
Filosofía Pop y otros despropósitos
Por Salvador J. Tamayo
salvadorjtamayo.blogspot.com

Escuchando: Los Saicos - “Demoler (1964)”
-¿Sobre qué vas a escribir este mes para Calidoscopio?
-Pues está casi listo, es un artículo sobre la forma en que la filosofía intenta llegar al gran público o busca reforzar sus argumentos en elementos cotidianos, o de cultura pop. La idea tiene su punto de partida en un video sobre Slavoj Zizek, filósofo esloveno que...
-No me digas, ¿El que está con Lady Gaga?
-Sí, el que está con Lady Gaga.
Esta conversación la mantuve con una amiga que también colabora en esta revista, una gran escritora a la que quiero, admiro y adoro. No hizo más que confirmar un argumento que llevaba días rondándome por la cabeza: Slavoj Zizek (Eslovenia, 1949) es ahora conocido entre un público distinto al que le sigue normalmente. Slavoj Zizek, es ahora conocido por tirarse a Lady Gaga; además de por escribir más de una veintena de libros sobre marxismo, la extensión global de una ideología como necesidad antropológica, reinterpretaciones sobre el psicoanálisis, Lacan (o “charlacán” como lo llamaba el filósofo Sacristán), Jung, etc... Zizek se folla a Lady Gaga.
Sociópata, adicto al sexo, “clotard” posmoderno y uno de los cerebros más activos de las últimas décadas, Slavoj Zizek deja patente, -a veces de una forma más explícita, otras menos- en casi todos sus libros la importancia de la ideología, de como toda nuestra actividad está llena de ideología, y la proyectamos una veces de forma consciente y otras sin darnos cuenta; por ejemplo en el cine: “El cine es espejo de censuras e ideologías”, como argumenta en su libro: Goza tu síntoma (1994) , en el que cada uno de los cinco capítulos remite a un concepto lacaniano: carta, mujer, repetición, falo, padre. Otra gran obra de Zizek, En defensa de la intolerancia (2007) plantea -desde sus propias palabras- algunas máximas como: “Criticar el liberalismo multicultural tolerante, rechazar la despolitización de la economía, apostar por una renovada politización y suministrar una dosis de intolerancia, aunque sólo sea con el propósito de suscitar esa pasión política que alimenta la discordia”.
Según Zizek todas nuestras acciones, están relacionadas con la exposición o la imposición de nuestra propia ideología, no hay ningún acto inocente que escape a esto. En una entrevista para el periódico argentino, “La Nación”, en noviembre de 2004, Zizek decía: “Antes incluso de interesarme por la filosofía mi primer sueño fue convertirme en director de cine, a los 14 o 15 años. Luego, el cine me acompañó en mi obsesión por la claridad conceptual, ya que de las películas puedo extraer ejemplos que complementan la exposición de las ideas. Pero, además, creo que realmente se puede aprender mucho de los films: en el cine se puede encontrar la ideología en su estado de máxima pureza. Si uno quiere saber cómo es una sociedad determinada, tiene que ir al cine; allí se muestran las tendencias que dominan una época. Tomemos el ejemplo de los dibujos animados ¿Qué imagen de sociedad nos brindan los cortometrajes de Tom y Jerry? Un sistema de competencia exacerbada, seres que se matan unos a otros; un universo extremadamente agresivo, horrible. Esos dibujos describen cruelmente la lucha por la supervivencia y, en cierto modo, son mucho más realistas que lo que se percibe a diario en la realidad, precisamente porque son fruto de la imaginación."
En este video vemos como expone su opinión sobre la ideología de algunas películas de Hollywood:
http://www.youtube.com/watch?gl=ES&feature=related&hl=es&v=J3x0I3ljoKQ
Cuando he intentado argumentar la posición de Zizek ante amigos y colegas acerca de la necesidad de que toda manifestación humana, artística, cotidiana o económica está impregnada de ideología -no lo comparto del todo-, han surgido debates, bastante encendidos incluso, cuando surgían ejemplos como Amélie. Sí, absurdo en un principio, pero algunos veíamos tan sólo en la película francesa un cuento preciosista sin intención política o ideológica alguna. Cuando los partidarios del pensamiento de Zizek, verían el film como un argumento lineal hedonista, de una sociedad despolitizada. La protagonista niega su propia implicación con el mundo que le rodea y trata de solucionar pequeños problemas con acciones más propias de un niño que de alguien realmente interesado en solucionar un conflicto. Por lo tanto las acciones de Amélie Poulain no pasan de ser una autocomplacencia onanista. Personalmente me quedo con la opción de que, en este caso, Amelie es un relato bellísimo que busca alcanzar la felicidad, el “nirvana urbano” sin demasiadas complicaciones y que termina actuando de una forma coherente con su propia situación.
