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Joanna Newsome, llenando el abismo

 

Música para los ojos, en casa

Por Adrià Garriga Far

Cuando todo sale bien en el escenario, cuando el sonido y todo lo demás es bueno, es como si flotaras… No sabes que estás cantando, te quedas con la mente en blanco y flotas.
(Jón Þór Birgisson, Heima, 2006).

La niebla era maravillosa, hacia un tiempo fantástico.
(Kjartan Sveinsson, Heima, 2006).

Empiezo a tocar y recuerdo las dos o tres primeras canciones. En la ultima canción me despierto, justo antes de la locura. y digo: ”¡Se acabó el concierto!”. (Georg Holm, Heima, 2006).

Antes había grupos de pop que hacían giras por Islandia. La gente iba a verlos y bailaba al ritmo de sus canciones, pero cada vez pasa menos . (Orri Pall Dyrason, Heima, 2006).

Todo el mundo parecía muy feliz por poder venir a los conciertos. Venían familias enteras, abuelos, nietos y todos los del medio. Fue realmente entrañabl ”. (Amiina, Heima, 2006).

Nos encontramos en el inicio de un nuevo año. Recuerdo que, cuando era un chaval, por estas fechas, me recorría las principales tiendas de discos en busca de esas revistas de música alternativa gratuitas que anunciaban su particular resumen de los últimos doce meses. Puede sonar algo ingenuo y tonto, pero me producía cierta curiosidad, emoción y hasta algún que otro mariposeo estomacal tener dichas revistas entre mis manos e ir directamente al “top 20”, desglosado en distintas categorías como mejor grupo internacional, mejor canción internacional, mejor grupo nacional, mejor canción nacional, mejor directo internacional… y así podríamos llenar unas cuantas líneas más. Ahora mismo me invade una duda existencial: ¿porqué nunca nadie juntó los tops nacionales e internacionales en una única lista? Siempre pensé: “ojalá algún día pueda compartir mi top ten anual”; (sin separatismos, claro está). Pero luego, bienvenida la madurez, dejé de interesarme por estas listas. Creo que hubo un hecho vital que provocó una redirección de mis intereses: fue un enero del 2000; no mencionaré la fuente, pero sí el pecado. Alguien calificó el “Stories from the city, stories from the sea” de PJ Harvey, uno de mis favoritos, ¡en la posición 35! O peor aún, el Playground love de Air, una de las canciones más sensibles y bellas que se han compuesto nunca, como la mejor canción internacional… ¡número trece!  

Me marcaron tanto estos decepcionantes hechos, que decidí terminar mi relación con los “tops” anuales… ¡para siempre!. Y bueno, juzgad vosotros mismos: aquí llega mi oportunidad de empezar a soltaros listados de canciones. Tranquilos, no voy a hacerlo. Y no es porque crea que cada año se hace peor música y ahora mismo no podría crear ni un “top five”. No, no. Voy a olvidarme de los tops para siempre, pues no me gustaría influir en la libertad que poseemos cada uno de nosotros para poder pasar un rato en las nubes imaginando cual sería nuestra lista de melodías perfectas del 2007.

Eso sí, ya que me veo con la obligación de opinar sobre algo, os hablaré de un grupo islandés muy conocido. Que conste que no quiero que lo veáis como mi sugerencia a lo mejor del año (a pesar de que lo sea), sólo que me apetecía empezar el 2008 hablando de belleza en el más amplio sentido de la palabra.   Algunos ya habréis entendido que quiero compartir con vosotros el concepto “Sigur Rós”, magos islandeses que con sólo cuatro álbumes hipnotizantes se han convertido en uno de los grupos con más estética, frescura, magnetismo y originalidad del panorama mundial. Uno podría pensar que 2007 ha sido un mal año porqué Sigur Rós no ha sacado nuevas canciones. ¿Cómo se atreven? La respuesta parece sencilla: necesitaban un tiempo de descanso para seguir con sus proyectos individuales, es decir, terminar la carrera (cosa que me indica que vender millones de discos y no ser un figurín son cosas compatibles), dedicarse a otras vertientes artísticas más innovadoras, descansar en su Islandia natal junto a los suyos, etc… La buena noticia se produjo antes de verano, cuando corría el rumor de la publicación de una película-documental sobre la gira, no anunciada con anterioridad y sin ánimo de lucro, que el grupo realizó durante el verano del 2006 por distintos lugares perdidos de Islandia.

