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Concierto de Sunion en Sin-é,

Por Alex Torner
desde Nueva York

Que Nueva York es una ciudad en constante bullicio, y que literalmente nunca duerme, no es ninguna novedad. Entre los miles de garitos en los que todos los días hay música en directo, uno puede perderse en la maraña de bandas de rock, brit pop o indie que pueblan la escena neoyorkina. Por eso, la cita de hoy era aún más excitante si cabe, porque de entre toda esa pléyade de bandas es muy complicado encontrar una que haga algo distinto, que investigue nuevos sonidos y que busque nuevas formas de hacer música a las alturas a las que estamos.

Sunion en Sin-e

Hace un par de meses aproximadamente, me encontré por casualidad con el sonido de Sunion en uno de los locales con más solera de Nueva York, local que vio nacer a bandas míticas como The Ramones: el CBGB. Y allí, me quedé plantado escuchando, y descubrí que, al contrario de lo que yo pensaba, queda mucha música por inventar. El sonido de Sunion, es verdad, recuerda a Moby y a Portishead, pero tambien a The Cure y a Radiohead o, al menos, eso es lo que pensó la primera vez que los escuchó quien escribe. A veces, al igual que paso en Dublín a principios de los ochenta, o en Seattle en los primeros noventa, alguien decide no estancarse en los sonidos ya escuchados, y decide arriesgarse en el ejercicio más complicado que cualquier artista puede afrontar: crear. Mis candidatos en esta ocasión, son los componentes de Sunion.

Después de un concierto en el M1-5, un nuevo local en el corazón de Tribeca, me acerqué a Sonic (el alma mater ideólogo y fundador de la banda), un tipo de aspecto serio, con la cabeza afeitada, que se esconde siempre detrás de unas gafas de sol. Le propuse entrevistarle y acompañarles en el siguiente concierto como cronista de lo que podríamos llamar: “Un día con una de las bandas emergentes en la ciudad de Nueva York”. Dudó un poco, pero le acabé convenciendo. Me informaron de que el próximo show era en el legendario Sin-é, el bar del Lower East Side que ha visto nacer a la mayoría de las bandas famosas de la ciudad de los últimos veinte años. Por ejemplo, en el mismo escenario grabó su único disco en directo Jeff Buckley, cantautor maldito de los 90. Sería un momento importante para el futuro del grupo.

La cita era el día del concierto en el estudio de grabación y local de ensayo de la banda, en algún lugar del Upper East Side neoyorkino. Sonic me recibió puntual, y me presento al guitarrista Cesar Fontela que tenía pinta de haber vivido más de noche que de día, y que es la última incorporación de Sunion, así como a algunas personas más pertenecientes al entorno de la banda. Después, en el coche, además de Sonic y yo, iba Belma, la misteriosa cantante y ocasional teclista del grupo, de aspecto frágil y voz poderosísima. Mientras el conductor nos llevaba como quien persigue a un sospechoso por la autopista que circula paralela al East River, me preguntaba como sería el proceso de creación en la banda, así que saltándome el protocolo, que me obligaba a estar calladito hasta después del concierto, ésta fue la primera pregunta que le solté a Sonic. Como respuesta me contó brevemente que la mayoría de canciones empezaban con una jam session o con alguna idea concreta de algún componente de la banda. Después se pasaban horas y horas en el estudio colaborando, puliendo todos los detalles y encontrando los arreglos adecuados antes de trasladarlas al directo y, finalmente, grabarlas con toda la calma necesaria. El perfeccionismo es uno de los vicios de la banda.

