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Espacio inventado

Acto único con pregunta

Por Teresa di Gioia

Biljana Srbljanovic

“¿Me preguntas si arriesgo? No, tampoco tanto”, responde sonriendo y minimizando la pregunta sobre la grandeza de la amenaza de la represión. “Cómo mucho, puedo luchar, ¿qué quieres que ocurra? Escribirán sus letras admonitorias. Me da igual.” Cada mañana tengo el regalo de abrir los ojos, ha pasado el momento del conflicto titánico con la hamlética pregunta “cinco minutos o no”, nos levantamos y empezamos con todas nuestras cotidianidades. Algunos eligen andar, correr, encarar el trabajo, el amor, el estrés, el vicio y volver al hogar, tranquilos, a esperar el alba del nuevo día. Otros eligen la adrenalina del vicio. Hay quien nace con la urgencia de ir contra el marasmo de gente que se levanta cada mañana, camina, corre y afronta sus problemas vitales; otros abren los ojos y deciden lanzarse al vacío a la búsqueda del reto. Otros eligen volar. ¿Pero quien da la posibilidad de elegir? Dos grandes ojos negros escrutan con vivacidad cualquier cosa; las facciones le confieren una débil y delgada elegancia, casi de joven aristócrata de novela. Brillante. Brava. Con coraje. Quizá en otro país hubiese tenido por delante una carrera estelar sin la necesidad de desafiar constantemente la policía y la censura de un fascismo rojo, corrupto y despiadado, sin recibir amenazas de muerte. Constantemente. Sin tener que esconderse. Sin tener que hablar en clave. Reír sin preocuparse por pronunciar lo innombrable. Ama el rock, el cine americano, Umberto Eco y Fellini.

historias de familia
En Belgrado, donde el muro sigue en pie, su mirada viva y simple hace temblar la dictadura; es un icono para los jóvenes que aún hoy en día, acabada la guerra, temen la llamada a las armas como una condena a muerte y continúan soñando la vida de quien, nosotros mismos, ha tenido la posibilidad de elegir. Vida normal y libertad contra el horror dictado por Milosevic. Se dedica al teatro. Con éxito. Tiene esperanza, elige el riesgo. Decide no callarse. Sus impávidas obras teatrales (Trilogía de Belgrado, Juegos de familia, Supermarket) y “Diario de Guerra”,  han generado su celebridad en Europa como mujer que usa un instrumento más fuerte que cualquier arma militar contra Milosevic: el teatro. Un teatro auténtico, que desafía y tiene la valentía de sonar como una revelación. Un teatro que el régimen ha prohibido por activa y por pasiva. Hablamos de Biljbana Srbljanovic, ganadora del premio Europa por el teatro en su edición de 2007.
Nuestro primer encuentro nació de la casualidad, instalada en una página de un periódico: “actores rehenes al finalizar un drama”. Me pareció un buen acto único al estilo de Becket o Pinter. “Hoy nadie piensa en el teatro. Todos pensamos en emigrar. Algunos prefieren quedarse ahora que han escapado de las garras del infierno; también estamos nosotros, que deseamos volver a casa lo antes posible, mientas exista la posibilidad...: todo pertenece al teatro del absurdo.
El público no es paciente: todo termina aburriéndole. Se mueven en las butacas, inquietos, esperan, en los varios despachos del poder, el final con la paciencia al límite... y nosotros, los varios millones de actores rehenes dentro del drama, no logramos desentrañar el verdadero final, como si fuese el último papel que interpretaremos en vida.” Un encuentro terrible. Un flash que ciega: hela aquí la cotidianidad de Serbia surgiendo de la nada, cancelando mi recuerdo turístico.
El amor convive con el viento de muerte de la dictadura en la tierra natal de la rebelde, donde en el clima de un tiempo vivaz descubrió en plena adolescencia y posteriormente en la universidad las primeras emociones, las primeras noches en vela, el deseo de Europa y Occidente, las protestas, los primeros forcejeos y luchas. Creció en un Comunismo soft, multiétnico. La educaron con valores de tolerancia y apertura. También a no mentir. A hablar. Chillar. El teatro y su diario son sus armas contra el dictador; ella, que admira a Ionescu y Gunter Grass, dedica a los “traidores” los jóvenes huidos al extranjero para escapar de la guerra, la “Trilogía de Belgrado”, que fue tesis de licenciatura en la Facultad de arte dramático de Belgrado y ahora recorre Alemania, implicando y conmoviendo al público. Elecciones casuales, improvisadas.

