
Por Adrià Garriga Far
Pocas veces Inglaterra se ha mostrado tan desprovista de talento como a mediados de los 80 y, sin embargo, muy pocos grupos en toda su historia pueden ser tan imprescindibles como los Smiths. Genial y siempre equilibrado, Johnny Marr compuso las melodías perfectas para que Morrissey ensamblara en sus textos su universo personal: innovador a partir de los clásicos, poético y melodramático pero, al mismo tiempo, irónico francotirador. Luis Troquel (The Smiths. Ediciones Cátedra).
El otro día me acerqué hasta la casa de mis padres. Como estoy compartiendo piso en otra ciudad, digamos que tengo el privilegio de poseer dos habitaciones diferentes. Así, cuando vengo a visitar a mis progenitores, aprovecho para depositar todos los cacharros que no me caben en la otra. El tema de los “CD's” me preocupa bastante, pues se me van acumulando hasta llegar a un punto en el que debo seleccionar cuales van a ser aparcados de manera temporal en el baúl de mis recuerdos, básicamente por la falta de espacio a la que solemos estar habituados los jóvenes –mileuristas– de hoy en día. Puede parecer que soy un tipo caprichoso y que cuando me canso de algo lo elimino de mi vista… pero en realidad no es así. Siempre he creído en la renovación de las cosas, sobre todo, la de los “CD's”. ¿No os parece un arte el hecho de recuperar algo que hacía tiempo que no recordabais tener arrinconado? Así, uno se encuentra pequeños tesoros escondidos que pueden ser recopilados otra vez. Antes de poder hacerlo existe un paso inquebrantable: sepultar esos compactos presentes en la estantería, en silencio desde hace semanas sin siquiera merecer una fugaz ojeada en nuestra búsqueda obsesiva por poner el disco adecuado en el momento apropiado. Como si se tratase de un servicio de préstamo bibliotecario: “dejo tres –temporalmente enterrados–, me llevo dos, que vivirán una quinta juventud”.
La satisfacción que me producen este tipo de flujos es directamente proporcional al número de álbumes de un mismo grupo. Es decir, no me provoca la misma emoción cuando después de unos meses recupero al único sencillo que poseo de los Killers, que cuando me encuentro en frente de mi colección de LPs, ordenados por fecha de publicación, de los Smiths. Precisamente he recuperado de ellos, hace pocas semanas, el Louder than Bombs. Por eso he creído necesario escribir estas líneas.
Los Smiths son la banda de culto atemporal y más emocionante que ha dado a luz el panorama musical del templo de Manchester. Johnny Marr y Steven Patrick Morrissey fundaron la banda en 1982, época en que bandas como New Order, Buzzcoks, The Fall o Durutti Column habían rehuido la alegría para enseñar al mundo la inspiración y el placer proporcionados por el agrio sabor de la depresión, herencia directa de Joy División, los pioneros de la corriente “dark” y gótica de la New Wave. Los Smiths no dieron esquinazo a la naturaleza del sonido de Manchester, pero cambiaron los agobios claustrofóbicos por una melancolía con brotes de esperanza escondidos. En un principio, la banda iba a llamarse The Hand That Rocks The Cradle, pero no fue así; el origen del nombre se basa en la historia de David Smith, quien denunciara ante la policía de Manchester la identidad de los asesinos de la pradera, Moors Murders. Morrissey cambió la versión de la idea del nombre en una entrevista en 1984 al decir que llamó así a la banda porqué era el apellido más común y ordinario en Inglaterra, y pensaba que era hora de que la gente más ordinaria se mostrara al mundo.
“Era tal clase de intelectual idiota que la gente estaba convencida de que si me hablaban yo les iba a soltar un párrafo del Génesis y rayos y centellas descenderían del cielo. Así que nunca fui besado tras una caseta de bicicletas”.
Steven Patrick Morrissey nació en Manchester el 22 de mayo de 1959; desde la disolución de la banda, es sólo Morrissey, Mozz o Mozzer, dado que renunció a sus dos primeros nombres. Su vida transcurrió más o menos felizmente hasta el divorcio de sus padres cuando tenía 10 años. Ya de niño, Mozz empezó a refugiarse en la música pop, el primer disco que se compró fue de Marianne Faithfull, y en la literatura de Oscar Wilde o John Keats. Con la llegada de la adolescencia empieza un período de angustia e insatisfacción que le abocará a una pubertad compleja, solitaria y triste, donde se cocerán todas las emociones reflectadas, posteriormente, en los textos de este poeta. Morrissey sintió auténtica adoración por los New York Dolls, de los que llegó a ser presidente de su club de fans, al mismo tiempo que despreciaba la escena social que le rodeaba, especialmente la música disco. En 1981 publica una biografía de su banda favorita, y dos años más tarde logra sacar adelante otra de James Dean; Mozz empieza a ser conocido en algunos círculos de Manchester, sobretodo después de haber cantado con la banda punk The Nosebleeds, en la cual no encajaba por su estilo vocal y actitud en el escenario.

