Por Clara Paolini Letamendía 
Lo que sigue es una crónica inevitablemente subjetiva de un FIB 2007, tan sólo una versión de lo acontecido durante cuatro días de música, sol e insomnio en Benicàssim. Fui una más de las casi 400.000 personas que acudieron al festival y como tal me siento capaz de relatar lo que mis ojos vieron (teniendo en cuenta lo que mi metro sesenta y poco me permitió), mis oídos escucharon y mis pies bailaron con más o menos entusiasmo. Estuve allí y sobreviví para contarlo.
Durante los 4 días maldije mi carencia de superpoderes. Sin poder desdoblarse o parar el tiempo es imposible asistir a todos los conciertos, como es lógico en un festival de cuatro escenarios y música en directo desde las 16:30 de la tarde hasta más de las 6 de la mañana. Hice lo que buenamente pude y mi organismo me permitió pagando las consecuencias con la pérdida absoluta de mi voz la semana siguiente y urgente necesidad de sueño, alimentación e higiene.
A pesar del desmejorado cartel respecto al año pasado, el FIB 2007 sigue atrayendo multitudes. Está claro que hubo quejas y reticencias respecto a los confirmados: un cartel hecho a medida para un público guiri con falta de bandas fuertes y grupos agregados “de relleno”. ¿Dónde estaban David Bowie, Björk, The White Stripes, Radiohead y Coldplay? José Morán, organizador del festival los había nombrado como objetivos a fichar, pero parece ser el Summercase había ganado de antemano. Sin embargo, el FIB fue el primer festival de este tipo en nuestro país, lo que junto a su progresiva internacionalización le aseguraba a su decimotercera edición un público fijo.
El FIB sigue en cabeza para el público extranjero que encuentra además de un cartel hecho a su medida, playa, sol y fiesta. Desde hace cerca de un año vivo en Londres por lo que me sentí atraída hacia Benicàssim por los mismos motivos que los guiris, salvo una pequeña excepción... ¡no esperaba que todos se vinieran conmigo! Y lo peor de todo, que se trajeran los precios en la maleta.
Con muchas ganas de festival, buenos amigos y mucho aftersun en la maleta puse rumbo a la costa.
Jueves 19. Fibstart
Escuché Mando Diao desde una larga cola en el intercambio de pulseras. Allí, vi esfumarse mi oportunidad de ver qué tal se las apañaban los suecos encima del escenario verde. Triunfaron hace dos años en el mismo lugar, y como todo hijo pródigo, volvieron. A pesar de las ganas de directo que le entran a cualquier amante de la música tras escuchar su tercer y último album “Ode to orchasy” todo se quedó para mí en un concierto privado en un opel corsa en la carretera de Valencia.
La noche empezó para servidora con Iggy and the Stooges. Pop sabe lo que funciona así que no defrauda, pero a estas alturas del partido, tampoco sorprende. Si hace un par de meses me hubieran preguntado cómo me imagino a Iggy Pop en concierto hubiera dado una definición sorprendentemente cercana a la que sigue. No poseo dotes adivinatorias, ni había visto antes un directo suyo, sin embargo todas mis expectativas se cumplieron y el concierto trascurrió tal y cómo lo había imaginado previamente en mi mente.
Mick Jagger hubiera parecido un anciano entrañable a su lado; Iggy derrocha vitalidad y logra sintonía con el público a pesar de tantos y tantos años haciendo lo mismo. Los clásicos I wanna be your dog (en doble ración, porque los buenos platos no empachan), TV, y 1969 demostraron que los años no pasan para las buenas canciones. Éstos, fueron sabiamente alternados con nuevo temas de su nuevo disco “The Weakness”, título muy alejado de la fortaleza y vitalidad que Iggy derrocha. Sonó a experiencia sin rastro de cansancio. Cumplió expectativas sin grandes sorpresas salvo cuando el viejete al grito de “Lets rock!” e invitó al publico al escenario con la aceptación de 30 personas a las que más tarde costó bajar.

Después, en el mismo escenario que han pisado tantas y tantas veces, vi unos Planetas fuera de contexto, rumbo a la deriva en una galaxia anglosajona desconocida.
O te encantan o les odias, hay todo un proceso en el oído del escuchador planetario que va acostumbrándose progresivamente a la peculiar voz de Jota, que va entendiendo las especiales letras que suenan entre murmullos y las geniales melodías. Si eres guiri, directamente te dan exactamente igual.
