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Centenario de Luchino Visconti

 

Eres mi maestro, mi autor reconocido;
eres el único de quien he aprendido
el honor de poseer tan noble estilo.

Dante.

 

Por Anna María Iglesia Pagnotta

Escribo este artículo con la pretensión de hacer un homenaje a mis maestros, pero no sé muy bien de que manera empezar. ¿Cómo definir a un maestro? ¿Cómo definir a mis maestros?

Cécile Ladjali dice que “la función del maestro es parecida a la de un barquero”, pues conduce al alumno a lugares inóspitos y desconocidos para él. El alumno ideal es aquel que se deja llevar, que se abandona a la guía de su maestro porque para él el maestro es aquel que “goza de un aura casi física y en quien resulta casi tangible la pasión que desprende”, dice Steiner. La exaltación del maestro por parte del discípulo es el resultado del eros, del amor que siente el maestro por enseñar y el alumno por aprender. La exaltación puede llevar a la imitación que, según los antiguos, era el mejor método de aprendizaje, o a la decepción. De hecho, la importancia del maestro no reside tanto en aquello que enseña, sino en la manera en que marca de por vida a su discípulo.

Tanto el cine como la literatura han ahondado en la relación maestro-alumno, con la única diferencia de que el séptimo arte ha sido más indulgente con la figura del profesor en comparación con la literatura. No es de extrañar, pues no es novedoso que el cine endulce historias y personajes para una mayor aceptación del público, sobre todo si se piensa a un cine comercial. Ejemplo de ello es la película de Peter Weir El club de los poetas muertos, en la que un atípico profesor de bachillerato transmite a sus alumnos la pasión por la lectura y la poesía. No todos le seguirán, pero sí conquistará la conciencia de un pequeño grupo que comenzará a reunirse para leer poesías de noche, si bien tienen que escaparse del internado en el que residen. Robin Williams es el clásico profesor carismático, que “goza de un aura casí fisica; es alguien –citando siempre a Stenier– de quien se puede decir: nunca llegaré a ser como él, pero me gustaría que llegase a tomarme en serio”.

Sidney Poitier

De esta manera describe Steiner un tipo de profesor, aquel que basa la enseñanza en una relación del eros, un eros que conduce a la clarividencia. Esos alumnos descubren el mundo de la poesía, descubren que la literatura es más que datos biográficos y figuras retóricas. Un profesor carismático como el interpretado por Williams es el que interpreta Sidney Poitier en Rebelión en las aulas: el profesor Thackeray es capaz de controlar una clase de adolescentes de uno de los colegios más conflictivos de Londres. El personaje de Poitier logra conquistar la confianza de sus alumnos entrando en el mundo de la delincuencia y de la droga que los jóvenes frecuentan. Con dosis de exageración, la película desarrolla la idea de un profesor que no sólo enseña una asignatura, sino también valores; Thackery es un profesor que se implica, que siente afecto hacia sus estudiantes. Su relación con ellos nace a partir del eros, que motiva su constante implicación en los problemas de sus discípulos quienes, a su vez, logran entrever una posible vida alejada del delito y de la droga.                           

Sin embargo, el eros no siempre conduce a la clarividencia, sino también a la sinrazón. En efecto, el eros, ésta vez del alumno hacia el profesor, puede llevar a una excesiva idealización. En este caso, el profesor puede no ser carismático, puede ser incluso destructivo, pero, pese a todo, sus enseñanzas llegan hasta lo más profundo del alumno. La tortuosa relación de Hanna Arendt y Heidegger es la demostración de la sinrazón de la alumna: pese al desprecio manifestado por el filósofo al comprobar el alejamiento ideológico de su discípula en relación con su pensamiento, ésta nunca abandonará a su maestro y será ella quien se encargará de que las obras de Heidegger se traduzcan después de su muerte. Las enseñanzas que Arendt recibió del filósofo fueron mucho más importantes que la difícil relación personal que hubo entre ellos, basada en un desprecio del maestro hacia su alumna a partir del momento en que ésta se distancia ideológicamente de él. Se debe tener en cuenta que en toda relación del eros convive el sentimiento de odio. El profesor regala a su alumno conocimiento para que llegue a ser alguien, pero, al mismo tiempo, teme que su discípulo lo supere. Esto fue lo que aconteció a Cimabue: Giotto, su discípulo, conquistó una técnica y una fama que él nunca tuvo. Los celos de Heidegger fueron infundados, pese a la diferencia ideológica Arendt nunca llegó a ser como él. Este tipo de relaciones basadas en una duplicidad de sentimientos es lo que nos narra Henry James en La lección del maestro: las enseñanzas dadas por el afamado escritor al joven Paul Overt tienen como finalidad que el joven no imite al maestro. Mientras Paul Overt siente tener “una inmensa deuda con la fuente originaria”, el maestro lo exhorta a no seguir su camino, a dedicarse a la literatura sin comerciar con ella. La literatura es arte y no una manera para ganar dinero, le dice el maestro al joven escritor, al cual aconseja también que no se case: el escritor, el artista en general, no puede tener una relación estable ni tampoco hijos. Sin embargo, todas estas enseñanzas se oponen a lo que el maestro ha hecho a lo largo de su carrera y a lo que hará en el futuro. Se casará con la joven de la que también está enamorado Paul, quien intenta escapar de ella para seguir las enseñanzas recibidas. Paul termina por plantearse cuán veraces serán esas enseñanzas... ¿nacen del eros o del odio? ¿El maestro instruye al joven por su bien o por el bien del discípulo?

WalserLa visión de Paul sobre el maestro pasará de la idealización al escepticismo. Todo lo contrario acontece en Jakob Von Gunten de Walser. Jakob entra en un colegio para aprender a servir, los métodos didácticos aquí son sui generis, pues su finalidad no es la de formar la personalidad sino la de destruirla, el alumno no aprende a vivir en el mundo, sino a vivir fuera de él. La perplejidad inicial de Jakob se transforma, “lo que entonces me parecía ridículo e idiota, me parece ahora decoroso y bello” escribe el discípulo en su diario; al contrario de Paul, Jakob será el único a seguir a su maestro, lo seguirá en una solitaria travesía por el desierto, viviendo fuera del mundo.

Tanto Paul como Jakob, así como los alumnos de Robin Williams o Arendt, se ven influenciados por las clases recibidas de sus maestros: algunos las rechazan , otros las siguen pero ninguno es impermeable a ellas. Arendt, como el apóstol Juan, permanece junto a él hasta el final. Juan estuvo a los pies de la cruz ayudando a descender el cuerpo de su maestro, Arendt volvió a su maestro para divulgar su obra.  

En la vida los profesores son muchos, los maestros pocos. Los maestros son aquellos que dirigen el camino de sus discípulos dejando que lo dibujen ellos mismos. Hanna Arendt no sería ella sin Heidegger, aunque su recorrido no fuera el que el filosofo hubiera elegido, como tampoco el recorrido de Paul es el de su maestro, pero sin ellos ni Paul ni Hanna hubieran podido trazarlos. Las lecciones de los maestros son aquellas que no se olvidan, son las que hacen que un discípulo se convierta en lo que es.

 

Enero 2008 ©

 
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