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Los muertos


Gomorra


De vueltas con la no ficción contemporánea

Por Jordi Corominas i Julián

Los tiempos se mueven en función de unas dinámicas concretas que se confirman con el paso de los años. O eso o la no ficción me persigue sin ningún disimulo. Hace justamente un año comentábamos en estas páginas Tor de Carles Porta, monumento de rigor investigativo, algo no muy sorprendente si recordamos que el autor es un periodista con un largo bagaje profesional y un prestigio a prueba de bombas en el campo de la investigación periodística.
La nueva sorpresa llega de Italia y brilla por juventud y coraje. Hablamos de Roberto Saviano (Nápoles, 1979) y su Gomorra, libro que desde su salida editorial en mayo de 2006 ha vendido más de un millón de ejemplares. Editado en su edición española por Debate y en la catalana por Empúries, el libro cuenta los entresijos de la Camorra de Nápoles y alrededores a través de la vivencia personal del autor, quien recorría con su moto los lugares del texto, que en ningún momento puede considerarse una novela, a la búsqueda del conocimiento total de los mecanismos del sistema mafioso que oscurece el brillo de la capital de la Campania.
Gomorra se enmarca dentro de una tradición italiana caracterizada por la necesidad de conocer lo cercano. Al hablar de este tipo de literatura los referentes no son sólo escritos, sino que es inevitable fijar la vista en el neorrealismo italiano y su búsqueda de la verdad cotidiana. Sin embargo, en Saviano hay otra voluntad, de aquellas que te pueden costar la vida. El autor, amenazado por la Camorra, cree firmemente en la presencia de la Historia dentro de la historia cotidiana y por eso se lanzó al vacío de los suburbios napolitanos. A partir de la anécdota, algo que no necesariamente significa brevedad temporal, se puede entender el engranaje que posibilita el éxito de una sociedad mafiosa siempre en transformación. Saviano arriesga, va a vivir al puerto y de este modo nos presenta, el lector siempre es una referencia, como tendría que ser en una justa sociedad de la información, como funciona el enorme mercado de la economía sumergida que exhibe sin pudor el poderío de la nueva China del 2000, que oculta su firma entre ropa de marca, complementos varios y mierda, mucha mierda. Este primer capítulo hace entender el estilo del autor, empeñado sin remedio, dado que necesita beber de realidad pura y dura, en escarbar con dulzura personal y pluma letal las entrañas de un monstruo capaz de tener modistos geniales que, sin saberlo, preparan el vestido de Angelina Jolie para la noche de los Oscars de Hollywood.

asesinato en la calle

El capítulo más periodístico, si bien tiene momentos anecdóticos memorables, es la guerra de Secondigliano, texto fundamental para entender cómo funciona la Camorra y por qué suscita tanta adhesión en determinados sectores de la sociedad, sobretodo en los suburbios, donde la gente vive sin pena ni gloria y acepta trabajos deshonestos para poder crecer en la escala socio-económica, sin que en algunos casos importe mucho la explotación de este rico, pese a la miserable apariencia, tercer mundo europeo. En Secondigliano las bandas, los Di Lauro y los spagnoli, no dudan en sacrificar a pobres yonkis para comprobar si su droga tiene la dosis justa para no matar. En Secondigliano se aprende a usar un arma y a saber de cadáveres en la adolescencia. En Secondigliano podemos ver una Dacha rusa, residencia de uno de los capos. En Secondigliano se encierra el mundo entero bajo las fachadas sucias y la familiaridad del barrio, putrefacto y herido de muerte.

NapoliLos otros capítulos hablan de la periferia, el negocio de la basura y la influencia, punto donde Saviano roza lo perfecto en el arte de la observación directa de la realidad, del cine en el comportamiento de los miembros de la Camorra, sobretodo entre los más jóvenes. Algunos de ellos repiten frases de Samuel L. Jackson en Pulp Fiction de Quentin Tarantino, director de influencia máxima, pues por su culpa las nuevas hornadas de la Camorra ya no saben empuñar un arma como dios manda. En general para disparar bien conviene mantener el arma recta, mientras que ahora muchos la ladean al querer ser émulos de héroes de ficción. El cine y la Camorra son opulencia y ridículo. Uno de los capos hizo que le construyeran una casa igual centímetro por centímetro a la de Al Pacino en Scarface el precio del poder. Otro de ellos al ser detenido no dejó de mirar a la cámara, sintiéndose una estrella internacional, actitud contradictoria en un mundo de lo oculto en todos los sentidos, pues, sorprendentemente, los medios dedican poca atención al fenómeno. Aquello que no aparece en los medios, no existe, así se evita suscitar tensión para esconder implicaciones profundas de los que detentan el bastón de mando.

Hablando con el autor pensé en su valentía. Saviano tiene 28 años y toda una vida, eso espero, por delante. Me decía, e insistía entre múltiples citas, que le indigna la ignoranciaRoberto Saviano deseada por unos pocos. Estaba en Barcelona y se escandalizaba. La Camorra mueve mucho dinero en la Ciudad Condal. Y no se dice. No se sabe. O se sabe demasiado bien. Saviano me miraba y hablaba de la droga y la globalización del crimen. También sonreía y era afectuoso, algo que me sorprendió dada su situación. Quizá necesitaba afecto y relajarse hablando con alguien de su edad, sin la tensión de la entrevista de pregunta-respuesta.
Lo considero un literato por su pensar sin pausa sobre el estilo y la forma. Investiga pero aspira a más. Su único problema puede ser haber escrito una ópera prima que marca un antes y después en su temática. Quizá quede marcado y repita la fórmula, como si realizara ampliaciones de Gomorra. Esperemos que su rumbo pueda concretarse en una novela que muestre, es la otra posibilidad que tenemos si queremos reflejar con precisión nuestro tiempo histórico y sus piedras miliares, la realidad de cerca y haga que el lector se sumerja dentro del libro sin remisión pero con placer.

 

 

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