Para mí, incondicional planetaria, cuesta hablar mal de ellos, pero lo cierto es que su actuación fue sosa, cansada, parada. Los granadinos venían derrotados tras su larga gira de presentación de La leyenda del espacio y el regreso al escenario que tantas veces han pisado parecía quedarse grandísimo. En abril en Madrid asistí a una actuación muy parecida a la del jueves en cuanto a estructura, pero totalmente distinta en cuanto a contexto y sonido (bastante regular por momentos). No era momento ni lugar para Jota y los suyos, aun así, como siempre, no me lo hubiera perdido.
Probablemente dejar de lado la idea de cantar seguidas, una por una las canciones de su último disco no hubiera sido mal plan, o al menos alternarlas con éxitos más conocidos, más cantables, más animados. Los incondicionales (aunque los había) no eran ni mucho menos mayoría, por lo que las caras del resto mostraban bastante indiferencia.
Los directos del grupo pueden ser muy emotivos, siempre y cuando surja esa chispa que no se dio lugar, ni por su parte encima del escenario ni por la nuestra abajo. El único momento que consiguió levantar al público como era de esperar, y como viene ocurriendo en cada uno de los conciertos de la banda, llegó con la mítica Un buen día. Resulta penoso que la única frase coreada a unísono por los espectadores en todas y cada una las actuaciones de Los Planetas es siempre la misma: “y nos hemos metido cuatro millones de rayas...”. El único momento de sintonía con el público fue la compartida afición por los polvos blancos. Una lástima.
En la pistas se aglomeraba la multitud de fibers con ganas de festivalear. Conforme avanzó la noche se produjo un retiro gradual de los más sabios, que optaron por descansar ante los tres días de festival que se acontecían. Los impacientes y poco ahorradores de energía como yo, aguantamos hasta que Jojo De Freq (ser de pelo blanco y apariencia marciana) concluyó la velada de bienvenida en el escenario grande.
Viernes 20
El escenario Vodafone latía cerca de las once de la noche del viernes. OK Go se hacían esperar ante un público ya entregado antes de empezar su actuación. Trajeados, y encorbatados, no tardaron en deshacerse de toda formalidad y sumergirse por completo en un espectáculo de rock con clase. A mi juicio, una de las mejores actuaciones de todo el FIB.

Los geniales videoclips del grupo, basados en divertidas coreografías muestran cómo la sencillez no resta espectáculo, máxima que se adapta perfectamente a la banda. Su segundo disco Oh no, producido por Tore Johansson (Franz Ferdinand, Cardigans) se vio impulsado como tantos otros grupos últimamente por internet: nueve millones de descargas del videoclip del single A Million Ways además de batir records. Demostró el favor del público. Recomendación encarecida de echarle un vistazo largo a sus videos para pasar un buen rato a los pocos que aun no lo hayan hecho.
Los efectos especiales, las falsas poses y los escándalos que hacen subir a la fama a grupos con sonido dudoso son cada vez más habituales, sin embargo los escuchantes clamamos buena música y volver a las raíces de la originalidad sin aditivos postmodernos, y aquí lo encontramos.
Estoy segura de que el simpático cuarteto se ganó más de un adepto aquella noche confirmando su profesionalidad y entusiasmo, dentro y fuera del escenario. Sus dos discos sonaban más que bien, los videos geniales, pero me quedaba la duda de su directo.
Agradable sorpresa al comprobar que la banda consigue mezclar todos los ingredientes que hacen de un concierto un buen espectáculo: sonido, entrega a ambos lados del escenario y sobre todo derroche de ilusión y euforia de aquel que quiere darle todo al público sin contención.
El escenario vibraba con los seis pies de sus componentes saltando a unísono con simultaneidad pasmosa. Sin descanso ni timidez, el líder y vocalista del grupo Damian Kulash se arrojó a un entusiasmado público. Lo dieron todo, hasta la corbata, que acabó en manos de una de mis amigas tras una encarnizada lucha de groupies.
Fácil titular la crónica de The Horrors, ya que el nombre de la banda describe a la perfección su actuación. Les pisaron los talones a los sudados, descamisados, despúados y postorgásmicos OK Go llenando de nuevo el escenario vodafone. Curiosos llamados por lo ocurrido en la sala Moby Dick, se esperaba que como en aquel concierto, “la liaran”, la pista no se vació pero se calmó considerablemente.
