
Periodismo cultural, jajaja
Parte 1ª
Por Nacho Fernández
Uno de los grandes déficit que tiene España en el ámbito de los medios de comunicación es el trabajo del periodista cultural. En cambio hay una gran oferta cultural fruto de los beneficios económicos que aporta la cultura como fuente de recursos emergentes. Esta situación no está siendo compensada por las empresas de información al no invertir en más periodistas culturales especializados, a pesar de que ahora sí existe esta demanda.
Muchos de los medios, diarios, emisoras, suplementos, revistas y ahora las publicaciones digitales se ven desbordados cada día por la cantidad de acontecimientos, citas, desayunos de prensa, presentaciones, comidas o cócteles que tanto las editoriales como las instituciones realizan para presentar y dar a conocer sus proyectos culturales.

Un ejemplo no muy exagerado
El periodista cultural de un medio de información en una gran ciudad –me refiero a Madrid– debe empezar su jornada a las diez de la mañana con un desayuno en un hotel. Treinta minutos después está convocado por los políticos para una exposición. Una hora más tarde tiene que asistir al cóctel inauguración para prensa de una galería de arte, museo, festival internacional o encuentro… programado con entrevista.
Al mediodía tendrá una comida con una fundación o con un reducido número de colegas en un almuerzo de trabajo con un autor o editor, cineasta o político que viene a presentar su programa cultural o algo así a los medios.
Puede que tenga –el periodista– que tomar café con alguien que quiera comentarle algún asunto de su interés; si no, volverá a la redacción donde dos o tres mensajeros le han dejado, un libro, entradas para un espectáculo, un dossier de prensa de un festival de la cerveza (si es cultura) y es posible que una invitación Vip para el estreno esa misma noche de una ópera o pase privado de cine.
También es posible que haya podido recibir la convocatoria para un viaje en autobús o en avión a otra ciudad –yendo y viniendo en el día– con motivo de una presentación de carácter local o regional pero quieren que la información sea cubierta por los medios de la capital.
Abrirá su correo electrónico y verá cientos de e-mails con todo tipo de propuestas, sugerencias, inauguraciones, y presentaciones literarias, de artes plásticas, musicales, teatrales... Se pondrá a redactar la crónica de lo que hizo por la mañana con el tiempo justo para asistir a una presentación o a un nuevo cóctel de tarde o vino español como se dice por aquí.
Es posible que pueda tener un par de horas para ir a casa y si no esta muy cansado –dudoso después del día– ponerse una camisa limpia y salir a cualquier evento nocturno, por gusto –muy pocos lo hacen– o por compromiso con la persona que te ha invitado.
Esto no es Nueva York, pero Madrid es una ciudad muy dinámica y parece que los 10 ó 12 periodistas punteros que se dedican a la información cultural tuvieran el don de la ubicuidad. Esto que contado parece tan fascinante, trepidante y atractivo, al cabo de unos años de trabajo es: colesterol alto, sobrepeso, irritación ocular y casi estar a punto de traspasar la línea del alcoholismo.
El medio debería pagar al redactor –para empezar– un gimnasio y vales de comida de dieta.

Nuestros colegas
Parece que los informadores de la cultura son siempre los mismos. Es así. Igual haces un artículo sobre un libro, que sobre el estreno de una película o que lo que mande el director de la sección, se supone que el periodista cultural tiene que saber de todo.
En muchas ocasiones me encuentro con colegas que cubren la información para su medio, son periodistas que tiene muchos años de experiencia, que han corrido por distintas empresas y que han trabajado en diferentes soportes radio, tv, prensa escrita… Quizás ahora no estén muy relacionados con el evento que se presenta, pero los jefes de prensa de editoriales, productoras o instituciones los utilizan como reclamos para la información (en ocasiones diciendo el nombre del que asistirá) como un plus de información.
También está el caso de estos colegas de entonces que asisten a las comidas o ruedas de prensa, sin saber si quiera si podrán sacar una línea porque ya no son punteros aunque si viejas glorias. Son invitados para cubrir la cara ante el invitado –escritor, artista, actor– y su empresa de comunicación, han puesto un «famoso» en su mesa.
Esto ocurre porque realmente hay tal cantidad de actos que cubrir, que es imposible que los periodistas especializados puedan estar en todas partes.
Continuación en: Periodismo cultural II (mayo 07/ XIV)
Hakuyá rihsinakusunchis*
Vámonos conociéndonos en Quechua.
Nacho Fernández es director/editor de: www.literaturas.com
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