
Por Raúl Muniente Sariñena
Para esta ocasión he elegido una película española que está nominada para los Goya y que vi el otro día en la Filmoteca de Barcelona: 3 días. Primero leí, como siempre hago, las diferentes reseñas y críticas que sobre la película hay en prensa y por Internet, para tantear un poco las diferentes opiniones. Impactaba observar como eran muy buenas o muy malas, a nadie parecía dejarle indiferente la película.
Tras verla, elaboré la siguiente teoría: 3 días es un cuento con artefacto filosófico-político: el espectador quedará maravillado si la moraleja coincide con sus presupuestos filosóficos. En mi caso, vi el filme con un amigo y una amiga, el amigo era algo así como ese espectador que nadie quiere al lado. A cada gag o escena que "no veía realista o ingeniosa" comentaba en voz alta: nefasto, nefasto. Pero, sinceramente creo, que en el fondo de su ser, su desacuerdo con la película era de otro tipo, más ideológico. A continuación pasaré a incrustar mi plataforma petrolífera y sacar el crudo del filme; así pues, amable lector, si no ha visto la película y quiere verla, ruego termine aquí su lectura.

En una televisión en blanco y negro de los años sesenta de un pueblecito canario, aparece el secretario general de la ONU y avisa al planeta tierra de la inminente llegada de un meteorito que arrasará todo en 82 horas. Ante este suceso, en las superproducciones norteamericanas como Independence Day o Armageddon , toda la gente se une en torno al sacerdote, imán o cualquier otro guía espiritual. En esta producción española ocurre todo lo contrario. El clima es apocalíptico. La gente empieza a saldar cuentas pendientes y para cuando cae el meteorito casi no queda un ser vivo en la superficie terráquea. Todo esto no es casual, pero vayamos con el protagonista de la película, Víctor Clavijo en una fantástica caracterización –Al salir de clase, Las razones de mis amigos– que funciona como alter-ego del secretario general de la ONU.
Mientras la Organización, con buenas intenciones, dice la verdad a todo el planeta, Clavijo en su papel de killo miente todo el rato, y de esta manera forja su heroicidad. La historia es la siguiente. Nuestro protagonista acude a la casa de campo de su hermano, que vive con su esposa y sus cuatro hijos. Cual es su sorpresa cuando los padres no están, se fueron a por pan pero en realidad se han ahorcado en el bosque- y los cuatro chavales son los únicos que parecen no haberse enterado de la noticia del inminente Armageddon. A partir de ese momento, escopeta en mano, nuestro héroe parapetará la casa para evitar que se enteren. Lógicamente sus sobrinos, abrumados por la conducta de su tío y sin saber qué está ocurriendo afuera, pasan a odiarlo con tremendo furor. La soledad de nuestro héroe es terrible, todos dicen la verdad y se matan. Él es el único que miente. Y es odiado. Tan sólo el espectador, en el papel clásico de Dios que le otorga la ironía dramática, lo comprende. Para más más inri, el director carga las tintas, y la situación se le va de las manos a nuestro angustiado killo justo cuando se muestra más empático y comprensivo con los sobrinos.
Lleguemos al meollo. ¿Por qué la reacción del público ha sido tan polémica? ¿Por qué en la Filmoteca hubo silbidos y aplausos al mismo tiempo? ¿Por qué mis dos amigos dijeron que la película era horrorosa y yo salí embriagado?
Yo lo veo muy sencillo. Así como la humanidad tiene dos destinos universales, el capitalismo en el que nos hayamos y el comunismo, tenemos dos tipos de ciudadanos, modelados por uno u otro destino. Por un lado los vendedores y compradores del humo de la ONU y la globalización capitalista, que piensan que la gente es buena y que la vida es muy bella, en sintonía con la ideología individualista anglosajona protestante. Por otro lado, estamos los resentidos, por las cuestiones que sean: pobreza, fealdad, inteligencia extrema. Creo que el director está con nosotros. También hay resentidos que asumen su sino. Pero esos ya ni los contamos, bastante pena tienen, no hagamos leña del árbol caído. Estamos hablando de los resentidos vengativos. Ese es el papel que interpreta nuestro garrulillo Victor Clavijo. Cuanto más rodeado está, mas desesperada se vuelve su actividad de parapetarse con los cuatro chavalines, habitantes de la inocencia.

El espectador que ama esta película es terriblemente consciente de la necesidad de una cierta moral o terror para controlar los naturales instintos crueles y miserables del individuo, para remontar el vuelo de un destino universal rumbo al otro. Sin embargo, el espectador que la desprecia, ha entregado la cuchara. Quizás ni tan siquiera aprecia la alegoría contenida, y se centra en si los efectos especiales están bien conseguidos, como quien consagra su vida a comparar su ipod con el de sus coleguitas.
Otra cosa. Al final, el planeta estalla. Un John Smith no puede cargarse al planeta, pero si un Javier Gutierrez te promete que el mundo explota, es que explotarà. Eso sí, los niños mueren en la más absoluta inocencia.