Silencio se ama
Adoraban el silencio: el propio y el ajeno. Se quitaban los zapatos al entrar en casa para no molestar. Escuchaban la televisión con auriculares. Mantenían las ventanas siempre cerradas. Se hablaban en susurros llenos de amor y de mensajes estudiados: “Esta noche, amor…”. Hasta que una mañana de domingo, tras cerrar la puerta de su piso con el mayor sigilo, percibieron el indiscreto comentario de sus vecinos (“qué nochecitas… Es que no paran, los muy pelmas”), captaron su mirada algo turbia, y comprendieron que, tal vez, no eran tan silenciosos como creían.
Pilar Adón