Sumario Miscelanea 1 Letras 1 Cine 1 Musica 1
Cabecera Calidoscopio

 

Sobre Luciano Bianciardi,
la revolución, la vida agria y otros revoltijos

Por Ana Ciurans

“Y por último estábamos nosotros, los jóvenes, los rebeldes sin causa: decididos a romper con la tradición y a empezar de nuevo".

Cada generación empieza creyendo ser la sola sin causa, la única que tiene que empezar de nuevo. Esta convicción es el motor del mundo. Se trata de biología. Desgraciadamente es también una convicción que si se vuelve obstinación germina dentro de sí la semilla de la traición. Porque una vez cambiadas las cosas, la naturaleza humana tiende a sentarse en la cumbre de la holy mountain y a dedicarse a echar aceite hirviendo a los nuevos rebeldes que intentan escalarla. Si Luciano Bianciardi (1922–1971) hubiese creído tener una misión como anarquista o como perteneciente a una generación, si se hubiese emperrado, habría perdido la revolución antes de empezarla. Y no habría llegado a ser el gran escritor que ha sido. Se ha dicho mucho de su colocación temporal, de su generación, tanto desde el punto de vista sociológico como literario. Según mi opinión su importancia en el panorama cultural italiano fue y es aún hoy no haber tenido de hecho un rol temporal sino otro, subversivo de cualquier forma de asentamiento. Bianciardi haría la revolución incluso ahora si viviera porque no fueron solamente el boom económico italiano o la Milán “produce-revienta” que lo cabrearon. Estaba cabreado con la vida. Y con una realidad cultural que ha cambiado muy poco en estos últimos cuarenta años.

Se llega a ser un gran escritor de novela realista porque esa es la única respuesta posible de quien escribe para no rendirse nunca. Libros como bombas. Y se llega a ser un gran escritor porque todo esto se narra en el italiano escurril, irrefrenable y áspero que usaba en su propia tierra cuando hablando consigo mismo maldecía a un dios ausente de las minas, de las paradas del tranvía y de las secciones del partido. Es la prosa rápida de Bianciardi el verdadero anarquismo y la utilización de la subjetividad la clave para pasar a un registro universal a todos los hombres. Escribiendo como se come y tragando a menudo cosas agrias. Bianciardi solía decir de su amigo el escritor Carlo Cassola que a pesar de que había estado en China no escribía acerca de los chinos sino de los cecineses, sus paisanos. La obra maestra de Bianciardi ha sido su vida, vivida, a veces a pesar suyo, con una congruencia que desarma. A veces heroico y a veces débil, a menudo humanamente las dos cosas a la vez: “Y si ahora vuelvo a mi pueblo y me encuentro con Otello Tacconi, ¿qué le digo yo? Estoy seguro de que no dirá nada siquiera esta vez, pero lo que le leeré en los ojos lo sé ya. ¿Y yo que puedo contestarle? Puedo decirle, mira, Tacconi, allá arriba me han dejado que casi no puedo con mi alma y la fuerza que me queda me basta a duras penas para defenderme de las hormigas y si logro tirar adelante, créeme, la vida es agria, allá arriba.

Si al menos hubiese encontrado gente como tú. Pero la gente como tú me la esconden, no la dejan dormir bastante, la tienen a distancia, separada, la hacen venir cada mañana temprano con el tren y he tenido apenas tiempo de entreverlos, sin entender nada, sin siquiera poderles decir una palabra”.

(De La Vida Agria, hablando de la vida en Milán)

Otello Tacconi, ironía del destino, lo denunciará poco después por haberlo descrito en La Vida Agria como el organizador del atentado, nunca perpetrado y absolutamente romántico, al torreón de la sociedad Montecatini (la segunda vez lo denunciarán ante el tribunal de Varese por vilipendio a la religión católica y por las obscenidades contenidas en el cuento La solita zuppa en L'arte di amare, 1965 Sugar Editores). Anna (su Maria) lo dejará solo, años después, emborrachándose en Rapallo y la pobre Mara (su mujer Adria) la chica de Bube fiel al deber, a las instituciones y a la pela, llamará a la puerta de Via Solferino, 8 para montarle un cristo por vivir con otra mujer. Tal vez al final le quedó Grosseto, como Kansas City y los mineros de la Ribolla y la maremma . Pero sobre todo la soledad de quien no se dobla. Y sus obras y sus traducciones que brillan con luz propia. El destino de quien es diferente. En cualquier caso, desde hace 37 años Luciano Bianciardi está aún aquí. Y con la boca abierta delante de tanto best seller nos preguntamos cuando estará en las librerías españolas. El resto es un hecho puramente óptico. Ultracuerpos, ectoplasmas, caparazones que se deslizan sobre las aceras rápidos y sin hacer ruido, como él decíaSolo el resto.

 

Mas información:
http://www.italica.rai.it/index.php?categoria=biografias&scheda=bianciardi

En castellano: La vida agria. Traducción de Jorge Capello. Caracas, Monte Ávila Editores, 1968. Colección Prisma.

 

 

subir

 

Octubre 2008 ©

 

 

anterior

 

sumario

 

 

calidoscopio.net © 2006-08