Sumario Miscelanea 1 Letras 1 Cine 1 Musica 1
Cabecera Calidoscopio
Notas al margen


http://mural.uv.es/azahon/html/autores.htm

 

 

 

Por Jorge Fernández Abregú

 

Sin duda, hubiese sido mucho más oportuno publicar este texto en mayo de 2006, cuando se conmemoró el centenario de la muerte de Henrik Ibsen, fundador del drama moderno. Nunca es tarde para recordar su legado y reflexionar sobre su aportación a las generaciones venideras.
No es mi deseo realizar un estudio sobre el autor de Casa de muñecas, doctores ya tiene la iglesia para ello, sino rendirle humilde homenaje desde mi experiencia como espectador y admirador de su teatro.
Estoy convencido de que si hoy se hiciera algo así como un sufragio universal para elegir a los mejores dramaturgos de la historia seguramente Ibsen  estaría presente en la lista y mi voto  lo depositaría en su urna.
Es cierto que existieron autores tan  significativos como Shakespeare,  Chejov  o  Lope. Con una pluma lúcida, trasgresora que con el transcurrir de los años, de los siglos les ha otorgado la indiscutible categoría de clásicos. No me gusta toda la obra de Lope, si bien tiene cosas increiblemente buenas que alterna con culebrones del siglo  XV.  Sin embargo, Ibsen  ha sido  muy lineal  extremadamente lineal; mi intención no es compararlos sino dejar caer una sutil herramienta para fundamentar mi voto.
Hay personajes que siempre tendrán vigencia; sus aportaciones al arte escénico perduran, son cimientos que resisten el esnobismo por calidad, trasgresión y voluntad de cambio, siendo hoy en día universales.

