Por Paco Turégano
La música siempre ha servido de vehículo para expresar los sentimientos de la humanidad, convirtiéndose en arte, pero también ha sido una manera de llamar la atención de la persona por la que nos sentíamos atraídos. El pop, tampoco ha sido una excepción, y durante gran parte del siglo XX ha servido de medio para que los adolescentes de medio mundo canten sus frustraciones tanto afectivas como sexuales, así como para intentar ligar gracias a la notoriedad que da subirse a un escenario. Ahora haremos un repaso por diferentes etapas de la música popular y por la forma y el fondo de las canciones de cada época.
Si bien es cierto que el artículo solo recoge una fracción de los artistas que han utilizado el sexo de forma consciente o no, quedándose en el tintero personajes como Jerry Lee Lewis, Barry White, Madonna o, ejem, Tom Jones, la muestra que leerán es lo suficientemente representativa.

ELVIS PRESLEY: I want you, I need you, I love you (1956). Una vez pasada la segunda Guerra Mundial y dividido el mundo en dos polos opuestos, EE.UU. empezó a experimentar una revolución cultural impulsada por su desarrollo industrial y sustentada por el consumismo y un mayor protagonismo de una nueva etapa de la vida que acabaría llamándose adolescencia.
Los adolescentes americanos, ávidos de nuevas experiencias y modelos de rebeldía, acabarían rendidos a los pies de un tímido chaval de Tupelo (Missisippi) que acabaría convirtiéndose en el icono de rock por antonomasia y cimentando las bases de la nueva cultura popular, donde empezaría a tener cabida tímidamente las pasiones juveniles y toda la temática sexual, aunque aún de una forma bastante recatada.
Tras el colosal éxito de Heartbreak hote, el productor de RCA, Steve Sholes, decidió grabar un nuevo tema lo más rápido posible para que el tirón de la emergente estrella no se redujese. Sholes escogió una pieza de los compositores Maurice Myselsss e Ira Kosloff, una desesperada declaración de amor en forma de balada estándar, que serviría para ir cimentando los principios del emergente estilo llamado rock. En ella Elvis llega a cantar versos tan atrevidos para la época como “hazme estremecer de placer” pero siempre desde un matiz ingenuamente romántico, más que sexual. Como curiosidad, decir que Elvis necesitó hasta 17 tomas para grabar la canción y aún así, Sholes quedó bastante descontento, por lo que hizo algo un poco inusual para los tiempos que corrían, cortó trozos de diferentes tomas y los unió en una sola canción. Para entonces, el rey ya tenía 5 singles en el top 20.

SERGE GAINSBOURG y JANE BIRKIN: 69 Année Érotique (1969).
Y llegaron los años sesenta, y con ellos un estallido de la permisividad en las relaciones sexuales. En los primeros sesenta las encuestas acerca del comportamiento sexual de los jóvenes
parecen demostrar que ni siquiera el 20% de los varones mantenía relaciones sexuales, pero ya a mediados de la década las revistas dedicadas de forma preferente al público juvenil empezaron a hablar de sexo con absoluta naturalidad. Es más, en 1959 comportamientos sexuales explícitos aparecían en la comedia norteamericana y en películas como La dolce vita, de Fellini. Los métodos anticonceptivos se difundieron en todo el mundo desarrollado de forma vertiginosa, siguiendo el modelo norteamericano. Además, la aparición del movimiento contracultural del hippismo ayudó a la normalización de la liberación sexual. Obviamente, no hablamos de España. Sin duda, uno de los mayores polemistas en materia músico-sexual fue el gran Serge Gainsbourg, artista multidisciplinar francés de ascendencia rusa que durante tres décadas mantuvo una tendencia (voluntaria o no) a escandalizar al mundo. Precisamente en el año 69 se dio el momento que mayor polémica generó con la aparición del disco Jane Birkin/Serge Gainsbourg, que contenía su canción más famosa, Je t'aime moi non plus, grabada primero con Brigitte Bardot y después con Jane Birkin, una declaración más o menos abierta al sexo, con un final culminado en orgasmo.


Otras de las canciones descaradamente sexuales del disco, continuación natural de Je t'aime moi non plus, es un monólogo de Gainsbourg con un final culminado por Birkin donde se dan la mano la chanson francesa con el pop orquestado que tan bien se le daba al francés, todo ello guiado por mediación de un omnipresente bajo y una letra que habla de la escapada romántica de dos amantes (el propio Gainsbourg y Jane Birkin) alrededor del mundo: Gainsbourg y su pequeña “Gainsborough” toman el trasbordador de su cama, por la ventanilla miran la costa, se quieren y la travesía durará un año, el año 1969, el año más erótico… Después vendrían el dueto incestuoso con su hija, el reggae, la experimentación y algún escándalo más, pero eso ya es otra historia.

BOB DYLAN: Lay lady lay (1969).
Canción escrita originalmente para el banda sonora de la película Cowboy de medianoche (película bastante escandalosa en su época por abordar el tema de la prostitución), pero que al final sólo acabó apareciendo en el álbum Nashville Skyline, donde Dylan hacía una nueva incursión en la música country alejándose cada vez más de los esquemas folk y rock y de esa imagen de portavoz de una generación que ya empezaba a pesarle demasiado.
Bajo la apariencia de una balada country tradicional (pero con el inconfundible estilo vocal dylaniano, aunque más suave y hasta dulce), se esconde una canción donde se dibuja una escena sencilla en la que ella descansa en una cama, mientras es abrazada por su novio, que le hace el amor hasta que rompe el amanecer. Es una canción de sexo narrada de una forma dulcificada, al estilo inconfundible del trovador de Duluth (Minnesota): “Me levanto para verte a la luz de la mañana, y sigo a tu lado alcanzado la noche contigo. Quédate, mi dama, quédate; permanece ahí mientras la noche exista”.