Zizek argumenta su tesis sobre la omnipresencia ideológica en una conferencia que ofreció hace algunos años; tuvo bastante eco en blogs y revistas de filosofía en su momento y quiero rescatarla ahora. Es una conferencia polémica, como todo lo que le concierne, y muy escatológica, en la que mediante el uso de una falacia, bastante divertida por cierto, quiere decirle a quienes critican sus tesis, que incluso ellos mismos se sientan a defecar sobre la propia ideología:
http://www.youtube.com/watch?v=XfOa8G8J72g
Según Zizek los retretes franceses tienen un agujero detrás, en los que “la cosa” desaparece, la ingeniería de inodoros británicos hace que quede flotando y los alemanes poseen un agujero delante que hacen que “el asunto” quede a la vista. Esto es una extensión de su propio pensamiento ya que los franceses son radicales, “jacobinos”, revolucionarios de izquierdas; los residuos orgánicos desaparecen rápido, como si fueran guillotinados. Los británicos, como buenos liberales económicos, más pragmáticos; la dejan flotando, esperando que el sistema se autoequilibre y el problema desaparezca por sí mismo; sin embargo los alemanes, grandes conservadores, con un alto nivel sensitivo, dedicados a la contemplación, a la poesía, a la ciencia. La observan, meditan y hasta la analizan esperando encontrar incluso “la cura para alguna enfermedad”. Con esta curiosa y divertida falacia disfrazada de argumento, Zizek reduce siglos de tradición poética, histórica y filosófica: Nietzsche, Rousseau, Adam Smith, Hobbes, Goethe, Cioran y Houellebecq, por decir algunos. Sobre la documentación bibliográfica de los inodoros británicos, alemanes y franceses, Zizek leyó algunos libros, dos.
Hace años que se puso de moda acercar la filosofía a las masas mediante nuevas fórmulas, entre las que encontramos algunas obras pretenciosas y patéticas: El mundo de Sofía (Jostein Gaarder 1991) o Más Platón y menos prozac (Lou Marinoff, 2000). Sin duda prefiero otras como: Los Simpsons y la filosofía (William Irving, 2009) y en la misma tónica, Los superhéroes y la filosofía: La verdad, la justicia y el moso socrático (Tom Morris, 2010) . Incluso el finalista de este año del premio Anagrama de Ensayo: Filosofía Zombi (Jorge Fernández Gonzalo, 2011) , apunta maneras aunque aún no le he hincado el diente. En Los Simpsons y la filosofía vemos cómo se reflejan planteamientos de grandes mentes como Aristóteles y su Ética Nicomáquea como la valentía, mesura y magnificencia que apreciamos en Marge; el silencio de la pequeña Maggie se corresponde con la tesis de Sartre; y mi favorito, un anarquista embutido en camiseta roja que es la pura personificación del ideal nietzscheano: nihilista, vitalista y narcisista, Bart Simpson.
Explicar la filosofía mediante elementos “Pop” puede ser fantástico y a la vez desastroso ya que los profanos encontrarán (encontraremos) una forma fabulosa de acercarnos a las distintas corrientes -éticas y estéticas- de pensamiento, pero con total seguridad lo que sucederá es que surgirán cientos de “pseudointelectuales” alimentando al monstruo que representa la parte negativa de la posmodernidad. Ya que, como presunción estética es estupenda pero si se quiere rascar un poco más en su etérea capa de maquillaje, ni siquiera encontramos “la nada”, ojalá la nada. Los “falsos intelectuales”, de los que ya hablaba, aunque en un tono más trágico, Miguel de Unamuno en el famoso encontronazo con Millán-Astray, tras la Guerra Civil, jamás serán capaces de profundizar en el verdadero sentido del pensamiento filosófico y sería estupendo si ahí quedase la cosa, pero lo que menos necesitamos en este momento son más escritores, artistas plásticos, músicos, y humanos; que no contentos con aceptar su propia estupidez, la venden transformada en “obra de arte” -¡Qué diría Walter Benjamin!- sin más pretensión que el halago fácil de sus coetáneos -y los que no lo son tanto- al no entender, lo que carece de sentido.
Si la razón produce monstruos, la presunción posmoderna y el “todo vale”, producen galletas
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julio 2011 ©