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"Ni leo ni escribo. No tengo tiempo para escribir la historia. Me paso el día cambiándola"
Napoleón Bonaparte

Por Raúl Muniente Sariñena

cafe
Este artículo va a suponer un panfleto apologético de las relaciones orales en detrimento de las, según el autor, inflacionadas relaciones escritas. Así pues, en este artículo, escupimos con el viento en contra o mejor dicho, a la manera del clásico y desgraciado personaje de Disney, serruchamos el barco de madera que nos mantiene a flote.
El director general de cualquier gran empresa siempre empezó de comercial, llegó ahí pues por sus dotes orales. A Giordano Bruno lo quemaron y a Galileo no, siendo que escribían lo mismo, pero Galileo Galilei era más prudente con la lengua. Dicen que los judíos son los mejores en todo, lo que no dicen los judeófobos es la auténtica obsesión hebrea por la excelencia en la expresión oral. Conclusión, que en líneas generales, para alcanzar y retener el poder, hay que valerse únicamente de ese taparrabos que es la boquita de piñón, taparrabos que no sólo hay que vestir en los congresos de tu partido político sino también en los pasillos de dichos congresos. La revista electrónica www.calidoscopio.net mismo, pese a ser expresión escrita, debe sus cimientos y organización a las relaciones orales de sus coordinadores con muchachos como el aquí firmante.
Algunos hablan bien. Luego lees lo que escribió y no encuentras nada nuevo. Parecerá ridículo para algunos, pero son los que definen la historial. Ahí tenemos a Felipe González por ejemplo, encantador orador cuyos discursos son monumentos a la vacuidad. Pero las mujeres lo adoran. Siguiendo con esta guisa de tintes eróticos, los hombres que enamoran no son los pijos que estudian literatura en Harvard, sino los gamberros de Hospitalet que meten un refrán cuando hay que meterlo. Y al revés. Cesare Pavese y con él, todos nosotros, no nos enamoramos de las escritoras, sino de las actrices. Todo esto no significa que lo oral importe más que lo escrito, únicamente a los hechos nos remitimos. Cuando el planeta explote, se irá al garete tanto la tradición oral como la biblioteca de Alejandría, y mientras tanto, habrá sido la tradición oral la que haya cortado el bacalao. Si es que al fin y al cabo, la especie humana es un nido de sentimentales. Para acabar, pondremos un ejemplo todavía más gráfico. Michael Jordan, un auténtico ídolo, será en unos años, un auténtico desconocido para muchos jóvenes. Habrá imágenes en videoteca, habrá artículos en hemeroteca, pero ya nadie se comprará su camiseta, porque nadie hablará de él en los medios de comunicación.
En la moda estructuralista francesa, empezando por Foucault y acabando por Derrida encontramos una especial predilección por los juegos escritos y un infinito desdén hacia la retórica oral clásica. Desdén  tanto hacia el aprendizaje de la respiración como hacia una valoración previa del público al que te diriges.  Lo escrito amigos míos, es tan monológico que no tiene vida. Bien lo sabe Bajtin, con su obsesión por Moliere, Dostoyevski y eso que él llama "el carnaval de la polifonía". También lo sabe Platón, cuya obra escrita son todo reproducciones de diálogos. Pero hoy en día, y en el mundillo cultural europeo infestado de eso que algunos llaman humanismo y yo llamo gremialismo, corporativismo y obsesión por el ombligo propio pueden ocurrir cosas como la que sigue.
En una ocasión. asistí a un espectáculo bochornoso. Una muchacha daba una conferencia y se perdía, no sabía que decir, etcétera. Entonces, en medio de la hecatombe, se le ocurrió afirmar: "yo es que hablar en público no es lo mío, yo escribir si que escribo bien". Con ese bonito argumento, podemos asegurar que no habrá mejorado su expresión oral.
Pero vayamos al título y meollo del asunto, que no es otro que la irrupción de esta iconoclasta actividad que son los Cafés Filosóficos MismaMente.
Hace unos meses, hubo un apagón en Barcelona. Tres días sin luz en el barrio de Gràcia, que yo viví. Lo que sucedía era curiosísimo; la gente se ponía nerviosa porque no sabía dialogar con sus vecinos. No tenían televisión, no tenían internet, no tenían luz y por lo visto, tampoco tenían nada que decirse. Son chocantes nuestros tiempos donde se ponen todos los medios en mejorar la comunicación, trenes más veloces, móviles con más recursos para ciudadanos que, irónicamente, cada vez tienen menos cosas que decirse, tienen más vacío el imaginario colectivo. Nadie discute que asistimos impasibles a un brutal auge tecnológico secundado por una más brutal caída de la moral y la política. Eso lo sabe todo el mundo, el asunto es saber si hay relación entre ambos extraños sucesos.