Al final la canción acabaría convirtiéndose en un estándar pop, llegando al puesto número 7 en Estados Unidos y sería versionada por cientos de artistas, y todo a pesar de las reticencias de Dylan por sacar singles.
MARVIN GAYE: Sexual healing (1982).
Después de dos décadas de aperturismo en materia sexual, esta década representó un atraso en los comportamientos abiertamente promiscuos de finales de los sesenta y setenta a raíz del
descubrimiento del SIDA. A nivel musical, aparecerá una serie de artistas que explotarían de un modo intencionado toda una iconografía sexual.
En el ocaso de su carrera como gran figura del soul, tras acabar su contrato con la mítica Motown, Gaye arrastra una adicción a la cocaína y un nuevo fracaso matrimonial que le conducirían a escribir uno de los albumes más exitosos de su carrera, Midnight Love, producido y arreglado también por él mismo. Aunque ya había grabado canciones de temática sensual, incluso un álbum entero (Let´s get in on), sin duda, Sexual healing representa uno de
los mayores cantos a la práctica del sexo de la historia del pop. A través de las cajas de ritmo y de los sintetizadores de la época surge la cálida voz de Gaye diciéndonos directamente que “está tan caliente como un horno” y que “el amor que me das me liberará”, el sexo como medicina para el alma y el cuerpo.
La canción fue un éxito permaneciendo en el número uno varias semanas, y el álbum que la contenía llegó hasta el siete en la listas de Billboard americano. A pesar de todo, Gaye se sumió en varias depresiones con intentos de suicidio y precipitando un triste e insospechado final, al morir a manos de su padre de un disparo mortal.
PULP: This is hardcore (1998).
En la década en que el erotismo acaba introduciéndose en los aspectos más cotidianos de nuestras vidas de una manera más o menos encubierta, he elegido una canción con un cierto aire de lujo
decadente, alejado de la sofisticación y elegancia de lo que se consideró el género sensual por antonomasia de este decenio, el Trip hop.
Tanto esta canción como el álbum homónimo reflejan el estado anímico de todo el grupo, que se veían agobiados por una presión mediática y personal producida por el descomunal éxito que tuvo en Inglaterra su anterior disco, Different Class (1995). Esto se tradujo en un disco introspectivo donde se dan cita el sexo, la culpa, el amor, la soledad y otros males que nos afectan como individuos
en esta sociedad.
Mediante un loop de orquesta sampleada Jarvis Cocker nos introduce en una fantasía erótica de seis minutos. Cocker estructura en tres partes su propia película porno. Con una visión a lo Douglas Sirk intenta profundizar en la raíz del deseo y, para eso, se apoya en una orquestación densa y oscura, susurrando reflexiones sobre su oscuro objeto de anhelo en cinemascope, culmina la última parte con un saxo elegante, mientras canta: “Oh , que espectáculo tan infernal, pero lo que quiero saber es: ¿qué harías exactamente por una reverencia?... porque esto es porno duro”.
JUSTIN TIMBERLAKE: Sexyback (2006).
Con la entrada del siglo XXI la sexualidad acaba convirtiéndose en una cuestión de salud y poco a poco la sociedad va “normalizándose” ante las diferentes opciones sexuales existentes. Pero también, cada vez más, los medios de comunicación y la publicidad se han ido sexualizando, muchas veces de una manera bastante artificial y, en algunos casos, acompañado sorprendentemente de una actitud mojigata. Un perfecto ejemplo contextualizado en el mundo musical es el single Sexyback de Justin Timberlake, que servía como carta de presentación del disco Future sex/ Love sounds, publicado el año pasado.
Tras el gran éxito de crítica y público que cosecho Timberlake con su anterior disco, Justfield, llegando a compararlo con el Michael Jackson de los 80, éste se agenció a uno de los productores de moda
, Timbaland, para poder construir un disco de pop comercial pero a la vez lo suficientemente arriesgado en los arreglos como para que no lo volvieran a comparar con su trabajo en su antigua banda de pop para adolescentes, NSYNC.
Sexyback, fue de nuevo un éxito de crítica y de ventas. La canción se compone básicamente de los trucos de producción de Timbaland, combinando el electro de los 80, muy cercano al hip hop, ritmos entrecortados, coros hechos por él mismo, voces retocadas y unas gotas de pop, o sea, un tema tan insustancial a nivel lírico como pegadizo a nivel musical. La letra básicamente es un tímido acercamiento al mundo sadomasoquista y el fetichismo, “ves estos grilletes, nena, soy tu esclavo, te dejaré que me des latigazos si me porto mal, solo porque nadie como tú me hace sentir de esa manera (…) muéstrame lo sexy que eres”. Pero todo milimétricamente estudiado para escandalizar lo justo para no crear la polémica que pueda ofender a la bienpensante sociedad norteamericana, y es que Justin aprende pronto, y desde el pequeño “incidente” junto a Janet Jackson, sabe hasta donde puede llegar.