El puente del pie
Por Parisicilia

Sentada
De pie leí en tus ojos,
horizonte lejano,
la ventana de la entraña.
Estando yo, sentada,
la muerte me hablaba:
–Entre cinco dedos diez,
entre dos manos cuatro.
¿Cuánto tiempo sentada?
Abanico de espejos,
¡ojo entrañable!
–¿Dime quién eres?,
entre amor y amor,
un nombre sin Dios.

Manos de trigo
O de caimán
Lo sabe el niño
Que no sabe más.

Flor de Limonero
La noche lejos levantada,
y el día nació allí.
¡Cuánta alma por vivir!
Flor de Limonero,
dos brotes tus pies,
raíces de manos,
tus ramas son.
Pensando en ti,
flor de limonero,
alma perdida,
moldeada de luz,
translúcida y opaca,
sales tú.
Flor de limonero,
nacido sentido,
ya te lo he dicho.
Tu velo inexistente,
¡Madre de Dios!,
necesito verte,
y vuelas tú.
Flor de Limonero,
alma inexistente,
primavera eres tú.
Alma perdida,
a quién todo el mundo puede,
y a tu lado se mueren.

Al pianista
Sentado se sientan,
en las manos sus dedos,
leyendo a la sombra,
del hogaril castaño,
el libro de los muertos,
que en sus pies reposa.
Sentado sueña el descanso,
A la sombra del verano,
a la sombra de la luz,
de la luz de su sombra,
que su sombra es.

El loco
Silencio es,
si se oye en el anhelo.
El loco pasionero,
un solo silencio.
Es un vivo entre los muertos,
un charco negro de oro
y el dorado del loco,
un vivo entre los muertos.

La niña muerta
...y lloró,
y lloro cada vez que es,
pesadumbre,
en la humillante muerte,
que desaparece,
cuando solo el recuerdo
permanece.

Allá fuera...
...la portadilla persevera,
que está soplando calladamente,
desempedrando las calles,
la primavera noche.
La oscuridad esconde
el salto del ángel
de blanca nieve, que veo
desde la torre naciente
la muerte paciente.
El viento pasatiempo,
distinto es.
Mariposa de la encina,
De la flor del trigo o del guisante,
del ciruelo no es.
Mariposa que fuiste,
de seda tu pensar
un eclipse anular.
La brisa que fue piel
No es distinto sino es
Veleta sin cesar.
Serpenteando
Serpenteando van las luces
Viven sus deseos
De un infierno al cielo
De enamorados riesgos
En la mar salada
En el lenguaje del viento.
Se abrigan los metales
De blandos mortales muertos.
El negro espacio
Que se ofrece al inmigrante
Somos todo ellos
Que accidentados y lejos
Lejos de su barca, en la roca
muere en el instante.

Quizás por que se mojan y se secan,
Se vuelven a mojar y se secan otra vez.
Se transforman en tenderos,
En hombres, mujeres y volvemos a empezar.
Jugando la niña tiende,
Delantales de su padre el panadero.
De harina sus sueños
Se secan al viento.
Quizás porque se mojan y se secan,
Se vuelven a mojar y se secan otra vez
Se transforman en tenderos.
En hombres, mujeres y volvemos a empezar.