Lynch
Juan Salido-Vico
La madrugada tamiza mis dientes pulverizados.
En la oscuridad elástica del pasillo,
el olor a gasolina acentúa la aritmética confusa
de mi respiración.
Palpo mi rostro en busca de claves disecadas,
tropiezo con las raíces de mi nombre: temo
mi voz bifurcada bajo el gran charco del techo.
Temo la oscuridad porque me acoge, la savia
coagulada del regreso, su insípido jarabe
bajo mis zapatos de ámbar. Temo la luz
avanzando entre rescoldos, abrazándome al zumbido
de un espejo tapizado.
Julio-agosto 2009 ©