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El fin de lo autentico

La advertencia de tendencias
a través de los premios (I)


Les recomiendo una nueva actividad cinéfila para 2008. Aprovechen los meses comprendidos entre enero y marzo para ver cine clásico y dejen las novedades de la temporada para después de los grandes premios, entre ellos el de la estatuilla americana dorada que se parecía al tío de alguien.
¿Por qué? El análisis queridos, el análisis. La frialdad del tiempo transcurrido ayuda, y mucho, a sopesar las verdaderas cualidades de las películas y los motivos de tanto galardón, factor que, pese a todo, quizá se valora demasiado hoy en día.
La primera conclusión de la gran estación de Infiltrados es confirmar el monopolio de poder en Hollywood de dos grandes grupos. Excluyo el tercero, el clan Coppola, al considerar María Antonieta algo tan fallido como los últimos filmes de Nicolas Cage desde su memorable actuación en Leaving las Vegas.

OCEAN 11

El primer lobby americano del año 2000 parece ligero, pero no lo es. Tiene varias ramificaciones entre las que destaca la formada por Steven Sodebergh, George Clooney, Brad Pitt y Matt Damon. Son nombres suficientemente ilustres como para glosar aquí su vida y obra. Sin embargo, conviene mencionar la rebelión del tópico “es tan guapo” por parte del dúo Pitt-Clooney, en el que podríamos englobar a Angelina Jolie en grado menor, y la confirmación de la inteligencia de los otros dos componentes del clan, Sodebergh-Damon, vencedores de importantes premios de la Academia en la última década.
La unión de este nuevo rat pack, que prefiere Vía Veneto a Beverly Hills y buenos vinos y urbanismo de calidad antes que el orgullo de ser americano, nace con la saga dedicada a Danny Ocean. No hablaremos mucho del contenido de la trilogía del grupo liderado por Clooney. Son obras que, aunque parezca mentira, pasarán a la Historia del séptimo arte al significar una muestra del nacimiento de un poder. Un largometraje como Ocean’s Eleven puede ser visto como un manifiesto de formación y un remake evocador de Sinatra y los suyos a la vez que un divertimiento con una ambición desmedida que los dos siguientes títulos de la saga reafirman, y no sólo como éxito de taquilla, factor fundamental que permite poder enfocar proyectos más ambiciosos, sino también como creciente exponencial de poder con la incorporación de elementos de prestigio europeos y americanos como son Vincent Cassel, Monica Bellucci y esa leyenda llamada Al Pacino.
El éxito de la trilogía ha cambiado la vida de sus protagonistas. Sodebergh juega entre el gran cine y lo taquillero. Es consciente de la importancia del dinero, ha trabajado con los mejores actores y sabe que puede contar con ellos para ideas de calidad exprimidas en alguna de sus últimas películas, de las que destacaría algunos momentos de Solaris -remake ciertamente inferior al clásico de Tarkovski-, su fragmento de Eros, The good german y las futuras The argentine y Guerrilla que versan sobre la figura de Ernesto Guevara, reencarnado en el cuerpo de Benicio del Toro, otro buen amigo del director de películas tan remarcables como Kafka o Traffic.

Benicio del Toro

La relación con Sodebergh ha llevado a Clooney, Pitt y Damon por senderos inesperados tiempo atrás. Clooney se consolida día a día como un buen director, si bien al que escribe le gustó más Confessions of a dangerous mind que Good night and good luck, con dos proyectos futuros y un sinfín de rutas abiertas como actor y productor. Clooney destaca por su labor en pos de concienciar a la mediocre América del 2000 de los males que corroen nuestro planeta, algo que le hermana con el cine comprometido, movimiento por donde se mueve siempre con más insistencia Brad Pitt, quien desde su papel en Fight Club no parece parar de crecer. El verdadero interés de su figura a nivel fílmico brilla por su nuevo rol de productor. Su nombre figura en Infiltrados -prueba de la asociación, para gloria del cine americano- en este apartado del filme de Martín Scorsese, quien contó para su última obra maestra con otros cuatro elementos de los núcleos de poder del Hollywood del 2000: Matt Damon, Mark Wahlberg, Leonardo DiCaprio y Jack Nicholson.
Los dos primeros tienen el privilegio de ser los primeros miembros del club en formar parte de una película de Martin Scorsese, padre fundador de la segunda mafia, un dúo prolífico, por indiscutibles motivos de calidad fílmica. ¿Quién no querría trabajar en una película del viejo Marty?
Matt Damon es un chico listo que, al igual que muchos de sus compañeros, alterna producciones comerciales con obras de autor.
Pese a destacar desde sus inicios se siente en su presencia ante la cámara una mayor seguridad, al tiempo que destaca por su variedad de roles.
Mark Wahlberg
La incorporación de Mark Wahlberg en la lista obedece a su cada vez más selecta elección de papeles y a la colaboración que en su día tuvo con Mister Martini Clooney en aquel bodrio horrendo llamado La tormenta perfecta. Con Infiltrados el antiguo ídolo musical de adolescentes recibió una nominación como actor secundario en la gran cita anual del cine americano y exhibió un dominio del personaje sin igual, algo difícil en un filme con tan buen guión e interpretaciones.

Leonardo DiCaprio es el partenaire perfecto que da rostro a los proyectos del segundo lobby del Nuevo Mundo. Despreciado como simple símbolo después del mastodóntico, en todos los sentidos, Titanic, decidió centrar su carrera en pocas y concretas películas. Ha acertado. Sus propios colegas, actores y directores, le consideran el mejor actor de su generación, algo que debe especialmente a su amigo Scorsese, quien ha encontrado con él un diamante sin sangre que parece no tener freno, como una carretera que se expande en mil direcciones, que en su caso llevan para el futuro los nombres de Sam Mendes, Ridley Scott y -sí, otra vez- del director de Taxi Driver.

Departed

Por su parte huelga mencionar, sin que sea ningún descubrimiento, la importancia de Jack Nicholson en el mundo de las estrellas y del glamour hollywoodiense. Sus mil y un premios y un indudable carisma constituyen ya dos elementos que corroboran su importancia, que en el caso de Infiltrados se erige en última pieza del puzzle del poder, con cada uno de sus elementos en partes fundamentales de la gran triunfadora de la noche cinematográfica del planeta, lo que no significa, ojo, máxima calidad y rigor, rasgos más atribuibles a Cannes o a los siempre atractivos Globos de Oro.
En el próximo artículo de esta miniserie recapitulativa hablaremos de México y dos formas de entender el séptimo arte, una comprometida con un toque forzado, otra inesperada y trascendental si queremos que el cine logre que piense España.

 

 

Jordi Corominas i Julián
Miembro del comité de redacción de los quaderni del CSCI
(Centro di Studi sul Cinema Italiano)

 

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