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Los Amados o elogio de lo kitsch

Por Luciana Ferrando

Los hombres también lloran. Por lo menos en el universo del bolero no está mal que un hombre llore porque ella se fue –aunque sea de ronda por una noche, “que las rondas no son buenas, que hacen daño, que dan pena ”– , siempre y cuando lo haga como sólo un verdadero macho sabe hacerlo. El hombre latino es bien hombre –al menos, según reza el cliché–, y llora de la misma manera que lleva los pantalones bien puestos y le canta al amor.  

Ellas, las despechadas pero también las heridas, las eternas enamoradas, las frágiles, las orgullosas, las fuertes, también encuentran su lugar y su voz para expresar la inmensa tortura y el inmenso placer que suponen los sentimientos amorosos.

Así hombres y mujeres se dicen, se insinúan, se responden, se reprochan, se invitan… Y lo hacen a través de un ritmo que admite la conquista y la pieza de baile cheek to cheek.

FornesEl lamento romántico se transforma en bolero, pero no sólo el lamento sino también el romanticismo en sí. Por eso, letras como “espérame en el cielo corazón, si es que te vas primero”, “pasarán más de mil años, muchos más, yo no sé si tenga amor la eternidad, pero allá tal como aquí, en la boca llevarás sabor a mí” o “cariño como el nuestro es un castigo, que se lleva en el alma hasta la muerte”, no sólo son posibles, sino también absolutamente legítimas. Sin ir más lejos, Pedro Almodóvar supo servirse de ellas para ilustrar musicalmente el carácter melodramático de sus personajes. Y, digresión aparte, si tenemos en cuenta la definición de la palabra melodrama de la Real Academia Española: “ obra teatral, cinematográfica o literaria en que se exageran los aspectos sentimentales y patéticos. Narración o suceso en que abundan las emociones lacrimosas“; podemos fácilmente establecer un lazo íntimo entre kitsch-melodrama-bolero.

Gómez y Los Panchos

Pero volviendo a nuestro tema, cuenta la leyenda que un sastre mulato llamado Pepe Sánchez escribió en Santiago de Cuba, allá por 1883, la primera canción considerada bolero. Tristeza, se llamaba. Por supuesto, hablaba del amor.    

Como el tango y el jazz, el bolero se forjó de noche y también como ellos nació bastardo.

Como explica el músico y filósofo Gustavo Varela: “ en los tres casi la misma historia: música popular, nacida en el margen, con músicos con oído y no con cultura, que explota con furia en los años 30 y 40 e inunda los salones, los fonógrafos y las radios y entonces, las casas y la vida burguesa. Y en los tres, la condena: el jazz, música impura; el tango, soez y guarango; y el bolero, cursi”.

Agustín Lara, considerado el máximo exponente “boleril” de todas las épocas, admitió alguna vez esa condición no sin darle una vuelta de tuerca. “Soy cursi y me encanta serlo, porque la mía es una sinceridad que otros rehúyen... Cualquiera que sea romántico tiene un fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición de inteligencia", dijo y el tiempo le dio la razón. Porque esa delicada mezcla de cursilería y tragedia que es el bolero sigue vigente, despertando fantasías de veredas tropicales hasta en los más escépticos.

Lecuona

Si el bolero es la cara trágica de los sentimientos amorosos, donde todo, incluso la felicidad de besar la boca deseada –seguramente una boca carnosa, profundo carmesí–, es llevado a tal extremo que duele y que tiene que doler, Los Amados encontraron la manera de explotar la otra máscara siempre presente, aunque a veces oculta: la de la comedia.

No es casual que el origen del grupo haya sido una broma, un sketch organizado “en joda”, como se diría en argentino, para el cumpleaños de una amiga, allá por el año ´89. Luego, cuando Buenos Aires tuvo también su propia versión un poco tardía de la movida madrileña, el entonces trío Los Amados pisó los templos del under de la ciudad (Ave Porco, el Parakultural, el Morocco, Cemento…). Dos de los tres integrantes decidieron que esas incursiones melosas en el corazón de la canción sentimental no eran lo de ellos, pero el Chino Amado (Alejandro Viola) permaneció firme en su rol de voz cantante y sacó adelante el proyecto.

Hoy, casi 20 años después, la formación más que sólida del grupo recorre los escenarios de Argentina y de Europa con un show que oscila entre el culebrón de las tres de la tarde y el viaje en el tiempo.

