Vernissage
El vivo calor del espacio no dejaba fisuras para la reflexión por tímida que ésta fuera, ni tan siquiera para las dudas razonables. Todo en ese entorno estaba en cálida, profunda y determinada erección.
Vestigios de algo que en su tiempo fue una cierta e incomoda dignidad pasaban fugaces de tanto en tanto dando traspiés como partes de un sueño dieciochesco que ha ido perdiendo en el camino las zalamerías propias de un momento y un lugar, de una edad, que ya se ha sobrepasado con creces.
No esta mal, nada mal... –pensaba para mí– mientras sentía esa mano anónima ahí, justo ahí... Nada mal, ¡sigue! no te cortes ahora, dame el tiempo que necesito para reaccionar, para que la tibia sangre lenta y espesa inunde y haga su efecto turgente...
–¡Ey!, buen material...
Dijo en un susurro y de repente una voz anónima, cálida, robusta, aterciopelada...
–...
No dije nada, dejé que la mano experta siguiera su camino de placer. Apartaba la mínima toalla con la que cubría (es un decir) mis centímetros de placer y se hundía delicada y decididamente sospesando todo lo que hallaba a su paso mientras provocaba que el vello de mi nuca entrase también en erección.
–Hola.... ¡buenas manos! –susurré–.
–Gracias, ya te he dicho que hay buen material.
–Gracias también... mmmm....
Abrí algo más las piernas, mientras mi mano palpaba también en dirección al antebrazo ajeno con suavidad intentando llegar a zonas distantes en in-disimulada turgencia, intuidas en la penumbra que nos rodeaba.
Evidentemente se trataba de otro hombre al que la voz y la precisión de sus manos ya habían delatado, solo alguien de mi mismo sexo podía saber exactamente mis puntos de placer y dar con ellos a la primera sin ninguna vacilación y sin ningún pudor. Por mi parte, descubrí una morbidez cálida, joder... ¡vaya tamaño! –pensé– y ese tacto, surtió el mágico efecto deseado en ambos a la vez, bueno, bueno..., eso era rozar la perfección.
Así estaba, absorto en pensamientos de índole digamos “personal”, absorto hasta el punto que el “hola, ¿cómo vamos?” del artista que se me acercó por la espalda me hizo dar un brinco; supongo que debió resultar cómico pues varios asistentes al evento en nuestras cercanías esbozaron una mueca entre sonrisa-cómplice y sonrisa-reprobadora. El artista, directamente una carcajada.
–Joder, tío, ni que te hubiese pillado con las manos en la masa...
Dirigió su mirada hacia mi entrepierna y por poco se le cae la copa de vino.
–Como te pasas, se supone que eres el crítico de la exposición, de MM-III exposición...
Lo dijo así, arrastrando y enfatizando cada una de las letras.
–Y ya veo que estás para todo menos para eso; por cierto ¿quién te ha puesto así si puede saberse? Hombre, hay buen material.
–Cierto –conteste yo– pero te sentirías mas tranquilo si te digo que son tus pinturas las que me han dejado en este estado de excitación... ¿Me crees?
–Francamente ¡No! Eres un cerdo, ya sabemos como son las inauguraciones, pero un poco de calma.
Bueno, ¿qué te parece?
–¿La rubia? Fantástica.
–Oye, en serio, mis cuadros. ¿Dónde estás, en qué estás pensando?
–¿En serio?
–De verdad, dime...
–Bueno, tus cuadros están bien, el discurso bien hilvanado, con paralelismos en un post-conceptual aún vigente. Alguno... demasiado fácil, pero la mayoría tienen buena factura y sin concesiones decorativas. Te irá bien, ya lo veras.
–Gracias. ¿Y el resto?
–¿Qué resto?
–Que en qué más pensabas.
–Ah. Ese resto... Ya me conoces, pensaba en que la próxima inauguración la hagas en una sauna mixta... con calor y breves toallas para todos; nada de vino, ¡t-o-a-l-l-a-s! ¿Lo pillas? Me has dado un susto de muerte justo cuando estaba a punto de descubrir que a parte del tío que me estaba metiendo mano, y muy bien, por cierto, tenía al otro lado a una, esa, antológica rubia que empezaba también a entrar al trapo... Así que ya sabes, me debes una buena inauguración la próxima vez, me has dejado con la miel en los labios. Además, funciona a la perfección con tu obra, no vaya a ser que alguien te inscriba como post-expresionista-abstracto o algo parecido, ¿imaginas? Con una inauguración así, lo dejarías todo claro. Hazme caso.
–Eres un cerdo pero tienes razón, en la próxima, en vez de Petritxol... ¡Sauna!, te lo debo. Ah!, y por cierto, la rubia, esa rubia... es mi nueva amante. ¡Ni te acerques! Al menos hasta que haya salido tu crítica.
© Wilson Picktett
Barcelona, Febrero’07