Y así fue. “Heima” (en casa), nombre del documental dirigido por Dean DeBlois, se estrenó el 27 de septiembre del 2007 dentro del Reykjavík Internacional Film Festival, en medio de una gran expectación. El filme fue presentado simultáneamente en distintos eventos relacionados con el cine y la música por todo el mundo durante los meses de otoño. Barcelona tuvo el privilegio de presentar “Heima” en el In-Edit, el festival de documentales musicales. No pude asistir, pero fui de los primeros en reservar el documental cuando empezaron a venderlo por Internet el 6 de noviembre. Teniendo en cuenta los antecedentes de las producciones visuales realizadas por Sigur Rós (atención a los videos musicales de “Viðrar vel til loftárása” o de “Svefn-g-Englar”), las expectativas eran muy altas. Y, sinceramente, creo que cualquier palabra que pueda describir “Heima” no estaría a la altura de lo que representan cada uno de los fotogramas y las melodías que lo componen.

sigur ros

"Heima" es música para los ojos. Ya era hora de que la música dejara de ser del disfrute exclusivo de los oídos. Sigur Rós ha dado, como siempre, un pasito más, reinventándose un nuevo concepto de arte multidisciplinar donde sonido e imagen comparten una misma dirección: la sensibilidad del destinatario, ya sea oyente, ya sea espectador. Mirando el documental, uno se queda hipnotizado, durante hora y media, por unas melodías diferentes, inéditas e insólitas, que juegan con una fotografía realmente exquisita con planos de parajes estremecedores y gente con luz en la mirada, para plasmar ese sentido estético tan detallista, particular y sencillo del que se empapa todo lo que rodea a Sigur Rós.

sigur rós

Sus himnos, medio de hielo, medio de fuego volcánico, suenan mientras un cielo amenazante de tormenta presenta cometas rojas dirigidas por niños sonrientes, casi albinos; dan un concierto, en acústico, en la cafetería de un pequeño pueblo, la más acogedora del mundo, mientras abuelas y nietos toman chocolate y té; Palli, amigo ermitaño de la banda, pasea por laderas de rocas desprendidas golpeando las piedras en busca de diferentes tonos musicales para construir la marimba cromática más fantasiosa que jamás ha existido, tocada, posteriormente, por nuestra banda a ocho manos.

Con el documental también ha dado a luz “Hvarf-heim”, la banda sonora de la película. Es un doble CD, con cinco temas grabados en estudio –3 no editados previamente– por un lado y otros 6, todos editados en sus anteriores LPs, en meticuloso acústico, para que se nos ponga la piel de gallina. En un principio, la banda quería sacar un tradicional álbum en directo, pero al final cambiaron de opinión y su reto fue alcanzar la perfección grabando en estudio. Si existiera tan abstracto concepto, seguro que lo habrían conseguido. ¿Dónde está el límite de Sigur Rós?  

Escuchando los primeros acordes de “Samskeyti”, me traslado a esa cafetería de la que os he hablado, con un té, mi abuela y mis sobrinas, y veo de modo muy claro que ésta canción estará en la cima de mi top por mucho tiempo… Creo que ya he vuelto a caer en la tentación “topera”… ¿Cómo salgo ahora de ésta? Con un consejo: ignoremos los tops de los medios. Puede que sirvan para conocer nuevos grupos, no para creer en sus jerarquías. En cambio, os invito a crear vuestras propias listas recopilando, durante los últimos días de cada año, esas canciones favoritas que os han marcado; así, poco a poco y con el paso del tiempo, tendréis la banda sonora de vuestras vidas.

Feliz 2008.

 


           

 

 

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