

Actores fetiche I
Por Miguel González
Hay que entender el cine como forma de arte colectiva. Es cierto que suele haber una figura destacada en cada película, y generalmente es el director, encargado de organizar y dar armonía a los diferentes elementos en cada cinta. Muchas veces porque se erige como auténtico creador, porque es también guionista, o productor, o ambas cosas, o simplemente porque es la mente creativa de donde sale todo. Otras veces su trabajo consiste simplemente en la organización de los elementos, pero impregnando su toque personal.
Ante todo, para que un puzzle esté completo son necesarias todas sus piezas. Sin embargo, siendo el director el organizador de todas ellas, es importante una cierta conexión entre él y esas piezas. De ahí que a lo largo de la historia de este arte, se haya visto en multitud de ocasiones, una repetición de la colaboración del director con alguna o varias de estas piezas en particular, ya sea un productor, un guionista, un compositor de bandas sonoras, o un actor o actriz. Las razones pueden ser diversas: un mayor entendimiento personal o cierta camaradería entre ambos, un gusto personal del director de la forma de trabajar del colaborador, y muy comúnmente, que dicho colaborador sea la persona que mejor pueda plasmar la personalidad del director con su trabajo. Generalmente la razón suele ser una combinación de todas ellas. Y siendo los actores a quienes el público ve, y con cuya cara se quedan, la colaboración habitual con directores es muy común.

Aunque el comienzo del cine quede más relegado a la experimentación, la unión de cine y teatro llevó a los creadores de las películas a mostrar cierta preocupación por los protagonistas. En Hollywood, sobretodo a partir de los años 20, esto fue creciendo debido a la política del star-system. Pero antes, el llamado “padre del cine” David W. Griffith, empezó a mostrar preocupación por los protagonistas. Lo primero que intentó fue quitar de los actores de cine los dejes excesivamente dramáticos de los actores de teatro. Mientras tanto fue descubriendo a algunas de las grandes estrellas de la época, en lo que puede entenderse como una de las primeras búsquedas de esa conexión entre director-actor. Su principal descubrimiento fue Mary Pickford, posterior “novia de América”, y, junto a quien fue su marido, Douglas Fairbanks, primera gran estrella de Hollywood, pero su verdadera actriz fetiche fue Lillian Gish. Empiezan juntos con An Unseen Enemy (1912) su fructífera relación, entre las que se incluyen las dos grandes obras de Griffith: El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916). Gish era lo que Griffith buscaba en cuanto a interpretación, pues al saber adecuar las emociones de manera tan extraordinaria, permitía al director utilizar a su gusto el primer plano, dando así emotividad a la narración. La importancia de la colaboración reside en que la propia actriz actuaba de manera que facilitaba la forma de narrar que el director quería emplear.

En Hollywood nacía ya el fenómeno del star-system de la mano principalmente de Adolph Zuckor. Con Douglas Fairbanks y Mary Pickford como primeras estrellas, las películas se empiezan a ver más por el nombre de los actores que por los propios realizadores. Durante los años 20 en Hollywood existen menos colaboraciones repetidas, pues se buscaba vender las películas por la cara de los protagonistas, y los productores imponían a los actores y actrices de moda. Y es un dato a tener en cuenta que los directores más personales, los que mejor plasman su propia visión en las películas, sean los que repiten más a menudo en el uso tanto de actores, como de cualquiera de los demás profesionales del séptimo arte. Se podrían considerar estos como parte de la propia personalidad cinematográfica del actor.
En otros países, sin embargo, si era más común la conexión. En Suecia, Mauritz Stiller descubre a Greta Garbo. A Stiller no le da tiempo a utilizarla en muchas ocasiones como actriz, pero la tuteló, le dio su debut y creó su personaje. Le dijo como andar, como fumar, y fue él quien eligió el nombre de Garbo. Al poco de descubrirla fue fichado por la Metro, y él impuso a Greta Garbo en el contrato. Paradójicamente, Stiller no se adaptó a Hollywood teniendo que volver a Suecia, y Greta Garbo triunfó por todo lo alto, convirtiéndose en una más de las grandes estrellas de Hollywood.
En Alemania triunfaba el expresionismo, cuyos grandes exponentes fueron Fritz Lang y Friedrich W. Murnau. Ambos tuvieron sus respectivos “colaboradores” en sus comienzos. En el caso de Lang, el actor era Rudolf Klein-Rogge. Principal tanto en El Dr. Mabuse como en El testamento del Dr. Mabuse, participa también en otros filmes de la época alemana del director como Los espías, Metrópolis o Los Nibelungos. Murnau por su parte utiliza a Emil Jannings. Participan juntos en películas como Tartufo o el hipócrita, Fausto, y sobretodo El último, en la que su magistral interpretación ayuda a Murnau a crear una obra maestra cargada de lirismo, e inusualmente, sin ningún intertítulo. Una vez más, la capacidad del actor es indispensable para la forma del film. Estas películas les dieron bastante éxito a ambos, y fueron fichados en Hollywood, acabando así la colaboración con sus respectivos fetiches.
En muchas ocasiones, ciertos actores acabaron dirigiendo (el propio Griffith empezó como actor), y se utilizaban a si mismos como protagonistas del film. Nadie como ellos para entender sus propias características, pretensiones, personalidad, o puras obsesiones, y así mostrarlas con mayor exactitud. El más destacado sería Charles Chaplin, quien además realizaba muchas otras labores como la producción, el guión o la música, erigiéndose como absoluto creador de sus obras. Incluso en sus películas habladas (a excepción de La Condesa de Hong-kong en dónde cede el protagonismo al gran Marlon Brando) se utilizaba a si mismo como actor principal. El otro maestro de la comedia en la época muda, Buster Keaton, también protagonizaba sus películas. Aunque al principio esto fue más común en la comedia, posteriormente otros directores han protagonizado, o bien actuado en sus películas en diferentes géneros, como Orson Welles, Woody Allen, los Monty Python, Takeshi Kitano o Clint Eastwood entre otros.

Seguiremos hablando de estas colaboraciones, que han seguido dándose hasta nuestros días. Aparece el sonido, con él los diálogos, evolucionan las formas… Aún queda mucho que decir.