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Jean Pierre Melville


Dejamos a Roberto Rossellini en el preludio de una nueva etapa. La famosa misiva de Ingrid Bergman es una de las claves para entender el cine que realizará el director italiano después de 1948. Antes, con Anna Magnani como musa, sus personajes femeninos eran populares, hijos de la Italia doliente y sufriente de las heridas causadas por la conflagración mundial, féminas con carácter que padecen la injusticia del universo, como ocurre con Sora Pina (Roma Città Aperta), la adolescente siciliana de Paisà o los dos personajes que interpreta la Magnani en L’amore, víctimas irremediables de diversos tipos de locura ordinaria.
La aparición, casi epifánica, de la diva sueca provocó un cambio de rumbo que despojó el cuerpo del cine rosselliniano de ropajes neorrealistas y lo convertirá en precursor total y absoluto de la modernidad fílmica, afirmación vigente desde que los jóvenes turcos de Cahiers du cinema vieron en Viaggio in Italia (1953) -en España conocida con el paupérrimo título de Te querré siempre-, la quinta esencia del séptimo arte. Es indudable que el filme, del que hablaremos a lo largo de este estudio, atesora una importante calidad, pero sin embargo en mi opinión sus valores fundamentales son filosóficos, de gran raigambre conceptual en relación al tema clave del hombre y sus problemas después de la Segunda Guerra Mundial.

Stromboli

Rossellini inicia su nuevo camino con una de las obras cumbre de su carrera: Stromboli, terra di Dio (1949). Desde el principio de la cinta observamos como el personaje interpretado por Ingrid Bergman y su amor, nacido en un campo de refugiados, están separados por algo más que el lenguaje. Nuevamente una valla nos muestra como, pese al acercamiento físico, el contacto total es imposible. La situación desembocará en una crisis absoluta cuando el matrimonio llegue a su destino en la isla siciliana de Stromboli. En 1949, como ahora, el extranjero no era bien visto, y menos en un lugar tan cerrado, donde los hombres tienen unos hábitos marcados e inamovibles desde tiempos inmemoriales. Surge así el concepto de alineación en el cine dentro de un filme de gran belleza estética que roza lo sublime en sus secuencias documentales, como la de la pesca del atún, quizá uno de los momentos más intensos de toda la historia del celuloide.

La alineación del personaje de Ingrid Bergman es el resultado de la incomprensión e inadaptación al medio físico donde vive. Ello, si viviera en una película de Antonioni quizá se suicidaría o desaparecía del campo fílmico, provoca su voluntad de huir, y para lograrlo ha de, estupenda metáfora, pasar el volcán y escapar del fuego que quema su existencia. Su desesperación final parece preludiar la de Irene, nueva protagonista femenina de Europa’51 (1952), madre burguesa que sufre. El tema se repite y enlaza el filme con el anterior, la pérdida de su hijo como consecuencia de la poca atención recibida por parte de sus padres. El suicidio del niño llevará a la madre a buscar vías de escape a través de dos de los más importantes dogmas del siglo XX: El marxismo, que le hará comprobar que el trabajo, como muestra una excepcional secuencia en la fábrica, no libera sino que es una condena, y la religión, ayudando al mundo con obras caritativas. Su extraña transformación hará que su familia la encierre en una clínica, donde los únicos que irán a visitarla son los pobres a los que ha ayudado. Esta película es el segundo paso de un ciclo donde la soledad femenina, mujer alienada del mundo por determinados problemas, constituye el eje motriz, lo que se confirmará con Viaggio in Italia (1953), rodada de manera improvisada pero no por ello menos excepcional que las demás.

Europa'51

La última gran película del binomio Rossellini- Bergman tiene como protagonistas a una pareja inglesa de vacaciones por el sur de Italia; el viaje va revelando paulatinamente lo separados que están, como su matrimonio se rompe por incomunicación, paso del tiempo y el ambiente, que marca la historia, con la visita de la Bergman al antiguo Oráculo de Cumas y el recorrido turístico de los cónyuges por Pompeia, donde ven la petrificación de su amor con la súbita aparición de una pareja sepultada por los siglos y la lava, abrazados en la muerte como mensaje para el tiempo presente, que Rossellini logra plasmar en la pantalla mediante una sorprendente desnudez de planos.

Viaggio in Italia

Viaggio in Italia anticipa mucho cine de los años sesenta, pienso sobretodo en las temáticas de Michelangelo Antonioni y su célebre tetralogía de la alineación, y constituye la última piedra angular del cine comercial rosselliniano. Ni el comercial León de Oro de 1959 por Il generale della Rovere, compartido con La Grande Guerra de Mario Monicelli, igualará el nivel alcanzado durante el período 1945-1953, años de plenitud que darán paso a un cine abocado a un más que interesante proyecto didáctico para la televisión con películas como La presa del potree di Luigi XIV Blaise Pascal, Agostino d’Ippona o Il Messia, medio que el director italiano pensaba como vehículo idóneo para transmitir conocimiento y educar con sabiduría al género humano, máxima preocupación de un hombre curioso que en 1977 nos dejó huérfanos de una luz olvidada en gran parte del cine actual.

Centenario de Roberto Rosellini (I)

Jordi Corominas i Julián
Miembro del comité de redacción de los quaderni del CSCI
(Centro di Studi sul Cinema Italiano)

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