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El te amargo de The Fiery Furnaces

 

Crónica del FIB 2006

Por Paco Turégano

La décimo segunda edición del Festival Internacional de Benicàssim venía precedida de un éxito sin precedentes en el panorama estatal de este tipo de eventos: con todos los abonos y entradas de días sueltos vendidos. Sin embargo, una vez pasado el festival pudimos comprobar que en realidad no hubo para tanto, aunque sí actuaciones memorables —otras no tanto—, básicamente como todos los años.    
El cambio de fecha tampoco ha variado la marcha del festival, por lo que podríamos hablar más bien de un asentamiento, con sus propios rituales característicos y unos asistentes fieles a su cita con el Fib cada año, lo cual es un triunfo para la organización. Tampoco habríamos de pasar inadvertido el alto porcentaje de asistencia extranjera, el 60% de los abonos vendidos según datos de la dirección del festival, lo cual lleva a pensar que se está convirtiendo en uno de los eventos más importantes de Europa. La combinación de grupos ingleses más playa debe de ser irresistible y, sin lugar a dudas, lo es, además de ser el festival más importante en España, en cuanto a música independiente se refiere.

Pero vayamos por partes. A continuación un breve relato de lo acontecido en los tres días de festival, ya que no pude asistir a la fiesta del jueves y, francamente, tampoco me sentía con fuerzas para asistir a la del lunes.

Viernes 21

Mi llegada al festival coincidió con el final de la actuación del grupo francés Dionysos que participaban en el festival formando parte del programa UN-POP CLASSIK, en el que cuatro bandas europeas tocaban apoyados por una orquesta en varios festivales del continente. De hecho, lo primero que vi fue al cantante encima de los brazos del público paseándose hasta la torre de control y volviendo al escenario con un espeso muro de sonido orquestado, del que apenas se podía apreciar nada, por lo que tampoco puedo emitir un juicio sobre la banda.

Babyshambles en el Fib

Justo después y en el mismo escenario, apareció Peter Doherty con su banda Babyshambles a su hora, lo cual sorprendió a mucha gente, ofreciendo una correcta actuación, pero que en ningún momento tuvo la chispa de genialidad que se espera de un personaje de sus características, aunque la idea de invitar a Shane Macgowan (The Pogues) a cantar Dirty old town tuvo su gracia.

Las obligaciones de acomodo y colocación del equipaje me impidieron ver a The Walkmen, una pena, ya que tenía mucho interés en ver sobre al escenario a esta interesante banda de Nueva York. Sí pude llegar al escenario Vodafone y ver la actuación de los Ordinary Boys, bastante más punk-rock que en sus dos discos (versionaron a los Ramones y todo), hicieron las delicias del público anglófilo. Es curioso que a pesar de su fama en Inglaterra, todavía en España no se haya publicado ningún disco suyo.

Por este mismo escenario y con algo de retraso debido a problemas en la garganta del cantante, aparecieron unos White Rose Movement que tampoco han publicado su disco de debut en nuestro país, aunque nadie lo diría a tenor del llenazo de la carpa. Su versión del alter-punk inglés de principios de los 80’s sonó convincente e, incluso, por momentos emocionante, a pesar de que en ocasiones el sonido no era todo lo bueno que debiese, sin duda una alternativa al concierto de los Pixies en el escenario verde.

Precisamente los bostonianos fueron protagonistas involuntarios del único problema serio del Fib 2006, y es que debido a las estampidas del público hacía la valla de protección, la organización se vio en la obligación de parar el concierto durante unos 20 minutos para instalar durante el resto del festival otra valla que conformaba un «perímetro de seguridad» rodeando los accesos a las primeras filas. Entrar dentro de ese perímetro, fue la tarea principal de los fibers (término inventado por el festival para designar a los asistentes al mismo) más deseosos de ver a sus grupos favoritos el resto de días. Cuando los Pixies reanudaron su concierto, pude comprobar que la revisión de sus grandes éxitos estaba siendo un verdadero tostón, tocando con el piloto automático puesto y sin nada de pasión, una pena, por lo que me senté tranquilamente a esperar a la siguiente vieja gloria.

