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Billy Wilder


Billy Wilder

Centenario de
Billy Wilder:
El maestro de los buenos ratos

Por Miguel González

Samuel Wilder nace en el entonces Imperio Austro-Húngaro, en la actualidad Polonia. Es la fascinación de su madre por Estados Unidos la que le lleva a llamarle Billy. Empieza a estudiar derecho pero pronto lo abandona para trabajar de reportero en un periódico vienés, del que pasó al diario de mayor tirada de Berlín. En paralelo realiza otros trabajos que le llevan al teatro, y de ahí más tarde a trabajar en el cine como guionista. La primera película en la que participa es Der Tenfels Reporter de Ernst Lasmmle. Wilder sigue adquiriendo experiencia en películas alemanas hasta que Hitler llega al poder. Dada su condición de judío, tiene que huir a París donde debuta en la dirección. Su primera película como realizador se llama Curvas peligrosas, codirigida con el periodista húngaro Alexander Esway en 1934. Aunque Wilder hizo la película sin mucho entusiasmo, adquirió una importante experiencia. El mismo año parte hacia Estados Unidos.

La octaba mujer de Barba Azul, Lubitsch

Ninotchka de Lubitsch

De entrada, Wilder tuvo que aprender el idioma y compartir piso. Por suerte lo compartió con el actor Peter Lorre, lo que le ayudó a introducirse en Hollywood. En 1940 consiguió la nacionalidad americana. En su primera época en Hollywood escribe guiones a directores exiliados como él, sobretodo para su ídolo Ernst Lubitsch en películas como La octava mujer de Barba Azul o Ninotchka. “Durante veinte años todos intentamos encontrar el secreto del toque Lubitsch, de vez en cuando, con un poco de suerte, lográbamos algún que otro metro de película que brillaba como si fuese de Lubitsch, pero no era realmente suyo”. Esas palabras deja Wilder sobre su maestro, al que confesó haber imitado toda su vida sin lograr alcanzarle. Sin embargo, en el camino hacia la ironía y sugerencia de Lubitsch, Wilder se desvío hacia otro lleno de acidez tan afilada que llevó al actor William Holden a describirle como “una mente llena de hojas de afeitar”.

El crepusculo de los dioses

Wilder era polémico, deslenguado y no se casaba con nadie. A la salida del estreno de El crepúsculo de los dioses, un espectador se abalanzó sobre él gritando: “Bastardo, ha arrastrado por el lodo la industria que le ha convertido en alguien y que le ha dado de comer. Hay que alquitranarlo, emplumarlo y echarlo de la ciudad”. Wilder respondió con un simple “Jódete”, lo cual no hubiese tenido mayor importancia si aquel espectador no hubiese sido el gran patrón de la Metro Louis B. Mayer.

Perdicion

Aunque Wilder destaca principalmente con sus comedias, sus primeros grandes trabajos fueron películas de cine negrocomo Perdición, o dramas como Días sin huella o El crepúsculo de los dioses. En esta primera época, su colaborador principal a la hora de escribir los guiones era Charles Brackett, aunque el guión de Perdición lo escribió junto a Raymond Chandler. Tras El crepúsculo de los dioses, uno de sus grandes éxitos de crítica, cesa la colaboración con Brackett. Ahí empieza otra fase de su carrera en la que se suceden títulos de cine negro como Testigo de cargo, dramas como El gran carnaval.

Marilyn Monroe en La tentacion vive arriba

También hizo comedias románticas como Sabrina o La tentación vive arriba, donde la innegable calidad de la cinta se ve empañada por una cierta cursilería, y un exceso de comercialidad. En 1957 rueda Ariane y con ella comienza su colaboración con I.A.L. Diamond. Sus comedias más aclamadas aparecen en esa época: Con Faldas y a lo loco, El apartamento, Uno, dos, tres, Primera Plana… La relación acaba con su último film, Aquí un amigo, en 1981. Con Diamond no pierde el toque comercial, siempre presente en su cine, pero vuelve a un estilo más crítico y mordaz.     

Sabrina 

Wilder era un maestro de la narración y del ritmo cinematográfico, y tenía una gran facilidad para construir situaciones. Así conseguía atrapar al público en cada película. Sus ingeniosos diálogos, le ganaron buena parte de su fama, aunque en ocasiones eran efectistas, llegando a parecer forzados e irreales. En general Wilder era un guionista algo tramposo pero no se puede negar que era efectivo, con destellos de genio en cada una de sus películas. Todo esto es parte de la personalidad artística de Wilder, gustar al público haciendo buen cine, aunar comercialidad y calidad a partes iguales. "No tengo tiempo para considerarme un inmortal del arte. Hago películas sólo para entretener a la gente y las hago tan honradamente como puedo". Con títulos como El apartamento, llevaba una muy buena película, inteligente y corrosiva al gran público, e incluso a la noche de los Oscars. En otras como Sabrina cogía una historia sencilla, tópica y algo “ñoña”, y se aseguraba un éxito de crítica que otros con el mismo material no hubiesen podido ni soñar.

Primera plana

Con los actores se las veía de todas las maneras. Convirtió a Marilyn Monroe en el icono sexual cinematográfico de los años 50 al levantar su vestido en La tentación vive arriba, pero durante el rodaje de Con faldas y a lo loco estuvo “a punto de asesinarla” por los quebraderos de cabeza que le traía. Con Humphrey Bogart también tuvo problemas debido al disgusto de éste con el carácter de su personaje en Sabrina. Sin embargo, actores como William Holden, Audrey Hepburn y sobretodo Jack Lemmon, le adoraban. Este último tuvo una larga relación cinematográfica con el director que se traduce en siete películas desde 1963 hasta 1981.

El apartamento

El apartamento

El 22 de Julio de este año Billy Wilder hubiese cumplido 100 años. Como epitafio perfecto para demostrar la gran influencia que supuso en todo el cine posterior quedó la frase de Fernando Trueba cuando recogió el Oscar por Belle Epoque: “Me gustaría creer en dios para poder agradecerle este Oscar; por desgracia, solo creo en Billy Wilder, así que gracias, señor Wilder”.      

Con faldas y a lo loco: Jack Lemmon: "No me comprendes, Osgood. (Se quita la peluca). Soy un hombre". "Bueno, nadie es perfecto".

 

 

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