Sumario Miscelanea 1 Letras 1 Cine 1 Musica 1
Cabecera Calidoscopio
Espacio inventado


Cinco poemas erótico
s

de Pedro Pardo



Negra

Surgió su piel negra en nuestra ansiedad
por anillarnos a una sombra de árbol.
Al perímetro de aquella raza de nailon
nos abrazamos como a una posesión
en sueños. De ebonita era el placer
de sus manantiales y al pulimento
azabache de un brote nuestras bocas
bebieron el ávido borbotón
de su propia sed; y como las tardes
suelen en las arboledas, se hicieron
lazos cada destello con su sombra
hasta alearse en un solo juncal
de río la calma de nuestros cuerpos.

 

 

Climaterio

Quisiera escribir sólo veinte versos
a tu cuerpo; mas siendo, como es,
tan ligero, quizás valgan dieciocho.
Bueno, como ya he consumido tres
y ése era otro, he de restarle cuatro;
aún menos: ¡no quedan ni dieciséis!.
Lo intentaré, pues, con estos catorce
y empezaré por el color de tu piel,
de aquella abultada extensión de carpa
que recoge tu forma al cien por cien.
Pero necesito para ello más versos
y ahora que me quedan menos de diez
¿por qué parte pequeña de tu cuerpo
debería comenzar otra vez?
si hasta el clítoris, un lunar o el ano
en su escondite exige más que estos seis
que apenas me quedan; y por menuda
que seas necesito más de tres
para abarcar toda esa menudencia,
así que, con pena, lo dejaré.

 

 

Materialismo dialéctico

“este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo”
(Blanca Varela)


No quiero llegar a tu alma
si está muy lejos de la piel
que te tiene circundada,

si alejada de la sed
que desde tu boca reclama
la que abrasa otra sed:

si para llegar a tu alma
hay que abandonar tu piel
como piensan los que claman

que lo sublime está en él,
negaré que exista el alma
más allá de tu placer.

 

 

Post-coitum

“convertir lo interior en exterior sin usar el
cuchillo” (Blanca Varela)


Desde la boca le das la vuelta
como un guante a tu cuerpo;
la lengua es tu vanguardia,
cazadora de insectos,
hembra como mi boca desflorada
del galante himen con que yo la sello.
Después es la membrana de tu carne
la que aflora en el beso
y un flujo encauzado por las arterias
desde sus alejados nacederos
me enrama y me absorbe
como una negra arena del desierto.
Ya casi eres tu inversa
y cuanto abrazo ahora es tan sólo sexo,
hacia arriba, expandiéndose
hasta cubrir entero
todo aquello que expongo;
mas tu quieres invadirme por dentro
y extraes de ti el órgano de la risa,
el tono que habla lento,
la onomatopeya
que musita, y el recuerdo de unos versos.

 


 

Pedro Pardo (Inéditos)

 


 

  << anterior
 

 

Marzo 2007 ©

   

 

calidoscopio.net © 2006/07