

Carmen Posadas siempre ha escrito, sobre todo literatura infantil, como El señor Viento Norte o Liliana, bruja urbana, y ensayos como Quién te ha visto y quién te ve o Un veneno llamado amor. Pero es en 1996 con Cinco moscas azulescuando se lanza de lleno a la novela y, de paso, a hacerle la autopsia a cierta parte del mundo que la rodea.
Con Pequeñas infamias, premio Planeta 1998, se codea con el azar, la casualidad y la intriga encarnados en una sociedad que estudia y satiriza. En 2001 nos sorprendió con una biografía novelada, La Bella Otero, sobre uno de los personajes más singulares de principios del siglo XIX. En El buen sirviente (2003), de nuevo la sociedad actual se muestra como la modelo de pasarela ideal para mostrarnos los trapos sucios y cuan llena de vicios y vanidades está esa sociedad de ricos y guapos, muchas veces presente entre sus páginas.
Su último libro se llama Juego de niños (2006), una novela de intriga, que se atreve a enfrentarse a la maldad infantil, y de dobles tramas, la real y la ficticia que la protagonista, escritora, va trenzando poco a poco, y casi sin darse cuenta, con su propia vida.
En este mes tan otoñal disfrutamos de las respuestas de Carmen Posadas, una de las escritoras más conocidas aquí y fuera de nuestras fronteras. Nuestra moderada inquietud ha hecho que ampliemos un poquito nuestro cuestionario, ¿finalidad? afinar un poco más sobre ese proceso creativo; ¿la verdad? curiosear sobre cómo se realiza y concibe el acto de la escritura por parte de autores como Carmen Posadas:
¿Existe la inspiración? ¿Se busca o le encuentra a uno?
C.P. Creo que era Flaubert quien decía que el talento era 10% de inspiración y 90% de sudoración. Estoy de acuerdo con él. Yo desde luego busco la inspiración, a veces me viene a ráfagas, ideas geniales pero luego hay que concretarlas.
Realmente, ¿Es necesario, como decía Picasso, que la inspiración le pille a uno trabajando?
C.P. Sin duda, sino se convierte en uno de esos escritores de salón que hablan mucho y escriben muy poco.
¿Cree determinante el espacio y el tiempo? ¿Tiene usted algún lugar y horario preferente para la labor creadora? ¿Alguna manía?
C.P. Antes tenía muchas manías. Tenía que escribir en un block liso, sin rayas, con un rotulador negro. Ahora escribo en cualquier parte, en servilletas de cafetería, en hoteles sobre la cama… Ahora eso sí, yo soy diurna. Jamás escribo de noche.
¿Cómo se superan las dudas?
C.P. Con el viejo sistema de prueba-error, no conozco otro. Aunque no salga nada hay que sentarse y escribir, al cabo de un rato suele producirse eso que llaman el clic mágico.
¿Escribir es decidir?
C.P. Escribir es decidir, borrar, tirar y también, en mi caso reescribir y reescribir hasta que suene bien. Cada frase.
¿Cómo definiría el acto de la escritura?
C.P. Como una actividad un poco sadomasoquista. Algo así como “Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio, contigo porque no vivo, y sin ti porque me muero”.
¿Cuál es su estado de ánimo óptimo para trabajar?
C.P. Cuando he dormido bien. Sufro de insomnio y cuando no descanso lo único que quiero es que alguien me mime.
¿Nos podría describir su lugar de trabajo?
C.P. Es un cuarto mediano entelado en color beige. Pinchados por todas las paredes tengo fotos, recuerdos, portadas de libros, dibujos. Yo me siento de espaldas a la ventana para no ver que buen día hace ni nada que me distraiga.
¿Lleva siempre encima una libreta para notas?
C.P. No, si se me ocurre algo lo apunto en papelitos. Estoy llena de post-its, tarjetas, servilletas de papel, etc.
¿Cómo es su proceso creativo? ¿Qué le surge antes: el tema, los personajes, el espacio, el tiempo…?
C.P. Depende, a veces se me ocurre una escena y a partir de ahí escribo, otras un personaje, otras una frase, pero jamás hago esquemas previos ni tengo la más remota idea de la historia que voy a contar. Es como si yo fuera la primera lectora de lo que escribo.
¿Cómo se libera uno de los personajes creados?
C.P. No tengo problemas en eso, una vez acabado el libro abandono al personaje, de momento no he repetido personajes en otros libros.
¿Qué valoración da a la corrección?
C.P. Muy alta. Envidio a esos escritores que dicen que no corrigen, yo reescribo mil veces.
Una vez terminado, ¿cómo se enfrenta a las críticas?
C.P. Si son honestas aunque no sean buenas, bien. Me molestan las críticas que obedecen a criterios no-literarios, además, se les ve mucho el plumero.
¿Cuál es ese libro que habría disfrutado escribiendo?
C.P. Me hubiera gustado ser la autora de En busca del tiempo perdido de Proust.

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