
Poemas
de Ana Pérez Cañamares
HIJO MÍO
Que soy libre, me dicen.
Pero si quisiera tener otro hijo
tendría que llevarlo al Banco de la esquina
porque suya es mi casa.
Mi niño llamaría padre al director
y madre a la cajera
aprendería a andar con una silla de oficinista
dormiría en un cajón del archivador
y yo sólo sería un pariente lejano
que le sonreiría desde mi puesto en la cola.
Me pasaría de vez en cuando con la excusa de ampliar la hipoteca
sólo para ver qué tal me lo crían
cómo le afecta el aire acondicionado
si sabe poner un fax
y si el director le regala un juego de sartenes
por su cumpleaños.
Del poemario La alambrada de mi boca
DÍA NUEVO
Cuando mi hija está por llegar
-luego la ayudaré con los deberes,
veremos alguna película,
discutiremos,
le diré cuánto la quiero,
ella dirá yo también-
cuando aún me queda un rato para leer,
para quitar el polvo acumulado sobre la tele,
para especiar la comida que comeré sola,
cuando mi gata ronca,
y la calefacción funciona,
y tomo una cerveza fría,
y la lavadora da vueltas
con nuestra ropa mezclada,
camisetas y calcetines unidos en un abrazo,
cuando la luz del sol se queda fuera
y mantiene mi casa en penumbra,
con el brillo apagado de un licor
no me queda más que decir gracias.
Seré generosa por un día
y me agradeceré haberme traído hasta aquí,
bajo un techo que mantiene nuestros besos
y nuestras benditas diferencias
a resguardo.
EL AMOR, A VECES
El amor es a veces
a media tarde de un día que nos ha visto madrugar
que nos ha visto inmolarnos en aras de una nómina
a final de mes
el amor es a veces
este secuestro
un cansancio triste y apagado que me toma por rehén
un esperar que me liberes
sin haberte mandado una señal
sin que nadie haya puesto precio a mi rescate
sin que el zulo haya tomado rostro de agujero
sino la limpia y anodina cara de nuestro cuarto.
Del poemario La alambrada de mi boca
LA CERTEZA
El perro va detrás
de vuelta a casa
la pelota en la boca
niño congelado para siempre en su docilidad.
Llega a la esquina y la dobla
sin asombro, sin duda.
Como su amo, ha aprendido a respetar las esquinas
a esperar en los semáforos
a conocer el momento para cada cosa
a aceptar la cortante realidad de las convenciones
servidas en un plato.
EN PROPIEDAD
Tú siegas la cocina
yo planto flores en el baño
volvemos del trabajo sudorosos
y con orgullo observamos
nuestra parcela de treinta metros
que cuidamos con el fervor
de pequeños terratenientes
Del poemario La alambrada de mi boca
GENERACIONES
Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá, quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.
Cuando mama murió, durante unos segundos
no tuvimos muy claros los lazos que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momento de nuestras vidas
estábamos viviendo
o muriendo.
Del poemario La alambrada de mi boca
HERENCIA
Las poetas suicidas me llaman.
Yo no las escucho.
Come fruta, me digo,
vigila los deberes de tu hija
recuerda la fecha en que vivimos
repasa tu nómina
no olvides la cita del ginecólogo.
A veces hago caso a la madre muerta que enterré en mí.
Otras me tumbo en las orillas de los ríos que os tragaron
y el sueño me evita
y la oscuridad se adensa a mi alrededor
como una mermelada irrespirable.
Os acercáis, pero yo
no os oigo. Aprieto los dedos sobre los oídos
me agarro a los barrotes que me sostienen.
No sé planchar pero hoy es quince de septiembre
cada tres días llamo a mi padre y le pregunto qué ha comido
aunque confieso que sin ningún sentimiento.
No oigo voces aunque la mía a veces
suena insistente
como la radio que sube por los patios.
No os voy a escuchar.
