Por Marta Sanuy
Hay una maldición china que dice: "ojala vivas tiempos interesantes". Y no sé si es una condena o un privilegio, pero todos nosotros hemos podido asistir a cambios tan rápidos y tan inesperados, estamos viviendo unos tiempos tan interesantes, en el mejor y el peor sentido, que al intentar hablar de ellos se corre el riesgo de decir solo perogrulladas: hoy es obvio lo que era inimaginable hace diez años. Aun así voy a intentar analizar, desde la inmediatez, por lo tanto con muchas torpezas, lo que Internet supone para el mundo de la literatura y por qué.

Cartas versus correos electrónicos o primero fue el e-mail
Aunque con aspecto de novedad rabiosa, Internet retoma sólidas tradiciones literarias. Los correos electrónicos son, sin duda, los herederos del género epistolar, aunque ¿son lo mismo las cartas sin carteros?, ¿han heredado los correos electrónicos los elementos románticos que siempre arroparon a las cartas?

Mucho antes de que apareciera el e-mail las cartas habían perdido una de sus funciones: ser portadoras de información. El fax y el teléfono se encargaron de eliminar a buena parte a los románticos carteros. Por supuesto nos resultaba ya remota la imagen de aquellos que se escribían estando en la misma ciudad: nosotros escribíamos en cantidad directamente proporcional a la distancia, las cartas empezaron a ser, casi exclusivamente, intercontinentales. En aquella época que todos recordamos, hace ocho, diez años, sólo se veía escribir cartas a los niños que estaban en campamentos, a unos pocos enamorados y a los cooperantes. Hubo un momento de gran vacío, casi totalmente ágrafo. “Se están dejando de escribir cartas y todavía no se escriben correos electrónicos" me dijo entonces, con exactitud, la escritora Eugenia Rico. In illo tempore, es decir, hace un rato, se había acabado la costumbre de la epístola, y la mayoría nos sentíamos ante el papel en blanco de la carta como cuenta que se sentía Luis Buñuel, cuando escribía a su madre y sólo conseguía poner:
“Mamá, te escribo para decirte que te estoy escribiendo.
Tu hijo que te escribe, Luis Buñuel".
Seguramente hay quien está pensando que los correos electrónicos nada tienen que ver con aquellas largas y olorosas cartas escritas con letra redondilla. Y claro, tienen razón, no se puede acariciar ni oler un correo electrónico, pero si se puede pensar, redactar y sentir con la misma intensidad. Las cartas no fueron sustituidas por el teléfono, solo en parte, porque la escritura tiene densidad, reflexión, tiempo, y todas esas vitaminas nos resultan con frecuencia imprescindibles. Eso es lo importante y en un correo electrónico no tiene porque perderse.

Claro, ya sé, los correos electrónicos son más parecidos a los telegramas, pero eso no les resta sentido: un sí, un no, o un vale en un correo electrónico nos pueden cambiar la mañana. Y además de parecerse a los telegramas hay correos que tienen algo de esos billetes tan del gusto de los románticos, aunque ahora sin criados que los transporten.
Diario versus blog o después fue la autoedición
Resulta bastante complicado hacer historia de un asunto que tiene a lo sumo cinco años, no sé si se puede decir algo de los blogs todavía. Se me ocurre que los precede ese gusto por la escritura que recuperamos con los correos electrónicos. Me parece que son el paso siguiente, el lógico, en la apropiación de la escritura por parte de mucha gente.
Los blogs retoman claramente la tradición del diario, aunque sólo sea porque sus entradas se organizan cronológicamente, pero es interesante preguntarnos que presencia real han tenido los diarios en nuestras vidas y que concepto de diario manejamos. La primera imagen que me asalta, y creo que a la mayoría de nosotros, son aquellos diarios que formaban parte de la iconografía de la primera comunión, con la iniciación venía el secreto y todos tenían candado. Sospecho que están guardadas bajo llave muchas biografías de los siete a los nueve años que guardan terribles secretos. Ese primer icono nos recoloca los vínculos entre el blog y el diario: el blog es público, y si cuenta secretos los literaturiza, quién escribe en un blog lo hace con la consciencia de que va a ser leído y eso cambia totalmente el proceso de escritura. Aunque siempre existe la posibilidad de escribir un diario, intimísimo, hasta escabroso si es lo que apetece, con el sencillo método de utilizar un pseudónimo.
Es interesante, y hasta se puede estudiar ya, el renacimiento de la literatura erótica en los blogs, ¡si lo hubieran sabido los de la Sonrisa Vertical quizá no lo hubieran dejado!
Después de los diarios de la primera comunión muchos empezamos a darnos cuenta de que no rescatábamos la excepcionalidad deseada para nuestros días con el acto de apuntarlos. Creo que los diarios se transformaron pronto en cuadernos sin más, mucho menos personales, nada secretos, en los que se anotaba la lista de la compra, una cita, la impresión sobre una novela, una frase de despecho o los datos de una película. Asideros para la memoria: los cuadernos son esa otra suerte de diarios de los que creo que sí son herederos directos muchos blogs literarios. Si a nuestros cuadernos de toda la vida les pusiésemos interlocutores nos saldría un blog en el que, quien apunta, además de decir “mírame”, también nos dice "mira", ¡y no podíamos imaginar nada tan feliz como que a un cuaderno de notas le cupiera música, vídeos, cuadros, fotografías!