Johnny Marr, alma compositora de la música de los Smiths, nació el 31 de octubre de 1963. Su primer disco fue el Jeepster de T.Rex, comprado a sus 10 tiernos años. Sus gustos eran parecidos a los de Morrissey, aunque más decantados hacia el rock'n'roll americano de Sam Cooke, Neil Young y los Byrds. Ya durante su enseñanza primaria se rodeó de músicos locales de mayor edad que él, como Billy Dufft, guitarrista de The Cult, lo que le permitió un gran avance en su técnica con la guitarra. Marr dejó la escuela sin malas notas después de pelearse con su padre, se alejó de la ley –se le relacionó con ladrones de joyas– y empezó a trabajar como vendedor de ropa. Uno de sus jefes fue Joe Moss, futuro manager de los Smiths, con el que estableció una relación de amistad más estrecha que la puramente laboral. Dicen que fue precisamente Moss quien animó a Marr a visitar a un antiguo conocido, el enigmático Steven Morrissey. Curiosamente, Johnny estuvo muy cerca de convertirse en futbolista profesional del Manchester City.
"Sólo Dios sabe [cómo sucedió], yo sólo abrí la puerta un día y ahí estaba él, así es cómo me encontró. Él nunca me lo explicó. Apareció un día en mi puerta. En realidad, suena fantasioso, pero es exactamente como sucedió, dijo: “¿Te gustaría escribir, y formar un grupo?” Es muy básico y fundamental, y así ocurrió. Fue muy extraño para mí, porque yo había intentado hacerlo durante mucho tiempo, y cuando él llegó yo había decidido dejar de intentarlo. Y entonces sucedió todo. Es muy extraño." (Morrissey).
Mike Joyce, el más sencillo y vital del grupo, fue reclutado como batería tras una corta audición. Una semana después el cuarteto ya estaba completo con la incorporación de Andy Rourke, introvertido amigo de Marr.
No les costó mucho tiempo sobresalir. Debutaron el 4 de octubre del 1982 en el Ritz, en Manchester y el 23 de marzo de 1983 se estrenaron el Rock Garden de Londres ante la atenta mirada de John Walters, productor del show radiofónico de John Peel; quedó tan fascinado, que les ayudó a grabar una sesión que les abriría las puertas a la popularidad. La discográfica independiente Rough Trade les editó su primer single “Hand in globe” en mayo del mismo año. Morrissey ya atraía a la prensa por su peculiar figura, su extravagante personalidad, sin pelos en la lengua a la hora de mostrar su castidad sexual y su disconformidad para con el régimen político de Margaret Thatcher.
“No me siento antiamericano, sólo razonablemente inteligente”.
"Lo triste del bombardeo a Brighton es que Margaret Thatcher escapó ilesa".
"Prefiero ser visto como alguien sensitivo que pudo entender a las mujeres de una forma no sexual. Odio a los hombres que sólo ven a las mujeres en forma sexual. Para mi es criminal y quiero cambiarlo. No reconozco términos como heterosexual, homosexual, bisexual y creo que es importante que haya alguien en la música pop que piense así".
"Creo que soy realista. Es por eso que la gente me considera pesimista. Si fuera pesimista ni me levantaría, no me afeitaría, no miraría Batman a las 7:30am. Los pesimistas no hacen esa clase de cosas".
Fueron, sólo, cinco años. En septiembre de 1987 –cuando se encontraban en la cima de su popularidad–, The Smiths se separaron con veinte singles, cuatro álbumes, numerosas caras B y rarezas incluidas en siete recopilatorios. Fue de modo repentino. Johnny Marr se sentía cada vez más decepcionado con el grupo y con la industria musical y su relación con Mozzer se deterioraba; decidió dejar la banda poco antes de la publicación de la obra póstuma de los Smiths: Strangeways, here we come. Morrissey desharía el grupo un tiempo después.
"La carrera de nuestro conjunto disfrutó de un viaje fantástico. Pero que ha terminado. Yo no creí que teníamos que separarnos, yo quería seguir. Pero Johnny buscaba terminar y así fue como nos separamos".

Personas de una generación más antigua que la mía me los dieron a conocer en la década de los 90. Yo era un crío, pero quedé enganchado ya en la primera escucha de “This charming man”, no había escuchado nada parecido antes: sencillez, fuerza, melancolía, optimismo… ¡qué acordes…! y ¡qué voz! Pasaron más de diez años desde entonces, y no he podido parar de escucharlos, adquiriendo nuevos conocimientos en cada audición nueva, sobre todo al empezar a entender las letras.
Veo a los Smiths como la mejor banda no comercial que ha existido jamás. Varios son los motivos que me llevan a pensarlo, pero sobre todo destacaría su autenticidad y originalidad alcanzada en sus escasos cinco años de vida. Su mayor virtud es ser un grupo inimitable. ¿Cuántas veces habré pensado “necesito más grupos así en mi vida”? Afortunadamente, todos mis esfuerzos empleados en encontrar bandas parecidas a estos chicos de Manchester han sido en vano. Otra de las novedades que nos ofrecieron Mozzer y Marr fue la introducción de textos literarios en las canciones: acordes que se fusionan con poemas para dar lugar a obras literarias con mensajes muy directos, que convierten lo aparentemente simple en canciones que requieren cierto tiempo de asimilación para entenderlas por completo y dejarnos invadir por una bella melancolía con mensajes de optimismo entre líneas. Esa mezcla de talento, pose, inteligencia y literatura les hace atemporales, inmortales, puros y únicos.
Espero que los Smiths no vuelvan a juntarse nunca –han rechazado hasta cinco millones de dólares para volver a reunirse–, como están haciendo muchos grandes “ex-grupos” últimamente, aceptando contratos millonarios para reunirse de nuevo en el escenario a pesar de no dirigirse la palabra. Pero no se preocupen, The Smiths no quedarán en el olvido; espero ir aumentando mi colección de rarezas en el baúl de mis recuerdos para, algún día, compartirla con las nuevas generaciones que vendrán.

Los pequeños tesoros que voy intercambiando entre mi cuarto de toda la vida, perpetuo, y los lugares por donde me he ido desplazando de modo temporal siempre me han permitido volver a mi esencia: dejar cosas que queremos en lugares concretos es un buen sistema para tener que volver a ellos algún día. Hay una luz que nunca se apagará.

*Bibliografía: The Smiths. Luis Troquel, Ediciones Cátedra.
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