
¿Cómo empezar? Sin duda es una de las cuestiones más difíciles de solventar, casi tanto como esta otra ¿cómo terminar?
Normalmente salvo estos “problemas” dándole a la tecla con la primera palabra que me viene a la mente cuando estoy pensando en el autor del que quiero hablar, un poquito, antes de dejaros aquí seguido sus respuestas a nuestro, ya familiar, cuestionario sobre el proceso de creación artística, en estos casos, literaria.
Pero no saber cómo empezar a hablar de José María Conget (Zaragoza 1948) es algo normal, porque… qué decimos primero, se puede decir de mil formas las muchas cosas que se quieren decir. Por ejemplo, que se estrenó en 1981 con Quadrupedumque, la primera parte de una trilogía llena de memoria y alusiones literarias y cinematográficas en cada línea, comienzo ambicioso, libro al que siguieron en 1984 y 1986 Comentarios (marginales) a la guerra de las Galias y Gaudeamus. Y decir, por ejemplo, que desde entonces su quehacer literario no ha cesado, de manera juguetona, experimentando con los géneros o mezclándolos, atento a todo, siempre con sentido del humor y ávido de cultura, esa cultura, como el cine o la literatura que ensancha los límites, a veces, raquíticos de la realidad; y ese apego a la sorpresa, a lo inesperado que tiñe los días normales de especiales. Buen observador de lo que le rodea, rico alrededor ya que Conget es un poco, como se dice en mi pueblo “culo inquieto”. De manera que al inspirarse en la cotidianidad lo ha podido hacer sobre la vida diaria en Zaragoza, Lima, Londres, Cádiz, Sevilla, París o Nueva York donde trabajó para el Instituto Cervantes.
¿Cómo seguir? Mejor surtir al lector nuevo de algún título más, sí, por ejemplo: Todas las mujeres (1989), Palabras de familia (1995) o Hasta el final de los cuentos (1998). En Cuarenta y tres y Octaba (1997) rememora su estancia en Manhattan; en Vamos a cantar canciones (1999) realiza un repaso autobiográfico a partir de las diferentes melodías que le han acompañado en su trayecto vital.
¿Los últimos títulos? El olor de los tebeos en 2004 y Bar de anarquistas libro de relatos de 2005 con el que ganó el premio Cálamo al Libro 2005. Curiosamente Antón Castro en su blog comentaba al respecto de estos premios que el propio Conget decía que era el primer premio que recibía en su vida. Esperemos que como merece no sea el último y tanto trabajo salga de esa zona indecisa llamada “autores de culto”.
¿Existe la inspiración? ¿Se busca o le encuentra a uno?
No, si por inspiración se entiende algo medianamente excepcional, por no decir sobrenatural. Existen las ganas, un desasosiego que no desaparece hasta que se traduce en palabras.
Realmente, ¿Es necesario, como decía Picasso, que la inspiración le pille a uno trabajando?
No creo. Las mejores ideas a mí se me ocurren en esos paréntesis de la vida que son los viajes largos de tren o avión.
¿Está ya todo inventado?
En materia artística, sí, desde hace siglos; pero lo importante son las variantes infinitas que cada época y cada creador genial imprimen a los mismos temas.
¿Cree determinante el espacio y el tiempo? ¿Tiene usted algún lugar y horario preferente para la labor creadora? ¿Alguna manía?
La primera parte de la pregunta no la entiendo bien. Supongo que no te refieres a las cuestiones metafísicas (o físicas) del espacio y el tiempo. En cuanto a mis manías personales, no tengo demasiadas: tiempo por delante, eso sí, y espacio para removerme y pasear maldiciendo cuando los textos se me resisten. Ah, siempre escribo a mano.
¿Cómo se superan las dudas?
Si uno es dubitativo, de ninguna manera.
¿Escribir es decidir?
Sí, claro, y muchas más cosas.
¿Cómo definiría el acto de la escritura?
Es el ejercicio de un oficio, no nos pongamos trascendentales.
¿Cuál es su estado de ánimo óptimo para trabajar?
Me gustaría partir siempre del entusiasmo pero a menudo no es posible.
¿Nos podría describir su lugar de trabajo?
Una mesa más o menos despejada, una silla, un boli. A la derecha un ordenador donde copio mis escritos una vez corregidos a mano. Muchos libros alrededor: poesía, cómics. Una inmensa cama (escribo en el cuarto de los invitados de mi casa).
¿Lleva siempre encima una libreta para notas?
Jamás.
¿Cómo es su proceso creativo? ¿Qué le surge antes: el tema, los personajes, el espacio, el tiempo…?
Llevo mis historias en la cabeza durante meses. Luego encuentran un ritmo, una estructura.
¿Cómo se libera uno de los personajes creados?
Decidiendo que la novela o el cuento se han terminado. No creo en la independencia de los personajes aunque reconozco que es una ficción literaria que ha dado muchos frutos y creado abundantes mistificaciones.
¿Qué valoración da a la corrección?
Yo corrijo mucho. Ya me gustaría ser más espontáneo o menos hamletiano.
Una vez terminado, ¿cómo se enfrenta a las críticas?
Soy poco original: las buenas me gustan y las malas me fastidian. A veces, de las negativas pero inteligentes se puede aprender algo.
¿Cuál es ese libro que habría disfrutado escribiendo?
Como no me gusta sufrir, supongo que he disfrutado escribiendo todos los libros que he publicado. Quiero creer que el mayor placer, mi mejor libro, está todavía por delante (lo que no pasa de ser una ingenuidad, ya lo sé).

Artículo siguiente >>
Enero 2007 ©