Quizá estáis calladas
y es sólo esa mezcla de vanidad y homenaje que me enajena
lo que hace que os confunda con el silencio.
No importa.
De momento recuerdo dejar mi locura
doblada junto a la ropa
cada vez que me sumerjo en el agua
o en uno de vuestros versos
Del poemario La alambrada de mi boca
HOY ES UNO DE ESOS
Este día de hoy
como a una manzana quiero morderlo
con un bocado amoroso y firme
que haga justicia
a la promesa de su cielo
a los sonidos del otoño
que voy a cruzar, una vez más,
joven.
LONDRES
Londres me daba miedo.
Más que una ciudad
parecía la demostración de un teorema
los fractales de sus calles
las casas como un ejército de clones
las aceras como el recorrido circular de una obsesión.
A menudo el único sonido eran mis pasos.
De tanto en tanto, una voz en un tercer idioma
casi siempre gritando.
Una vieja temerosa tiraba la basura
o le abría la puerta al gato
y volvía a cerrar la puerta.
Si todos teníamos miedo, ¿de quién nos asustábamos?
La noche era densa en los jardines traseros
y entre los árboles de invierno.
En cada cocina escasamente iluminada
imaginaba a una madre llorosa
metiendo la cabeza en el horno
después de servirles un vaso de leche a sus hijos
o a un hombre solo emborrachándose
detrás de las cortinas
frente a un televisor estropeado.
Pero si hubiera llamado a su timbre
no me habrían mirado a los ojos.
Yo iba hacia mi casa
recorriendo las aceras
como si fueran senderos de un monte empinado
la cabeza gacha
los ojos entrecerrados por el frío.
¿Era así todo Londres?
¿O era sólo porque vivíamos
en un barrio pobre
y todos teníamos miedo?
PERDONA
perdona si alguna vez te empujo hacia el futuro
te obligo a trazarme coordenadas
a plantar la próxima señal en el camino
a medir los kilómetros de espera
a contar las horas que nos faltan
perdona si hago preguntas estúpidas
como a qué hora servirás mañana la comida
cuándo calculas que se nos acabará la leche
en qué momento habrás terminado
de contar los lunares de mi cuerpo
es por este vértigo que me entra
asomada al filo de los días
por esta adicción a la máquina
que pauta los insomnios
por esta locura vieja
sobre la que me apoyo
la que me sustenta
la que me presta las muletas
que otros dejaron atrás como herencia
cuando ya no pudieron más

Ana Pérez Cañamares (Sta. Cruz de Tenerife, 1968) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. En días idénticos a nubes (Editorial Mileto), su primer libro de relatos, dedicados al tema de la adolescencia, fue publicado en el año 2003. Antes, algunos de sus cuentos habían aparecido en antologías tales como Por favor, sea breve: antología de relatos hiperbreves (Editorial Páginas de Espuma), Lavapiés (Editorial Ópera Prima), Maldito amor mío (Editorial Signo Tres, Lima), y Escritos disconformes. Nuevos modelos de lectura (Ediciones Universidad de Salamanca), entre otras. Ha ganado premios de poesía y relatos (fue finalista en La Sonrisa Vertical, dentro del colectivo Cori Ambó, con el libro Allegro Nada Moderato, recientemente publicado por LcL; premio de relato hiperbreve del Ateneo de Gijón (2002) y segundo premio de relato del certamen convocado por la Fundación de Derechos Civiles (2003). Mantiene colaboraciones asiduas en diversas publicaciones literarias, como las revistas digitales www.literaturas.com, www.babab.com, www.margencero.com, www.ariadna-rc.com y www.lainsignia.org ). Ha sido profesora del taller de iniciación a la escritura impartido a través de internet, en la página www.escritores.org, y jurado del X premio de relato hiperbreve del Círculo Cultural Faroni. En la actualidad escribe en su blog http://elalmadisponible.blogspot.com, reside en Madrid y se dedica a la escritura de poesía.