Cada cual hace su blog a su medida, una de las características importantes de los blogs es su flexibilidad. Se adaptan a cualquier personalidad que, en cada elección, muestra sus matices. Si después de oír hablar a una persona durante diez minutos, aun sin el privilegio de haber visto su casa, podemos hacernos una idea exacta de quien es, un blog retrata a su autor a la décima entrada.
Tanto a quién destina su blog a la trascripción de citas, como a quien lo dedica a la poesía o a contar anécdotas cotidianas: enseguida tenemos los blogeros la impresión de conocernos. Y como en la vida real el nivel de atención no es el mismo para todo el mundo, y siempre va uno descubriendo blogs desconocidos, y hasta, cuando se sorprende, llama a su puerta, las notas. Ayer un bloguero me dijo que leer blogs era como ir al cine, como seguir varias películas empezadas. Yo me siento más como si me visitaran y fuera de visita. Aparecen pues otras maneras de leer.
Algunas conclusiones
Repetiré, por si aún hace falta, que Internet es, sin lugar a dudas, un benefactor de la literatura, de la escritura, de la palabra. El soporte no es lo importante por mucho que se quejen aquellos agoreros que, de haber asistido a la invención de la imprenta hubiesen defendido la lentitud de los amanuenses, los fetichistas de la tersura del papiro que, de haberlo visto nacer hubiesen lanzado vivas a la piedra Rosetta. Hay que valorar todos los soportes de que disponemos, es estúpido quejarse porque hay más. ¿Alguno de los hipotéticos detractores ha pensado en lo importante que es la digitalización para la conservación de obras que inevitablemente se perderían?, ¿se ha quejado porque en los últimos años la industria cultural ha estado mermando la bibliodiversidad hasta el punto de que resulta difícil encontrar libros que se publicaron en los años ochenta? ¿Se ha preguntado cuando entra en una gran superficie porque ponen tantas veces repetido el mismo libro? ¿no tienen más?, todos estos problemas me parecen más graves y más urgentes que la amenaza de la pantalla de cristal líquido. Nadie cree en serio que los libros vayan a desaparecer, y además, para los fetichistas tengo una buena noticia, cada vez van a ser más hermosos los libros, cada vez las ediciones serán más artísticas, más cuidadas, y además crecerán las editoriales pequeñas, porque tendrán más credibilidad.

Una de las cosas que más me interesa de Internet, y de los blogs en particular, es su potencialidad para provocar problemas en el mundo que la industria cultural nos ha impuesto. Yo ya he visto a escritores y a editores muy nerviosos quejándose de que lo que se lee en la red lo puede escribir cualquiera. ¡Precisamente de eso se trata!, autores falsamente catapultados a la fama van a tener que verse las plumas en los próximos años con “cualquiera” y están bastante aterrados. Los cameos entre suplementos literarios y editoriales tenían poca credibilidad pero tampoco teníamos muchas opciones más, blogs como “La tormenta en un vaso”, revistas como Literaturas.com, publicaciones como este Calidoscopio en que nos encontramos están, poco a poco, sacándonos del circulo vicioso de editoriales y autores: que nadie tema que no tenemos selección ni criterio.