frase Je ne perds jamais. Otro ejemplo, sería el personaje interpretado por Jean Paul Belmondo en Le Doulos, película con una fotografía que en ocasiones recuerda algunas imágenes de Brassai.

Las estrellas: Si bien es cierto que hasta 1961, año de Leon Morin Prete, Melville usó pocos nombres relevantes, entre otras cosas porque él mismo definía su cine del período previo como la búsqueda de un lenguaje,  también es verdad que a partir de ese momento se sirve de ellos una y otra vez. Sus tres puntas de lanza fueron Jean Paul Belmondo, Lino Ventura y Alain Delon, del que llegó a decir que era alguien con algo extra indescriptible, característica propia de las estrellas, personas que entienden las instrucciones a la primera y que ejecutan sus roles a la perfección. Otras figuras que rodaron con Melville fueron Simone Signoret, Michel Piccoli, Stefania Sandrelli, François Périer, Yves Montand o Gian Maria Volonté.

Literatura y humanidad: Melville concibió gran parte de sus filmes a partir de obras literarias, que supo transformar para darles una entidad individualizada, hecho que logró, pese al compromiso de Cocteau en el proyecto como voz narrativa, hasta en les enfants terribles. Su cine es una obra de hombres que dudan, sueñan, actúan y conviven cada día con sus miedos y esperanzas. No contemplamos la sólita grandiosidad épica que tantos asocian con la palabra celuloide. Su épica es la de una cotidianidad concreta que, enmascarada por las vestimentas, es la de todos nosotros.

Cartel de Le Cercle Rouge

Cine negro europeo: Después de este modesto resumen de la obra del director francés, el lector habrá entendido que etiquetar a Melville es pecado mortal. Sin embargo, gran parte de la crítica tiende a encasillarlo dentro del cine negro del Viejo Mundo, craso error que se explica por la temática de muchas de sus películas. Ocurre que el autor de Un flic (1972) transgredía el propio género porque su visión del mundo era demasiado personal, y si bien es indudable que algunos de sus filmes entran dentro del universo polar (películas negras y policíacas galas), su impronta va más allá.

Dicho esto sólo puedo recomendar que abandonen este texto escrito y busquen los textos fílmicos de Jean Pierre Melville. Espero que los disfruten.


Jordi Corominas i Julián
Miembro del comité de redacción de los quaderni del CSCI
(Centro di Studi sul Cinema Italiano)

Artículo siguiente >>

 

calidoscopio.net © 2006