Con Echo And The Bunnymen la cosa cambió para bien, sin duda. Con un gran disco que presentar este año «Syberia» y un repertorio clásico tan interesante, solo tenían que poner un poco de su parte para que la cosa saliese bien, y lo hicieron, gran sonido, gran voz, gran concierto. Coldplay debería pagarles unos derechos morales (si existiesen, claro) cada vez que sacan disco.

Justo después llegó uno de los conciertos más esperados del festival, The Strokes. La verdad es que tampoco se les puede reprochar mucho a los chavales, su tercer disco no está a la altura de los anteriores, pero tienen en la recámara unos cuantos ases ganadores que nos hicieron pasar un buen rato, además, tocan bien, a pesar de un sonido que conforme te alejabas del escenario se desvanecía poco a poco. En mi modesta opinión, no fue el mejor concierto del festival, pero tampoco un bluff como mucha gente aseguraba a su salida.

A estas altura de la noche, el cuerpo lo que pedía era pasarse por el escenario electrónico, a pesar de que tuve que perderme uno de los platos fuertes del día, James Holden, por coincidencia de horario, en esos momentos Tiga empezaba a calentar la noche, con menos hits de los previstos, pero un set-list muy equilibrado de electro-techno y que nos tuvo entretenidos hasta la llegada de un Green Velvet que se escoró directamente hacia al techno y el mínimal, sin darnos tregua. Para cuando estaba empezando Michael Mayer con el tema de Nathan Fake «The sky was pink» yo ya me encontraba fuera del recinto totalmente agotado, una pena porque el concierto de este último sobre las seis y media de la mañana debió de ser digno de oír (más que de bailar) con la salida del sol.

Sábado 22

La segunda jornada del Fib la empecé en el escenario FiberFib.com con The Organ, un quinteto de Vancouver compuesto solo por féminas que con sus referencias al pop británico de los 80 nos hicieron pasar un buen rato, pese a estar algo cortadas en directo, el personal quedó encantado.

Para el siguiente concierto me trasladé al escenario Vodafone, donde uno de los pocos grupos españoles del festival, El Columpio Asesino. Los pamplonicas dieron un recital de rock contundente y experimental presentando su nuevo disco. No siempre aciertan, pero por lo menos buscan nuevas vías para su música.

Justo después, pudimos ver a los americanos Calla en el escenario verde, un trío que con apenas una guitarra, un bajo y una batería se bastaban para llenar el escenario con un sonido envolvente bastante interesante. Canciones tortuosas y mucho pedal de distorsión, algo no muy habitual por el festival.

Sin darme cuenta me percaté de que ya era hora de ver otra de las grandes citas de festival. El «resucitado» Morrissey venía a saldar la deuda que contrajo con el festival por la espantada de hace dos años. Respaldado por una banda competente, al antiguo cantante de los Smiths fue desgranando éxitos de su anterior grupo y lo mejor de sus dos últimos discos, lo que provoco el éxtasis de gran parte del público. La verdad es que Mozzer sabe desenvolverse en el escenario a pesar de sus tics, y la cosa salió bien.

Morrissey

Ante la salida por patas del público, Mojave 3 respondieron con un gran concierto, muy sólidos como banda, y acercándose cada vez más al pop, pero sin perder las raíces country-folk, al igual que en su reciente nuevo disco. Sin duda se merecían estar en el escenario grande. Cosa que no pasa con The Kooks, los cuales se mostraron bastante inseguros para presentar su disco de debut. Su presencia por estos lugares solo se justificaba por la masiva afluencia de las hordas bárbaras inglesas. Con un par de canciones con estribillo no se puede sostener un concierto, por muy efectivas que estas sean.