historias de familia

“El teatro tiene que dar voz a la gente, recordar que aún somos capaces de pensar”, dice Biljana. “Lo elegí movida por el curso de los acontecimientos, no por vocación”; en la Yugoslavia de Milosevic la pasión de B. es empeño, compromiso político. De repente, sus representaciones en Belgrado se han convertido en happenings de debate   y han desaparecido de la cartelera teatral sin previo aviso ni explicación. La puta de los italianos. Así la llama el régimen. Ironía. Y teatro. Únicas posibilidades para lograr vivir en un país cargado de limitaciones con economía de estraperlo. No puede predicar la violencia. Rechaza la idea de invitar a las armas. “Brecht bendecía los pueblos que no tienen necesidad de héroes. Necesitaremos otra generación para prescindir de líderes fuertes. Espero que los intelectuales aprendamos a ser eternos opositores críticos: ningún gobierno merece una vida sin críticas.”Voluntad de escapar y alejarse de los lugares en que se ha vivido para huir de la guerra y de una identidad elegida, lo que nos hace volver a nuestra pregunta inicial. ¿Quién nos da la posibilidad de elegir? Este es el tema de fondo de la “Trilogía de Belgrado”. Tres actos únicos. Incursiones en las frustrantes y complicadas existencias de varios grupos de personas emigradas de Belgrado. Dos hermanos viviendo en Praga, dos parejas en Sydney y tres amigos en los Estados Unidos: les acomuna una nostalgia mental sofocada. Biljbana desarma, emociona por su rico y vital lenguaje, por amar la comedia y lo grotesco. La libertad conquistada mediante la fuga no da la felicidad soñada y aterriza en el abismo de la soledad y la insatisfacción. Belgrado se transforma en el espectro con el que cada personaje se ve obligado a pactar   para poder empezar una nueva vida, al tiempo que se erige en el “Yo” que cada personaje debe aceptar. Belgrado se convierte en la Diosa Madre que desgraciadamente da y marca su identidad. Y sus raíces. Biljbana muestra la universalidad de una experiencia, la experiencia de la identidad que la guerra hace más urgente y dramática, casi apremiante, con un estilo rico, lleno de ironía y despiadado pesimismo.
Llovía el día que la busqué. Vagué de librería en librería pero nadie la conocía hasta que me asomé a un banco rojo, crucé la mirada con el librero que imploraba el spelling del nombre. Sí. Lo tengo. En cambio permanecí desilusionada. Biljbana existía, no en la vieja y buena capital, no en Roma. La encontré en mi sur. En una roja librería enfrente “mi teatro”. La he encontrado en mi librería de toda la vida entre una marea de libros mientras sonaba Madeleine Peyroux. Me senté y ya no la he dejado. Quería encontrar los ojos que han vivido el coraje de hablar. El coraje de creer y dar vida al “teatro de la vida” con el teatro. Esos ojos con la fuerza de combatir un régimen con la acción dramatúrgica y la ironía. Con el sonido de un teléfono donde se habla en clave, donde no bastan las palabras, siempre veladas, entrecortadas.

Biljana

Soy una actriz. Elijo. Elijo la paz delirante del riesgo. Es un día gris, lluvioso. Estoy en una sala de pruebas. Diez actores uno enfrente de otro, brazos unidos para crear un puente. Todas las testas están en alto. Nos podemos dañar el cuello. Están posicionados y esperan albergar, recibir en sus brazos un cuerpo que vuela. Piernas flexionadas. Silencio sacro. Vamos. Chillo y corro, corro, corro como una loca. Mientras estoy en los aires me pregunto: ¿De verdad arriesgo?

 

*Traducción del italiano: Jordi Corominas i Julián

 

 

 

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