Socrates

El Café Filósofico Mismamente irrumpe pues, en actitud heroica, en ese cada vez más vacío imaginario colectivo, con las humildes intenciones de rellenarlo. Pero la actividad no es nueva.
Los primeros cafés filosóficos los organizó Sócrates. El célebre filósofo era un hombre de aspecto no muy deslumbrante que, vagando por las calles de Atenas, solía detener al que se ponía en su camino. Después de una breve presentación, lo martilleaba con preguntas: ¿Qué es la belleza?, ¿Qué es la justicia?.
El peatón que topaba con Sócrates no tenía otro remedio que contestarle. "A mi me parece bello lo que da placer" respondía uno. "La justicia es la ley del más fuerte" soltaba otro. Sócrates escuchaba con interés y después de una breve reflexión les soltaba a bocajarro: "No todo lo que da placer es bello: matar da placer al sanguinario".
El peatón, que tampoco dedica mucha parte del día a estas cuestiones, se quedaba atrapado en los diálogos en los que le enredaba Sócrates. Cada uno cree saber, íntimamente, qué es la belleza o qué es la justicia. Sin embargo, cuando alguien se lo pregunta, ésta certeza se evapora.
Hoy en día, no puede uno obrar socráticamente –y eso que lo hemos intentado–. Las chicas llaman a su novio o a la policía y los chicos piensan que eres homosexual o preguntan dónde está la cámara oculta. Había que buscar, entonces, un paso intermedio hasta llegar al ideal socrático. Y ese paso intermedio es el Café Filosófico.  El mecanismo es sencillito. Son dos horas. En la primera hora para no empezar con un debate donde cada uno usa su propia jerga y se puedan producir molestias en el trato, cada cual, cuenta intuitivamente una historia relacionada con el tema en cuestión. Ya sea autobiográfica, cultural, etcétera. En esta primera hora no hay debate sino absorción y acumulación de ideas.

debate

En la segunda hora comienza el debate propiamente dicho al estilo "59 segundos". El objetivo es alcanzar una definición del tema tratado. Para ello siempre hay algún valiente que ya domina el mecanismo del café que se atreve a aventurar una definición. Los demás tratan de ofrecer enmiendas parciales o totales o incluso definiciones alternativas a la primera. Los ejemplos de la primera hora sirven como prueba del algodón para la definición. Los cafeteros agarran un ejemplo anterior y con él demuestran las fisuras de alguna definición que no lo incorpora. En esta segunda hora la labor del comisario y del moderador es vital. El moderador intenta que la gente no se tire de los pelos para hablar, respetando los turnos y el derecho a réplica, mientras que el comisario sugiere direcciones inesperadas cuando todos parecen estar de acuerdo o incluso cuando todos parecen estar en contra de todos. Al final, una definición es la ganadora y los que han ido a conocerse a sí mismos, han, valga la redundancia, conocido gente nueva y los que han ido a conocer gente nueva, redundemos, han acabado conociéndose a sí mismos.
En definitiva, los Cafés Filosóficos Mismamente, combaten las maltrechas informales conversaciones corrientes y molientes, donde la expresión directa de un sentimiento, de una emoción o de una idea se ha vuelto imposible, por ser demasiado vulgar. En las conversaciones informales, todo tiene que pasar por el filtro deformante del humor. En los Cafés Filosóficos, no es así. En ocasiones, aunque parezca increíble, la comunicación es posible. Y lo digo, porque yo mismo me encargo de reducir a los listos, dado que soy el comisario de los Cafés Filosóficos Mismamente.

 

Café Filosófico Mismamente
www.mismamente.org



   
 
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