Aprovechando que los Kooks no parecían remontar su actuación, en la recta final de su concierto me di una vuelta por otros escenarios, comprobando por ejemplo, que Rufus Wainwright repetía, casi calcada, la actuación del fin de semana anterior en Madrid y que los franceses Justice la liaban gorda en el escenario electrónico, en la línea populista de sus compatriotas Daft Punk.

De nuevo en el escenario verde, me situé involuntariamente y por una serie de circunstancias a una distancia poco prudencial de la valla de seguridad, para ver el concierto de Franz Ferdinand, sin duda, el más esperado por la comunidad indie estatal más ortodoxa. De hecho, una post-adolescente al borde del delirio situada a mi lado, juraba y perjuraba que su asistencia al festival se debía única y exclusivamente para ver este concierto. Y el caso es que los escoceses no fallaron. A base de hits de su primer y segundo disco la cosa fue bien hasta topar con los medios tiempos de su última entrega, que les hacer perder mucha efectividad sobre el escenario. La verdad es que fue un gran concierto pero al final uno se plantea la duda de la valía de su próximo disco, a tenor de sus últimos pasos discográficos.

Franz Ferdinand en el Fib 2006

En este mismo escenario e incomprensiblemente, se nos volvió a colar uno de esos grupos ingleses que en España son semi-desconocidos. Morning Runner son una suerte de Starsailor con un poco menos de épica, lo cual se agradece bastante. La verdad es que los chavales le pusieron empeño, y se ganaron mi simpatía por no poner el piloto automático e intentar hacer un gran concierto pese a la estampida de un público que tenían ganas ya de bailar o descansar. Aguanté media hora.

Con el despiste, me perdí a unos 2manydjs que por lo visto hicieron un set sospechosamente perfecto, según me comentaron después, para una posible grabación en directo. El tiempo dirá si son ciertos los rumores. Lo de Alex Smoke se aleja bastante del concepto de los belgas, repasando sus dos trabajos de minimal-techno estuvo muy correcto y francamente me lo pasé bastante bien. Hell recogió el testigo, e influenciado por las maneras de Smoke dejó de lado el macarrismo y pinchó techno de una manera bastante elegante. Mis piernas no me permitieron ver terminar la sesión del alemán y, después de más de doce horas de idas y venidas, dijeron basta. Mañana sería otro día.

Domingo 23

La última jornada del festival empezó para mi con los americanos She Wants Revenge en el escenario FiferFib.com. Si ya en el disco me parecían aburridos, en directo tampoco hicieron nada para que cambiase mi opinión. Con un sonido regular, nuevamente ecos al alter-punk inglés de principios de los 80’s, con algunos toques electrónicos, las comparaciones con Interpol tampoco iban muy desacertadas, pero peor todavía.

Como me parecía un tostón, me acerqué al escenario Vodafone para ver a Humbert Humbert, otro de los pocos grupos españoles y uno de los hits de la temporada pasada. Los madrileños a base de postpunk gamberro estuvieron muy divertidos, aunque sigo pensando que más de media hora de concierto puede hacer que se disminuya en gran medida su efectividad.

De nuevo volví al escenario FiberFib.com, para ver como los Editors iban retrasando su actuación por culpa de un problema con una de sus guitarras, el cual, por cierto, se prolongaría durante todo su concierto, para desesperación de su líder Tom Smith, que a punto estuvo de marcharse del escenario. Pese a todo, realizaron un concierto decente, gracias, en parte, a unas composiciones muy sólidas y a una sonorización más o menos decente. De nuevo postpunk inglés pero con mayor calidad.

Editors en el Fib

La siguiente actuación en el mismo escenario fue la de Yann Tiersen, el cual, para deshacerse de topicazos, empezó con la guitarra en ristre a base de noise rock, para poco después tocar el violín o los teclados. Es de agradecer que intentara no repetirse con respecto a otras visitas, además, el sonido era prácticamente perfecto, con lo cual el francés logró firmar un gran concierto. Sí, al final tocó la de Amelie.