Tal es el caso de  Stanivslaski   el maestro ruso  y su significativo aportación con  el método de las acciones físicas  vinculado al realismo; en lo concerniente  a la construcción  de un texto dramático, el noruego sería el personaje más significativo, con él  no sólo se inaugura un antes y un después dentro de la dramaturgia occidental, si no que también  Ibsen rescata  los elementos del teatro griego, sus obras pasan a ser las nuevas tragedias del siglo.
Hijo de un comerciante,  nace en Skien, pequeño pueblo de Noruega. Su pasión pasará por la medicina, pero debido  a los fracasos constantes de su padre en los negocios, el joven Henrik ve truncadas sus ilusiones  para que sus padres le financien sus estudios de medicina, esto no lo retiene e irá a por  sus sueños: deja atrás su vida familiar y se traslada a Cristänia, donde se emplea como boticario en una farmacia, mientras se refugia con pocos recursos en una pensión  de mala muerte y se dedica a devorar libros de literatura mientras termina los estudios medios.
Una vez finalizados, el joven se inscribe en la carrera de medicina, no pudiendo ingresar al suspender dos asignaturas. Hasta ese momento nada hacía suponer del  talento del futuro dramaturgo; sin embargo, con dieciocho años ya se había  ganado un lugar  dentro de los intelectuales y bohemios con su buena prosa.
Gran parte de su obra inicial se inscribe en  un tiempo en que  forma parte de un movimiento de intelectuales reivindicando una Noruega libre; esta nueva generación literaria  busca revivir las glorias de la historia de Noruega y de la literatura medieval. El país había estado dominado durante mucho tiempo por Dinamarca y luego por Suecia;  en ese primer periodo el joven dramaturgo se muestra involucrado en una corriente nacionalista y desarrolla una serie de obras muy relacionadas con los mitos  y  tradiciones de la cultura noruega, entre ellas Catalina una pieza escrita bajo el seudónimo de Blinjof  y Emperador y Galileo, ambos temas rescatados  de dos figuras históricas y de tradición clásica.
Ibsen rompe con esa retórica y comienza a involucrarse con el romanticismo, un género que si  bien gozaba de una excelente salud no lo sedujo lo suficiente: el dramaturgo lo tildará  de frívolo y aburguesado.
Gracias a una beca  se auto exilia primero en Italia y luego en Alemania; durante más de veinte años se ausenta de Noruega no conforme con las corrientes y con el avasallamiento de los suecos en querer hacer prevalecer una cultura colonialista en dichos países.
Como cierre de ese periodo escribe Peer Grynt donde narra en términos alegóricos las aventuras de un oportunista encantador, algo así como un tartufo del siglo XIX.
La madurez de sus textos comienza a no pasar desapercibida entre sus pares: el noruego se convertiría en el referente de toda una generación que tendrá  su apogeo a inicios de siglo.
Con él se inaugura el drama moderno. Sus textos son tildados de abusivos, se mete sin permiso, sin anunciarse en los salones, en los despachos y hasta en las alcobas de la sociedad burguesa para desenmascarar la hipocresía de aquella sociedad pacata, de la que tanto renegaba y se las ingenia para mostrar la otra cara de la moneda.
A partir de 1877 comienza su etapa más madura como dramaturgo yendo hacia el realismo, género que no abandonará y que no sólo le dará  mucha simpatía entre sus colegas, si no que también  conllevará el desprecio de los retractores del teatro que no concebían  la irreverencia y el descaro de los temas que el maestro llevaba a las tablas.
Bien podría  afirmarse que la primera obra del dramaturgo noruego dentro de este  género fue Las columnas de la sociedad, una pieza en donde  critica la hipocresía de la sociedad encarnada en un hombre  de negocios; a partir de esta pieza y dentro de este periodo evolutivo  continuará por el sendero realista. Esta obra le reportará una fama que logra atravesar fronteras y estar presente en todos los escenarios que se jactaban de hacer un buen teatro.
Si Las columnas de la sociedad generó controversias, que se podría  decir de Casa de Muñecas. La obra fue estrenada en 1879 y su personaje principal, Nora Helmer, fue tan odiado  como querido; el portazo final de Nora cuando decide abandonar a sus hijos y marido en búsqueda  de su libertad no fue aceptado por la sociedad; tan controvertido  final le acarreó algunos conflictos con  otros dramaturgos que si bien vivían seducidos por la obra, no se atrevían a llevarla a escena si el maestro no modificaba el final. Lo mismo le sugirió la reconocida actriz alemana Heswing Niemann Rabe para ponerse en la piel de este personaje. Ibsen debió  ceder ante la petición  de la diva.
En la España de Franco ocurrió  lo mismo: la Nora Helmer española se queda  feliz y contenta en su hogar, el portazo nunca llegó.
De este controvertido estreno, Ibsen  comienza a escribir una de las obras más  polémicas: Un enemigo del pueblo, una pieza plagada de contradicciones donde  su pluma arremete hacia un tema tan candente como es el libre ejercicio a la opinión, avalado por este derecho y reivindicándolo. El  doctor  Strockmann es un idealista, un hombre que en  lo primero que cuenta es hacer  prevalecer  su moral y  se empecina a que trascienda su descubrimiento: las aguas del balneario del pueblo, de su pueblo están contaminadas y por más que sea la gallina de los huevos de oro en cuanto a economía esto se debe saber, impone el doctor, sin  importarle las consecuencias que esto puede acarrear.
Al frente está su hermano, el alcalde del pueblo y directivo del balneario, un hombre sin escrúpulos  que se empeña en hacer cualquier atrocidad  a cualquier precio con el fin de que nada se altere y que todo marche como siempre; de no ser así   el pueblo pasará a ser un lugar fantasma comprometiendo su poder personal.
Su final lo marca el nombre de la obra: el escrupuloso alcalde se las ingeniará  para que los medios y el mismo pueblo se vuelquen contra su hermano.
Una vez más el dramaturgo hace prevalecer la figura del villano héroe tal como Bernard Shaw definió  al personaje del doctor Strockmann, que como primer antecedente  Ibsen lo  inmortalizó  en  Brandt,  una obra escrita en verso  en 1866.
Dos maneras diferentes de contemplar el mundo donde nos deja bien asentada su convicción que la minoría  tiene la razón.
Ha corrido mucha agua por debajo del puente y  los textos del dramaturgo noruego continúan siendo tan  vigentes   como el día de su  estreno.

http://www.pbs.org/wgbh/nova/arctic/hunt-06.htmlSi bien  parte del las editoriales españolas siguen  negándose a editar  su teatro  y para los amantes de este arte  sea una aventura conseguir sus obras, no deberíamos  olvidarnos de  los trabajadores de las tablas que hablan de éste como una pieza de museo, como algo obsoleto, como si su arte fuera material de descarte. Tanto  a las editoriales como a éstos, es interesante refrescarles su memoria y decirles que Ibsen, pese a su ausencia de   los escenarios españoles,  continúa siendo el segundo dramaturgo más representado después de Shakespeare en el mundo.
La  última puesta que pudimos ver en la ciudad condal ha sido Un enemigo del pueblo por la Compañía de Teatro Nacional,  una bocanada de aire fresco para los amantes del buen teatro y un buen argumento para depositar mi voto.
Mientras tanto, habrá  que esperar por partida doble lo del sufragio y la eterna esperanza de que en los escenarios suban más al gran noruego.

 

 

 
 
Septiembre 2007 ©
calidoscopio.net © 2006/07