Sonic de SunionDavid Bentley Joed

BelmaCesar

Llegamos a Sin-é como los buenos, media horita tarde, lo suficiente para que la gente que abarrotaba el local calentara motores con los teloneros, que tocaban muy bien una especie de rock and roll manchado de grunge. Como un buen presagio, una pareja delante de mí, comentó las ganas que tenían de ver de nuevo a Sunion en directo, las cosas pintaban bien. Me despedí de Sonic y del resto de la banda que entraba por la puerta que llevaba directamente al escenario de Sin-é, entré y esperé mientras los teloneros terminaban su última canción, al tiempo que yo pedía mi primera cerveza. Finalmente, llegó el momento, todos los componentes de la banda, entraron al mismo tiempo en el escenario, sin alardes. Sonic controlaba teclados, ritmos y programaciones. Cesar Fontela se acoplaba a la guitarra debajo de su gorra. David Bentley pasaba los dedos seguros por los trastes del bajo tejiendo el ritmo sólido que caracteriza el sonido del grupo. La voz inconfundible de Belma, empezó a sonar encima de las bases sintetizadas...

Come, come to the evening land,
Come, come to the evening land,

El público vibró con el concierto, que tuvo sus momentos de trip hop, acústicos y hasta dance y se quejó cuando las notas de la hipnótica Close your eyes cerraron la noche (“es importante dejarlos siempre con ganas de más”, bromeaba Sonic más tarde). Fue posiblemente la mejor de todas las actuaciones que de Sunion he presenciado y, sin duda, uno de los conciertos más interesantes que uno pueda ver hoy en día en esta ciudad.

Sunion

Después del show hablé un poco más con Sonic. Un par de cervezas le soltaron la lengua. “Estamos hartos que el sonido Strokes se identifique con Nueva York”, se quejaba. “Hay bandas que hacen cosas mucho más actuales e interesantes que copiar lo que triunfaba hace treinta años. El rock ha evolucionado mucho desde entonces, es una estupidez mirar atrás y no hacia adelante”. Le pregunté si no preferían escribir canciones más complicadas. “Hacer las cosas difíciles porque sí es pedante e inútil. Nos gusta construir nuestros temas con el mínimo número de acordes, como los Talking Heads hacían en Remain in Light, y dejar que las melodías los dominen. Que vayan donde ellos quieran”.

Oyendo esto, uno puede pensar que lo de Sunion es el art rock intelectual. Al fin y al cabo, en las letras trabajadas que escribe Sonic desfilan referencias a Poe, Shelley o Brönte. “Las etiquetas no sirven para nada”, me dijo Sonic. “Hacemos la música que nos gusta escuchar y está pensada para todos los públicos... siempre y cuando busquen algo más que tres acordes tocados con guitarras distorsionadas mientras alguien grita una historia de amor barata”. Sin duda la música de Sunion va más allá. En ella se notan influencias de las raíces de Europa del Este de la cantante, mezclada con los sonidos mediterráneos, la vanguardia electrónica inglesa y el pop-rock americano más clásico. La mezcla de culturas de los miembros de la banda contribuye de forma única al resultado final.

BelmaSunion ha publicado ya un disco en edición limitada, que curiosamente estuvo sólo disponible en España. Se trataba de una banda sonora para un libro de ciencia ficción, que sacó la editorial misma y ahora ya está agotada. “Empezó como una broma y al final fue lo que nos definió como banda”, contaba Sonic. A principios de año terminaron de grabar su primer disco oficial, para el cual aún están buscando un sello que lo distribuya. “Hemos estado hablando con varias personas, pero de momento no se ha concretado nada. Veremos que pasa...”. Pero la máquina no para. Los cuatro músicos, con la ayuda del colaborador habitual Joe D. Part a la batería, ya están grabando canciones para el siguiente CD. “Tenemos un montón de ideas que no podemos desaprovechar”, explicó Sonic. “Seguiremos tocando y grabando porque es lo que nos gusta hacer. No nos hemos metido en esto por el dinero o la fama...”.

Si la historia tiende a repetirse, Sunion y los otros innovadores de la escena de Manhattan sólo tienen que esperar su oportunidad. El mundo musical sigue regido por lo que sale de las entrañas de esta ciudad y tarde o temprano se reconocerán los méritos de los artistas inquietos como estos.
No todos los días se esta presenciando los primeros momentos de una gran banda… éste es el sonido actual de Nueva York
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Sunion

http://www.macip.org/sunion/band.htm

 

 

 
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