Para estrenar este día el escenario grande, estaban nada más y nada menos que Madness, quién lo diría a estas alturas, pero la verdad es que la cosa salió a las mil maravillas. Sonaban tremendamente precisos, además de poseer un repertorio clásico entrañable, que acabó por convencer a los más escépticos. Hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos y ellos disfrutaron en el escenario, así que todos contentos. Por cierto, un revival, el del ska, todavía poco explotado por tierras inglesas.

La jornada maratoniana continuó con los neoyorquinos We Are Scientics, que no pasarán a la historia como una banda demasiado original, pero que cuentan en su disco de debut con unos cuantos hits a base de rock americano en sus diferentes acepciones, lo cual permitió que los asistentes a una concurrida carpa Vodafone, nos lo pasásemos pipa. Muy simpáticos ellos, por cierto.

Cuando logré llegar a Depeche Mode, el concierto en el escenario verde ya había empezado, y llegar hasta donde tuviera una visibilidad decente me parecía una entelequia, debido al llenazo total del recinto. Así que me vi obligado por las circunstancias a ver su actuación desde una distancia prudencial, donde más que verles solo los oía. El caso es que, los ingleses hicieron una actuación correcta, no memorable, pero muy entrañable. Poco a poco fueron cayendo la mayoría de sus grandes canciones, con algunas breves incursiones en su último disco. Dejaron un buen sabor de boca.

Como Placebo tampoco es que sean santos de mi devoción, a la cuarta canción me fui para ver en el escenario Vodafone a unos Art Brut estirando su repertorio de apenas media hora a unos 70 minutos a base de largas parrafadas de su cantante, Eddie Argos. Pese a todo, la cosa no se hizo demasiado pesada, y es que, las canciones de su debut a base art-punk, son bastante efectivas, y no pierden nada en directo. Como anécdota, cabe apuntar que, Keith Murray, cantante de We Are Scientics salió al escenario a cantar una canción de… We Are Scientics, claro.

Volviendo al escenario verde me encontré a unos Deus en muy buena forma, presentando un nuevo disco, lo cual no hacían desde hacía mucho tiempo. También es cierto que los belgas son un grupo de altibajos, fruto de un eclecticismo muy poco usual dentro del rock. Pero cuando daban en la diana eran grandes. Otro clásico.

A estas alturas, me di cuenta que me había perdido las actuaciones de ZZZ y Coldcut, y que si seguía lamentándome por ello, me perdería también la de Codec and Flexor, dos tipos que no son precisamente la revolución de la música electrónica, pero que sin duda te hacen bailar a base de bien. La etiqueta electroclash no les quedaría mal, sino fuese porque ese término se ha acabado diluyendo en un conglomerado bastante heterogéneo de diferentes estilos. Lo suyo es puro macarrismo a base de synthes y cajas de ritmo.

The Rakes en el Fib 2006

La noche se iba acabando, y apenas quedaba tiempo para ver en el escenario verde a unos The Rakes que no acabaron de despegar del todo. Su postpunk de historias costumbristas funciona mejor en recintos más pequeños, pese a las innegables cualidades de su vocalista, Alan Donohoe, para dar espectáculo en el escenario a base de bailes epilépticos. Al final no acabé de ver su actuación, y me dirigí al escenario electrónico para ver a un Dominik Eulberg muy elegante a base de techno y mínimal, y pensando en las diferentes propuestas de corte electrónico que me había perdido en el escenario Vodafone a partir de ciertas horas, cosa normal ya que uno no tiene el don de la ubicuidad. Es lo que tienen los festivales, que no puedes acabar viéndolo todo. Aún con todo, me fui a la cama pensando que había sido un gran fin de semana.

 

 
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