
Por J.A. González
Su nombre se deriva de Uemura Bunrakuken (1737-1810), director de la única compañía profesional que permaneció activa en época de crisis y posteriormente el teatro donde se representaban sus obras adquirió el nombre de Bunraku, esta denominación , tomada del nombre de Bunrakuken, se empleó para hacer referencia tanto al teatro como a la compañía..
Esta tradicional representación de marionetas japonesa fue tan popular, que en 1703 una obra basada en un suicidio por amor, real, causó directamente un aumento de este tipo de suicidios entre los jóvenes de la época. El concepto de basar la historia en un acontecimiento reciente era revolucionario y realmente cuajó en la imaginación del público. Es uno de los teatros de títeres mas sofisticados del mundo que cuenta hasta con tres titiriteros por marioneta. El principal, mueve la cabeza y la mano derecha del muñeco, el segundo mueve la mano izquierda y el último mueve las piernas. Un vestido de cola cubre el tronco y las piernas y las manos se introducen dentro para simular la sensación de movimiento.

Los títeres para papeles principales son manipulados por tres maestros y para los personajes femeninos dos (aunque a veces también tres) debido a que el kimono hace que no sea tan necesario manipular las piernas. Entre los personajes secundarios también se encuentran títeres de tan solo un titiritero. Algunas de las cabezas de los títeres son tan sofisticadas que pueden mover cejas, ojos y labios y los títeres adquirieren un nivel de refinamiento en los movimientos que incluso simulan el movimiento de la respiración. Gracias a los muchos años de experiencia de los titiriteros y a través de los juegos de luces, las marionetas deberán perder su característica dureza de rasgos y sus deslumbrantes reflejos de blanco de china, llegando a parecer que no están exentas de vida.
En una escenificación completa, el narrador recita, gesticula, gime y solloza, acompañado por la música de instrumentos tradicionales de cuerda. Las obras giran alrededor de conceptos como lealtad, tragedia y familia. No hay otro arte en el mundo que requiera de una jornada completa para su drama largo, serio y revelador.
Actualmente este arte goza de un renacimiento suave gracias a que en 1966 se inauguró un teatro en Tokio como hogar permanente de las representaciones y en 1985 se trasladó a su origen, Osaka, al teatro nacional del Bunraku.

Hoy en día se realizan cuatro representaciones al año en Tokio y Osaka más una demostración que viaja anualmente por el país. No obstante, aunque las audiencias son importantes, el envejecimiento de los titiriteros y la carencia de gente capaz de tomar su lugar plantean un problema para el futuro de esta forma de arte de más de 300 años de antigüedad, patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 2003.

El Bunraku y su arte, ha sido y es actualmente una referencia cierta para el cine oriental. El gran cineasta Takeshi Kitano, en su película Doll’s (2002), toma como punto de partida el teatro de marionetas japonés para construir un intenso drama, donde la belleza de las imágenes predomina sobre la palabra.

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