Ciencias morales
de Martín Kohan,
Premio Herralde de Novela 2007
Por Jordi Corominas i Julián
Hará un año, sin saber cómo tejerían sus hilos las musas, reseñamos Segundos afuera de Martín Kohan, novela de contenido y continente, con una profunda y desarrollada estructura narrativa basada en la casualidad, la historia y la recuperación de un episodio pasado con motivo del cincuenta aniversario de un importante rotativo bonaerense.
El reciente ganador del premio Herralde de novela se presentaba a nuestros lectores con un texto que demostraba una solidez llena de sutilezas y matices, algo que ha vuelto a corroborar con Ciencias morales, desesperada y fría crónica de la putrefacción de la Argentina de la Guerra de las Malvinas.
Kohan gusta hilvanar planos, dividir facetas, ser escritor cubista para desde la multiplicidad llegar al uno. El centro de la acción es el Colegio Nacional, reputada y conservadora institución que ha aceptado a regañadientes la inclusión de personal y alumnado femenino. Entre las contratadas para servir en tan santa casa se encuentra María Teresa, chica tímida, acomplejada que sueña con un marido fiel al tiempo que desea ser eficaz en su trabajo. Vive con su madre, una mujer que mira la televisión sin sonido porque ya sabe que dirá, y cruza Buenos Aires en el subte, como si la superficie fuera irreal, coto vedado a la espera de la redención nacional. María Teresa abre las postales de su hermano, que sirve en el ejército y e inicialmente informa que no logra compenetrarse. Sus primeras postales darán paso a otras donde la ausencia de palabras hablará más que el idolatrado, y así tiene que ser, verbo.
Se tiene que leer a Kohan entre líneas. El colegio Nacional es el alma de poder de Argentina. Sus mandamases saben que el control se ejerce a través de fórmulas antiguas, de probada efectividad. Controlar el cuerpo es dominar lo externo. El pelo corto, no puede siquiera acercarse al cuello de la camisa. Los calcetines azules, de nylon. Ojo con formar fila y tocar más de lo debido al compañero. Los dedos rozando, la mano sin fuerza, que así se domina mejor. Se quiere para los alumnos el modelo rebaño, consistente en acatar órdenes, cumplir y guardar las apariencias.
María Teresa se esfuerza para ganarse la confianza de sus superiores. Su triste existencia, insomne y sumisa, simboliza la del pueblo argentino en la encrucijada de la Junta militar. La preceptora del tercero décima ignora aspectos esenciales de su sexualidad. Inocente criatura, creerá que su camino hacia la consolidación puede ser rizar el rizo del control. María Teresa tiene los cinco sentidos muy desarrollados, si bien no sabe usarlos. Huele al alumno Baragli y cree detectar, la siempre efectiva magdalena proustiana, por el recuerdo de su padre olor a tabaco negro. Los estudiantes fuman en el interior del recinto escolástico. Tiene una idea. Irá al lavabo masculino para pillar a los culpables. No lo sabe, pero haciéndolo se sume en la nube tóxica de los acólitos del absurdo, aquellos que apoyan por temor personal la gran mediocridad de unas estructuras de mando caducas, a la deriva y sin escrúpulos.

Quizá su madre ya sabe todo esto y siente compasión por su retoña. El insomnio de María Teresa y sus viajes por el metro son fruto del síndrome de la pesadilla nacional que su progenitora quiere evitar silenciando la tele, cerrándose en su apartamento para estar ciega del exterior, para sentirse cobijada mientras su país desafía a Inglaterra por las Malvinas. La madre como la conciencia de la necesidad de cambio, conciencia, logro del poder decapitador, pasiva que atiende el fin sin estruendo y pregunta por el hermano y su destino. Las palabras iniciales del soldado en sus postales se diluyen en silencio. No vemos nunca al ser querido alejado del hogar por los envites de la Historia. Fotos y palabras, cartulinas manoseadas que a medida que avanza el relato dan a entender –entrelíneas anda el excelso juego de Kohan, maestro del sí y del no– el sentimiento de toda la Nación. Los desplazamientos que indican las misivas son el avance de la guerra. El silencio es el principio del fin de la agonía que sólo culminará con la derrota bélica y la posibilidad de reiniciar el ordenador argentino, dominado hasta entonces por personas como Biasutto, jefe de los preceptores y supuesto enamorado de María Teresa; señor bajito, feo y desdichado que aplaudiendo la acción de la chica esconderá oscuras intenciones. ¿Qué sentido tiene controlar para el de arriba? Las palmaditas en la espalda son una falsa consolación. La cima de la pirámide siempre quiere más y ve a sus empleados como purria de purria. No controles María Teresa, no cedas. Lo hace y vemos la verdad: el pueblo violado, sin penetración, con el dedo por gracia de la metástasis metafórica de Biasutto, impotente como hombre y como ente simbólico, incapaz de saciar su virilidad como mandan los cánones. El cuerpo.

La cadena de cadenas de la novela, una escala degradante de la realidad social de la Argentina de la dictadura, se completa con los estudiantes. Su sumisión es parcial. No saben marchar, caminan como personas y encima, un escándalo, se atreven a coquetear y a infringir levemente las reglas. Son la esperanza del futuro que aún no sabe, por juventud, cómo sortear las correas del plomo patrio, que pide a gritos una renovación. Baragli suena a baraja. Que caiga el castillo de naipes.
Ciencias morales premia a un buen escritor que sabe hilar sus historias con inteligencia y concepto. Kohan no busca lo fácil. Mi primera impresión, matizada después de dejar descansar el libro, fue sentir Segundos afuera superior. No son obras comparables, sólo el contexto albiceleste las hermana. El contexto y el secretismo, el miedo y la ocultación de datos, pruebas, sentimientos, personas y verdades que, como bien entendió la madre de María Teresa, daban al aire frío y gris de la calle una atmósfera pútrida, execrable por falta de oxígeno.

María Teresa desconoce, dentro de su gama olfativa, cual es el olor de Kafka. Lo tiene cerca, en pasillos y actitudes. La represión mediante el espacio permite a Kohan aplicar dosis de gran escritura. Pocos son los que pueden dominar el arte de la metáfora con sentido a partir de los elementos de la realidad. El colegio como País y las personas moviéndose.
Con el cambio vuelve el mutismo.
Hemos entendido todo. Se respira.
Enero 2008 ©