

Desde que un 6 de enero cambiara su vida, como Fernando Marías (Bilbao, 1958) dice en su página web, fecha en la que le fue otorgado el premio Nadal 2001 por El niño de los coroneles (Destino), su nombre no ha dejado de brillar con fuerza. Claro, un premio importante te hace de repente ese hueco, ese al que cada escritor aspira, mucho más cómodo y fácil. Pero Fernando Marías ha sabido afianzarse bien en ese espacio que ya le pertenece. ¿Cómo? Pues, primero, sin parar de trabajar e imaginar un momento, de hecho ese 6 de enero no era un comienzo sino un hito más; segundo, obteniendo repetidas veces reconocimiento a su labor creadora con merecidos y prestigiosos galardones literarios.
En 2004 fue el Premio Dulce Chacón de Narrativa por El Invasor (Destino), acaso la única novela española en la que aparece el conflicto de la última guerra de Irak como trasunto de la historia principal.
Tan sólo un año después vuelve a las páginas de cultura de los periódicos por ganar el premio Ateneo de Sevilla por El mundo se acaba todos los días (Algaida, 2005). Interesante historia que, inspirada en la anécdota del Dr. Jekyll y Hyde, describe el reencuentro de un dibujante de cómics con una ex amante que sufre una enfermedad terminal. Algo tan sencillo como esto dará para mucho, incluso para hacer un repaso a momentos destacados de nuestra historia más reciente, desde la Movida madrileña de los primeros ochenta hasta los trágicos sucesos del 11-M.
Tenemos este mes el honor de contar con las respuestas a nuestro cuestionario Sobre la creación artística del último galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2006, premio que otorga el Ministerio de Cultura y, como muchos ya sabréis, recayó en Marías por la obra Cielo Abajo (premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil 2005). Se me hace muy curioso que sea una obra sobre la Guerra Civil y que esté destinada al público más joven la que haya ganado. Pero me gusta. En Cielo Abajo el autor recrea los días de resistencia al asedio que sufrió la ciudad de Madrid desde noviembre de 1936 por parte de las tropas franquistas. Con este importante marco, el protagonista Joaquín Dechén se verá involucrado en el duelo aéreo entre dos antiguos amigos enfrentados por estar en distintos bandos. Y esto es importante porque siempre, tras los acontecimientos históricos que corren como un rollo de cinta cinematográfica, la vida de las personas son las que hacen grande esa Historia que solemos escribir con mayúsculas.
¿Existe la inspiración? ¿Se busca o le encuentra a uno?
Fernando Marías: Sí, existe. Y creo que, aunque se puede ayudar a convocarla, llega cuando le da la gana.
Realmente, ¿Es necesario, como decía Picasso, que la inspiración le pille a uno trabajando?
Entonces, y a la vista de la anterior respuesta, tendríamos que estar todo el tiempo trabajando. No, no es necesario. Conveniente tal vez.
¿Está ya todo inventado?
Casi todo. Se puede encontrar originalidad en algún matiz.
¿Cree determinante el espacio y el tiempo? ¿Tiene usted algún lugar y horario preferente para la labor creadora? ¿Alguna manía?
Me levanto a las 5 de la mañana para escribir cuando estoy metido en alguna novela. No tengo manías.
¿Cómo se superan las dudas?
En mi caso, dándole vueltas y fiándolo, al final, todo a la intuición.
¿Escribir es decidir?
Sí. Todo proceso creativo es decidir.
¿Cómo definiría el acto de la escritura?
Me dejo llevar por alguna historia que me emociona y trato de ponerla en papel para que emocione a los demás como me emocionó a mí.
¿Cuál es su estado de ánimo óptimo para trabajar?
Un poco melancólico.
¿Nos podría describir su lugar de trabajo?
Mi casa. Es un ático sobre la plaza de Atocha, y tengo el ordenador en el centro del salón, bajo la ventana inclinada del techo abuhardillado. En verano tiene mucha luz, y en invierno enciendo la chimenea. No se oyen ruidos. Ideal para escribir.
¿Lleva siempre encima una libreta para notas?
No. A veces la olvido. Pero las buenas ideas se quedan.
¿Cómo es su proceso creativo? ¿Qué le surge antes: el tema, los personajes, el espacio, el tiempo…?
Me surge una emoción, la capturo y trato de darle forma.
¿Cómo se libera uno de los personajes creados?
Cuando se pone el punto final a la novela.
¿Qué valoración da a la corrección?
Mucha, es ajustar los tornillos para que todo fluya ante la mirada del lector.
Una vez terminado, ¿cómo se enfrenta a las críticas?
Me dan bastante igual, tanto las buenas como las malas. Prefiero las buenas, claro.
¿Cuál es ese libro que habría disfrutado escribiendo?
Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy.

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