Se esperaba que rompieran el escenario, que provocaran, que hicieran algo que después comentar. No fue así. Un grupo basado en una actitud provocativa (no sé si por motivos de marketing o desviaciones en el comportamiento) se queda en absolutamente nada cuando lo único que ofrecen es escuchar repetitivos temas.
Cuando llegué al escenario verde encontré en las pantallas del escenario un montaje de video hipnotizante como precalentamiento al surrealismo que sucedió. Unos cincuentones vestidos de amarillo con sus peculiares sombreros rojos en forma piramidal redonda saltaron al escenario. Eran Devo, grupo simpático y original que lleva tocando desde antes de que la mayoría de los asistentes nacieran (formado desde 1972 y como sus compañeros de cartel los B'52s dieron caña a finales de los ochenta con una estética tan hortera como divertida).

A diferencia de los anteriores Horrors, éstos grupos veteranos basan su puesta en escena en otro tipo de provocación más adulta, más excéntrica. Como ya nos demostró Iggy y el resto del cartel de veteranísimos, en la música como en el amor la edad no importa. La diferencia generacional es más que salvable cuando de Devo-lución se trata. Empezaron con sus temas más electrónicos haciendo danzar al público con temas como Whip it pasando más tarde a su repertorio menos sintético. Su versión de Satisfaction no me convence nada, sin embargo, como de rarezas se trata, hizo sonreír a más de uno al observar como la cadera de Bob 1 se movía parodiando a la de morritos Jagger.
Ya entrada la noche en el escenario fiberfib el sudor de miles de almas danzantes se movía al son de Vitalic. A los platos, el DJ Pascal Arbez demostró que My friend Dario (tema con el que saltó a la fama hace un par de años) es sólo una mínima parte de lo que sabe producir con esas dos manos de santo del techno que tiene. Carpa de desenfreno que disfrutamos durante un rato y dejamos por el final de Fangoria.
Olvido Gara es una artista como la copa de un pino y sabe rodearse. De impoluto blanco, ofrecieron una de las mejores puestas en escena del festival haciendo hasta que los guiris se preguntaran quienes eran aquellos carismáticos seres que sobrevivieron a la Movida y que (aunque ellos no entendieran) reclamaban encima del escenario la cultura rave en el lugar que la vio nacer en nuestro país. Para algunos hacen siempre el mismo concierto, pero siempre tienen algún as en la manga. Lo mejor vino al final cuando Alaska invitó al escenario al “único grupo que nunca está en el cartel del FIB pero siempre actúa”: Las Nancys Rubias con su Rey del Glam. Los más reticentes se quejaban de “petardeo”; personalmente he de reconocer que en pequeñas dosis, es bueno y su incorporación al cartel dio otra faceta al festival en el que los escenarios cada vez están más llenos de jovencitos ingleses guitarreros. Con un público satisfecho tras escuchar los temas clave de su repertorio, la cosa no terminó ahí, no hizo fatal pedir el bis. Como traca final aparecieron Spam para remezclar “Así me gusta a mí” de Chimo Bayo mientras Alaska cantaba Retorciendo Palabras. El público no pudo contener la sonrisa ni la quietud. Que majos son Fangoria.
Aun tuve fuerzas para disfrutar de un seguro Carl Craig y dejarme la piel y la hidratación en la pista de baile.
Como el lector entenderá el sábado desperté tarde y enfadada con mi organismo por anteponer el sueño a las ganas de ver Os Mutantes, Cansei de ser Sexy o de Magic Numbers. El día grande fue para mi una reserva de fuerzas y un posterior agotamiento de las mismas en Arctic Monkeys.

Sábado 21
Ya podían hacerlo bien. Eran sin duda el grupo más esperado en toda la edición, el día y la hora estaban a su favor, como era de esperar, la multitud se aglomeraba en torno al escenario verde. Sorprende cómo los chavales soportan la presión con profesionalidad pasmosa. Habiendo logrado el éxito de forma tan rápida como unánime los más críticos esperan ansiosos el momento del descenso en picado. Era difícil mantener la calidad de su primer disco, pero Favourite worst nightmare confirmó que los inglesitos del myspace no son una de esos grupos de un solo disco y que les queda cuerda para rato.
A diferencia de muchos otras bandas jóvenes el rápido ascenso del que han disfrutado no les ha exprimido todo el jugo que pueden dar. No se les ha ido de las manos, aun no están cansados, siguen dando pasos certeros y profesionalizándose a ritmo adecuado siguiendo el camino correcto para no acabar en el callejón de las estrellas prematuras.