Así es como el Chino Amado, el contrabajista “portorriqueño” Tito Richard Junquera (Lisandro Fiks), los mellizos “cubanos” Black y Mambo Méndez en percusión (David y Rubén Rodríguez), el baterista y doble de riesgo Pocholo Santamaría (Fernando Costa), “de la Guyana” el poeta de las cuerdas Cristino Alberó (Oscar Durán), Angel y su trompeta (Hernán Sánchez), la tecladista Raquelita, una nena que el Chino Amado conoció en un kibutz en Nicaragua (Analía Rosenberg) y la cantante y diva colombiana Dina Dulri (Bárbara Togander) se calzan los smoking color pastel, ellos, y los vestidos de gala, ellas, y salen a las pistas para cantar su mensaje de amor.

Hada

Estereotipos centroaméricanos en constante gira por el mundo, los integrantes del grupo despliegan en escena sus verdaderas dotes musicales –todos son profesionales del metier–, sus personajes recargados de brillo y detalles y sus frases ingeniosas extirpadas de los lugares comunes del amor –“el amor es la gasolina, el néctar, el elixir de la vida”– y llevadas hasta la literalidad –“una mujer se hundió la mano en el pecho y se arrancó el corazón con sus largas uñas rojas. Así no creo que pueda volver a amar”–. En el cóctel entran merengues, sones, chachachás, ¡por qué no la emoción ! y, por supuesto, la actuación y el humor. Pero el espíritu del bolero es sin duda el ingrediente fundamental.

Esta mezcla explosiva y colorinche hace las delicias de señoras con abrigo de piel, parejitas y chicos con camisetas de Metallica –sí, todavía los hay– por igual. El público baila, corea las canciones, ve sus propios clichés amorosos reflejados en un espejo gracioso y aparentemente ligero, y lo mejor: se ríe de eso.

¿El amor en sí es kitsch? ¡Claro que sí! Respondería el Chino Amado con voz de presentador de kermese de los años ´50. Pero el kitsch bien entendido es un terreno resbaladizo y difícil de transitar sin caer en la parodia fácil. Los personajes de Los Amados no se proponen el kitsch como meta, sino que creen en lo que hacen y en lo que son: para ellos el amor es cosa seria y allí reside parte del truco que desata la sonrisa y por fin la carcajada. ¿Puede haber un ser, persona o personaje, qué más da, que porte con seriedad un traje con estampado frutal de mantel de la abuela, bigote anchoa, jopo obsceno, zapatos bicolores o incluso el mote “Emperador de las corbatas”, sólo para dar una idea? ¡Pues, claro que sí ! Sí eso de que la realidad supera la ficción fuera una mera frase hecha, de qué se nutrirían los artistas para crear sus ficciones. La imaginación es un animal insaciable, que sin los disparadores que proporciona el “ mundo real ” se moriría de aburrimiento. Todo esto para decir que, aunque únicos en su especie musical, Los Amados encuentran sus referentes tanto entre los hijos del vecino, como entre las grandes estrellas de la constelación del bolero.

Si no, basta escuchar –y en lo posible ver en grabaciones– a personalidades como Eydie Gorme, Rosita Fornes, Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Astrid Hadad, Chavela Vargas o el mismísimo Lara. En todos ellos realidad y fantasía, personaje y artista conviven con estrechos límites.  

De la misma manera, Alejandro Viola consume, conscientemente, a diferencia de su criatura, kitsch del bueno y, además, convida. Coleccionista empedernido de objetos de inconcebible y refinado mal gusto, como los que se encuentran a veces en las estanterías de los Todo por 2 euros, conjuga sus facetas de actor dramático, cantante y Chino Amado a la perfección y deja, como se dice, el alma en escena.

Porque, como él mismo lo formula: “el kitsch puede ser una mirada crítica sobre el arte. Una forma de entender y vivir la vida”. Tal y como es el bolero.

Para ir preparando los corazones:

En 2007, Los Amados presentaron su disco Rutilantes en Italia, en La Coruña, en un pueblo de Galicia llamado Cariño –qué más adecuado– y en Madrid.

Este año vuelven a atravesar las grandes aguas y hasta el momento la agenda les depara: debut el 15 de septiembre en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid y shows en la ciudad hasta el 12 de octubre. Luego probablemente lleven su mensaje de amor a Barcelona, y quizás hasta en París los románticos franceses les den una apasionada acogida.

 

Links

http://losamados.com.ar/

http://www.myspace.com/losamados

  

        

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