
El dedo
No es como el ojo, o la boca... está delante (y no detrás) de mis narices, y ahora lo tienes ante las tuyas... lo observo como si fuera ajeno, como si estuviera dotado de vida independiente. Es mi dedo corazón... corazón, ya te digo... El dedo por antonomasia: todo un personaje. No señala, como el índice; no apresa, como el pulgar; no es simbólico, como el anular; ni anodino y pueril, como el meñique. Se agita, se retuerce, se expresa, agresivo o sarcástico, cuando se yergue sobre sus compañeros para gritar a los cuatro vientos: qué le den por culo al mundo... Se comporta de maravilla, sabe moverse arriba y abajo y en círculos, sabe ser rápido, lento, suave y fuerte, sabe masturbarme, sabe masturbarte, sabe deslizarse dulcemente por agujeros (que le vienen como anillo al dedo), hurga en las entrañas… se estremece al sentir las contracciones de placer que te recorren, que me recorren, es el hilo conductor de las descargas eléctricas que me sacuden cuando el orificio de tu ano se cierra y lo presiona como si quisiera poseerlo, como si quisiera estrangularlo e incorporarlo a tu propia, a mi propia, carne.
Ababol