Me uno a la multitud y confirmo que fue un gran concierto, pero también pienso que no podía ser de otra manera. El vértice del cartel hubiera hecho caer todo el festival si no hubieran dado la talla pero tienen merecida nuestra confianza. Temas como I bet you look good on the dancefloor o Fake tales of San Francisco sonaron igual de bien o mejor acompañados por un público entusiasta. Faltó un bis y una buena despedida, ya que dejaron al público con ganas de un poco más, pero no se puede pedir todo en esta vida. Se les exigía mucho y mucho dieron, esperemos que sigan haciéndolo muchas veces más ya que cada vez está más claro que no falta calidad.
El resto de la noche transcurrió disfrutando del ambiente del festival, entre copas en césped ya desgastado, conversaciones con guiris alcoholicos y viajes de una pista a otra. Un poco de Ellen Allien, Sascha Funke, Hazcaso... el cansancio post-ártico hizo mella; sin embargo aunque tardía, llego la recuperación y ganas de fiesta a mi ser, agotada en el after cercano al recinto. A la vuelta, un cartón lleno de polvo evitó nuestra insolación mientras los guiris se ganaban la suya cruzándose en dirección contraria para ir a la playa.
Domingo 22
A las 17.30 conseguí asistir a un concierto a la luz del día en todo el festival. El calor y el sueño acumulado la noche anterior no ayudó a The Pippetes. Las tres niñas guapas se turnaban para cantar mientras las dos restantes hacían los coros coreografiando al unísono. Se merecían menos calor y menos luz, aun así la cosa resultó agradable, ellas lo son, y mucho, al igual que el agua caída sobre el público que evitó tantísimo sufrimiento a los más calurosos.
En un cartel regular The Hives sonaron más grandes. Howlin' Pelle Almqvist (imposible escribir bien tal nombre sin previa comprobación) vocalista y líder de la banda intentó hablar español más de una vez, se esforzó en animar a un público que respondió tan sólo a medias. Banderas suecas ondeaban entre público y guitarras resonaban potentemente sin embargo no acabó de surgir esa chispa que hace enloquecer al público. Esperaba un concierto más activo debajo del escenario, más botes y pogos difíciles de sacar en un escenario verde ya desgastado el último día de festival.

Personalmente no tengo ningún amor hacia Amy Winehouse, ni hacia su pelo cardado y maquillaje egipcio, ni hacia las noticias de los periódicos londinenses hablando de sus travesuras con las drogas. Estoy saturada de Amy, por lo que iba predispuesta a hartarme. Lo que hay que reconocer es que voz no le falta ni un estilo propio tampoco. Sí, es una artista, pero a mi me aburre.
Pido más movimiento para un directo en un festival, sin embargo su actuación tampoco es menospreciable. Para la mayoría de público anglosajón fue más que esperada, todos podían cantar a coro a la perfección las letras de la artista acompañada por dos bailarines. Para mi, no pintaba en el FIB. El público bailó igual que la estrella su éxito rehab. A mi me cansa.
Por fin llegaron Muse, el escenario preparado con mil luces, tubos, pantallas traseras, globos... Sólo una palabra, BRUTAL. El directo mejora con creces el sonido ya propio de la banda. Un concierto en montañas, con subidas y bajadas. Empezaron con Kings of Cydonia mientras en las pantallas se podía leer la letra de la canción. Esto fue sólo el principio ya que la banda no dejó de lado ninguno de sus grandes temas: Hysteria, New Born, Feeling Good... Justo a mitad de concierto, después de un paroncillo volvió la actividad de golpe con un estruendoso Plug in baby que hizo rugir al público. Un gran concierto lleno de riffs de guitarra y solos de piano entre temazo y temazo.
Uno de los conciertos que más puedes “vivir”, en los que más puedes saltar, bailar, mezclarte con las melodías, luces y resto del público en un espectáculo que no defrauda.
Puede que no fuera el mejor cartel, que me perdiera grandes actuaciones por falta de organización y exceso de sueño, que cada vez hay más guiris, que el agua es descabelladamente cara para un lugar creado para la peligrosa deshidratación, puede que tenga sus defectos... pero sus virtudes son tantas que puedo afirmar con seguridad: allí nos vemos FIB 2008.