
Triunfando en el descorche
Por Julio A. González
La sesión no era apta para menores de 18 años y ninguno de nosotros alcanzábamos los 15. Cuando decidimos a suertes que sería yo, quien compraría las entradas, no me sorprendí. Parecía mayor que los demás e incluso se podría decir que tenía los 17. Les sacaba una cabeza a casi todos y también unos 10 kilos, pero aunque parecía un chico duro no lo era.
Hizo especialmente mucho calor aquellos primeros días de julio, el cine estaba casi vacío lo que ayudó bastante a que no nos pusieran demasiados inconvenientes para dejarnos entrar. Proyectaban Cuentos eróticos, nueve historias en las que el común denominador de los cortometrajes era los sugerentes aspectos filosóficos y hasta casi pornográficos del erotismo, lo que hasta entonces más nos interesaba y divertía. Aquellas imágenes de nuestra primera película del llamado ”cine del destape” permanecieron en nuestras mentes durante semanas y prevalecieron vivas en nuestros sueños, acompañando la mayoría de todas esas noches, cuando nos abandonábamos a la práctica compulsiva de la autosatisfacción, hasta quedarnos dormidos.
El termino “destape” fue acuñado por ÁngelCasas e introducida rápidamente en el vocabulario cotidiano para identificar aquellas películas con un alto contenido erótico y que en la época de finales de los setenta y primeros años de los ochenta acompañaron la transición con el firme propósito de erotizar al proletariado.


Matrimonios insatisfechos, adulterio, mujeres jóvenes precoces y elegantes que se dejaban pretender por hombres mayores, económicamente resueltos. Viudas joviales presas del sexo fácil y la autosatisfacción. Temas recurrentes y recurridos por unas películas que dentro del contexto cinematográfico, estaban sometidas a la censura y a un duro control político. A pesar de todo ello, algunos profesionales introdujeron críticas ocasionales a la moral de la época, como hizo Rafael Azcona intentando descolgar un conato de striptease con Carmen Sevilla como protagonista en La cera virgen, dirigida por José Maria Forqué en 1972.
En el tocadiscos sonaba machaconamente una canción interpretada a dúo entre Jane Birkin y Serge Gainsbourg, Je t´aime... moi non plus, era la señal. Los que aún no habíamos cumplido los 18 nos teníamos que ir de la fiesta y dejar que nuestros hermanos mayores y amigos se consagraran al magreo con fricción de novias y acompañantes.
El local estaba empapelado por completo con carteles de cine patrio y algunas páginas del Diez minutos de la sección “Famosas en la intimidad”, en las que actrices de la época se dejaban retratar en actitudes cotidianas con gran carga erótica.

María José Cantudo, Barbar Rey, Susana Estrada, Agata Lys y Nadiuska, formaban nuestra lista de las cinco diosas del cine español, tomando como referencia La Trastienda, película dirigida por Jorge Grau en 1976 que había encumbrado a su
protagonizada, María José Cantudo, al primer puesto de nuestra lista; al tratarse del primer desnudo integral femenino de la historia del cine español. No se aceptaban discrepancias.
Rápidamente eliminamos su recuerdo, cuando en el telediario primera edición, se empezó a informar sobre un nuevo fenómeno que llegaba a nuestras costas, las suecas y sus biquinis. Hermosas mujeres rubias minifalderas que sin ningún pudor aparente, hacían las delicias del español medio que después de años de represión sexual condicionada le definían perfectamente con el término “salido”.


Durante ese tiempo nuestra afición fue en aumento y según íbamos creciendo también lo hicieron nuestras exigencias y nuestros sueños. El trío “Ozores-Pajares-Esteso” que tantas horas nos había acompañado, habían hecho mella en nosotros, y ya nos sentíamos capaces de poder satisfacer a cinco chicas a la vez como en la película ¿Podrías con cinco chicas a la vez? dirigida por Ignacio F. Iquino donde aparecían actrices bandera del destape, como Raquel Evans y Eva Lyberten, o planeábamos una odisea erótica de fin de semana cono lo hicieron Jose Luis López Vázquez y José Sacristán en Lo verde empieza en los Pirineos de Vicente Escrivá.
El final llegó, desgraciadamente, en 1984 con la clasificación X, y ese cine del destape que jugaba al borde de la pornografía tuvo que ser “clasificado” ahuyentando al gran público de las salas. Todos aquellos actores, actrices, equipos técnicos y directores fueron poco a poco desapareciendo de las carteleras y dejando paso a los Amadeus, Pesadilla en Elm Street, Karate Kid, Gremlins, etc.
Nos queda el refugio de las ediciones en DVD y las reposiciones en algunos canales nacionales de pago, pero aquel espíritu del currante, salido y dominguero, golfo a ratos y triunfador a medias, permanecerá vivo en la memoria de algunos de nosotros.
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