Por Paco Turégano
Prácticamente toda la mejor música pop que nos ha brindado la historia ha salido siempre de pequeños focos localizados de agitación subversiva que, gracias al impulso y la pasión de unos cuantos, terminan convirtiéndose en inspiración universal.

La historia que aquí se relata refleja perfectamente esta máxima, aunque a una escala mucho más modesta y que probablemente nunca tenga tanto peso como otras historias.
Para empezar, es necesario encuadrar la acción en un lugar muy concreto, la ciudad inglesa de Nottingham, una población situada en el centro del país y de casi 300.000 habitantes, conocida por la leyenda de Robin Hood. Sin embargo, para poder definir verdaderamente una escena musical donde los grupos ni tienen el mismo sonido ni siquiera comparten nacionalidad, es necesario definir un espacio mucho más concreto, por ejemplo, el pequeño local llamado Liars Club, emplazado dentro de otro más grande, el Stealth, en la calle Goldsmith, donde se pueda dar cabida a propuestas totalmente apartadas de los cauces normales de la programación en directo. Si a esto le añadimos un pequeño sello donde cobijar esas bandas, por ejemplo Alt Recordings, sólo nos quedará el último ingrediente para poder dar forma a una escena, y no es otro que un recopilatorio, publicado en julio del 2006 llamado Digital Penetration.
Si pensáis que ahora es necesario que defina el nuevo sonido de una generación es que no habéis entendido nada de lo que he tratado de transmitir. Ya que poco tienen que ver Architecture in Helsinki con The Neon Plastix, la cosa no va de encuadrar grupos de un mismo estilo, sino de agrupar en un mismo recopilatorio (el espacio sonoro de referencia) a gente con más puntos en común con respecto a sus inquietudes artísticas que en las posibles coincidencias de sonido, y es que el hecho de partir de puntos comunes no tiene porque traducirse en el mismo resultado final para todos.
Los puntos en común serían la independencia creativa alejada de lo comercial, las ganas de pasarlo bien, el apego por la cacharrería electrónica de diversa índole y lo vistoso de la puesta en escena. A partir de ahí, las propuestas desarrolladas van desde el pop luminoso hasta la electrónica ruidosa.
A continuación una breve muestra de los grupos que tienen más papeletas para pasar de ser una promesa a algo más serio.
The Neon Plastix: Sin duda los que
tienen más opciones para convertirse en un hit mediano (como White Rose Movement) o grande (The Bravery), un cuarteto de Loncaster, en Yorkshire, que se suben al carro de las referencias post-punk y new wave de principio de los 80.

Revl9n: Trío sueco que comienza a despuntar en Inglaterra, aunque lleve varios años dando guerra en su país. Dos chicas y un chico que explotan su imagen ambigua a base de electro-pop. Nada nuevo bajo el sol, pero cuentan en su haber con dos singles infalibles en diversos formatos: Walking machine y Someone like you.

New Young Pony Club: Quinteto londinense que hasta ahora sólo ha publicado los singles Ice cream y Get lucky. Su sonido tiene más referencias al legado percusivo de ESG y las melodías de Blondie, pero siempre llevándolo al oscuro terreno del post-punk.

Klaxons: Posiblemente uno de los grupos más desconcertantes de los últimos tiempos, al igual que sus compatriotras Test Icicles. Su música se compone de un compendio de estilos muy amplio, pop, hardcore y electrónica se mezclan para dar unos singles con nombres tan surrealistas como Gravitie’s rainbow o Atlantis to interzone, y unas letras sin ningún desperdicio. Su siguiente single es Magick y en breve sacarán disco para la discográfica Merek Records.

Shychild: Dúo procedente de Nueva York que con una batería y un teclado se bastan para hacernos bailar a base de punk-funk. Sus dos singles: The noise won’t stop y Technicrats pronto estarán sonando justo después del nuevo disco de The Rapture. No me extrañaría que acabaran en DFA.


Crystal Castles: Probablemente estos canadienses jamás traspasen la barrera que separa el underground del circuito comercial, ni falta que les hace. Sus composiciones a base de samplers de videojuegos ochenteros ─de hecho, su nombre es un homenaje a una popular maquinita de la época─ basculan entre el pop Taif y el ruido puro y duro. Hasta ahora cuentan con un single/cassete difícil de encontrar llamado Insecticon y un 12” llamado Magic spells.
Junto a estos nombres, podríamos hablar de otros grupos que también aparecen en este recopilatorio y que ya han conseguido consagrar sus propuestas, como los australianos The Presents (reviviendo el espíritu macarra del sello Gigolo), sus compatriotas Architecture in Helsinki ─aunque a estos los solamos encuadrar más en el tipo de bandas multitudinarias de pop─ o los ingleses Cut Copy, a los que ya se les concede incluso el honor de dar forma a una de las famosas sesiones del club Fabric (fabriclive 27).
Está claro que la máxima de «están todos los que son, pero no son todos los que están» se cumple a la perfección en este caso. Si a eso le sumamos la progresiva globalización de la forma de entender la música y las comunicaciones, no duden que pronto cohabitarán en un mismo espacio físico, temporal y sonoro grupos de varias nacionalidades, grandes y pequeños, con los puntos en común aclarados al principio de este artículo… creo que ya podremos hacernos una idea de lo que es una nueva «escena musical» que no tiene porque pertenecer a una misma generación.
Nota1: Por si el baile de nombres no ha sido suficiente, cabe apuntar otros como Hot Chip, Metric, Bondo do Role, Lo-fi-fnk, Holy Hail o Get Hustle para acabar de pintar un fresco que pueda representar una parte, divertida e irreverente, del panorama internacional de la música pop.
Nota2: Si les interesa el asunto acabarán oyendo hablar del término New Rave, nuevamente la historia se repite, y se crea una etiqueta para poder agrupar a grupos con alguna coincidencia estilística, de la que acabarán renegando la mayoría de los grupos metidos en el saco. Al final, después de todo, tendrán una breve nota a pie de página en la ya gruesa enciclopedia de la música popular.